lunes, 18 de febrero de 2013

¿La probabilidad surge de la física cuántica? (o cómo las decisiones crean otros universos)


  • Autor: Aleph de Pourtales   

Físico sugiere que la probabilidad es un fenómeno emergente de las fluctuaciones cuánticas; esto deriva en que en cada momento estamos desdoblándonos en otros universos, tejiendo un vertiginoso multiverso donde todo ocurre.

Generalmente consideramos a la probabilidad como un axioma matemático que estima la tendencia que tiene algo a ocurrir en el universo físico. Pero un nuevo trabajo científico realizado por Andreas Albrecht de la Universidad de California, en Davis, sugiere que la probabilidad es algo que existe en la naturaleza, embebida en las fluctuaciones cuánticas. Esto, en otras palabras, significa que al tirar una moneda al aire, o al realizar cualquier acción, detonamos un proceso cuántico a nivel molecular que es el que determina de que lado cae. Lo interesante aquí es que se plantea que el mundo cuántico, con todas sus extrañas propiedades, define cualquier situación de la realidad macroscópica.



La teoría cuántica señala que las propiedades precisas de una partícula –su velocidad y ubicación– no están determinadas hasta que las observamos –esta observación produce un “colapso de la función de onda”. Un famoso ejemplo de esto es de el llamado “gato de Schrodinger”: un gato atrapado en una caja en el que se libera un veneno cuando un átomo radioactivo azarosamente decae. No existe forma de saber si este gato está muerto o está vivo hasta que se abre la caja –desde la perspectiva de la mecánica cuántica en realidad el gato no está ni muerto ni vivo hasta que es observado: existe en un estado indeterminado de superposición, paradójicamente es y no es. Andreas Albrecht sugiere que cada acto, cada fenómeno en el universo, está sujeto a esta probabilidad cuántica.



Lo más interesante del caso es que resultado de cualquier observación –colapso de función de onda– divide la realidad en un diferente universo: uno en el que el gato vive y uno en el que el gato muere. La realidad que experimentamos es el colapso de todos los universos posibles en uno, aquel que percibimos, según la observación que hayamos realizado. Los universos en los que se tiene un diferente resultado podrían estar coexistiendo en una entramada conocida como el multiverso (tal vez conectados por alguna misteriosa unidad).



El problema de esto es que genera una cantidad exorbitante de universos, lo cual hace el trabajo de la física muy difícil. Resolver las grandes perguntas cosmológicas es practicamente imposible sino sabemos en que universo residimos.



La probabilidad clásica, según Albrecht, es simplemente “una cuantificación de la ignorancia de todos los factores que determinan en dónde caerá una bola en una ruleta o cuando tu mano atrapará una moneda. No te dice por qué existe esa ignorancia”.



Intentemos entender y maravillarnos de lo que puede significar esto a la escala del mundo que experimentamos, donde decidimos si tomar café, si llevar un suéter o llamar por teléfono a una mujer. Uno de los factores en juego es que en cada momento existen todos los desenlaces posibles a una situación, pero quizás por una decoherencia cuántica algunos tienen mayor probabilidad de ocurrir que otros (la decoherencia cuántica podría ser producida por el acto de observar o ser un efecto que se produce desde el futuro, una especie de destino inscrito en el corazón de la materia). En realidad, no es que una cosa tenga una mayor probabilidad de ser, es que una cosa es probabilidad. ¿Somos nosotros (a la vez compuestos de partículas de probabilidad), o el mundo como construcción colectiva de un aparato de observación, los que dictaminan el estado que emerge de entre ese estado pleno de lo posible? “Los átomos no son cosas, son solo tendencias, así que en vez de pensar en cosas, debes de pensar en posibilidades”, dijo Werner Heisenberg. El mundo en el que vivimos es esencialmente una fluctuación, y se encuentra en un estado indeterminado: el observarlo es lo que lo fija y le da una especie de pegamento. El mundo es fundamentalmente potencialidad/vacío.



Hay un cierto vértigo ontológico en pensar que al decidir tomar cierto camino, como en una encrucijada pero también al elegir si desayunaremos Corn Flakes o un licuado de espirulina, nos estamos yendo por otro universo. Y aunque quizás exista un confort metafísico en pensar que de cualquier forma viviremos todas las variables posibles, en universos paralelos, a través de copias idénticas… que se bifurcan… también deviene una angustia, puesto que sólo tenemos conciencia de este universo, donde nuestras decisiones son fatales –pese a que son parte de un racimo infinito.