viernes, 6 de julio de 2012

PSICOLOGÍA DE LA POSIBLE EVOLUCIÓN DEL HOMBRE - OUSPENSKY - III






TERCERA CONFERENCIA La idea de que el hombre es una máquina no es nueva. En realidad es el único punto de vista científico que es posible; un punto de vista basado en el experimento y en la observación. En la segunda parte del siglo diecinueve, la así llamada "psico-fisiología" daba una muy buena definición de la mecanicidad del hombre. Se le consideraba al hombre incapaz de cualquier movimiento si no recibía impresiones externas. Los científicos de aquel tiempo sostenían que si fuera posible privar al hombre, desde su nacimiento, de todas las impresiones exteriores e interiores, manteniéndolo al mismo tiempo vivo, éste sería incapaz de hacer el más pequeño movimiento. Por supuesto, tal experimento es imposible aun con un animal, porque el proceso de mantener la vida -respirar, comer, etc.- produciría toda clase de impresiones que iniciarían primero diferentes movimientos reflejos, y luego despertarían el centro motor. Pero la idea es interesante, porque muestra claramente que la actividad de la máquina depende de impresiones externas, y comienza con respuestas a estas impresiones. En la máquina cada centro está perfectamente ajustado para que cada cual reciba sus propias calidades de impresiones y para responder a ellas de la manera que corresponda. Y cuando los centros trabajan correctamente es posible calcular el trabajo de la máquina y se puede prever y predecir en ella muchas respuestas y acontecimientos futuros. También se les puede estudiar y hasta dirigir. Pero lamentablemente, incluso en lo que se considera un hombre sano y normal, los centros rara vez trabajan como deberían. La causa de esto es que los centros están hechos de tal manera que, en cierto modo, se puedan reemplazar mutuamente. Es indudable que en el plan original de la naturaleza el propósito de esto era asegurar la continuidad en el trabajo de los centros y crear una protección contra posibles interrupciones en el trabajo de la máquina, ya que en algunos casos una interrupción podría ser fatal. Pero en máquinas indisciplinadas y subdesarrolladas, tal como las nuestras, la capacidad de los centros para trabajar uno en lugar del otro llega a ser excesiva y, como resultado, sólo muy raramente la máquina funciona con cada centro haciendo el trabajo que le es propio. Casi a cada minuto uno u otro centro abandona su propio trabajo y trata de hacer el trabajo de otro centro, el cual, a su vez, intenta realizar el de un tercero. Como ya lo he dicho, los centros pueden reemplazarse mutuamente hasta cierto punto, pero no totalmente, y en tales casos inevitablemente trabajan de manera mucho menos eficaz. Por ejemplo, el centro motor puede, hasta cierto punto, imitar el trabajo del centro intelectual, pero sólo producirá pensamientos muy vagos y deshilvanados, como por ejemplo en los sueños y ensueños. Por su parte, el centro intelectual puede trabajar en vez del centro motor. Traten de escribir, por ejemplo, pensando en cada una de las letras y en cómo las van a escribir. Pueden intentar experimentos análogos, tratando de utilizar su mente para hacer algo que sus manos o sus piernas pueden realizar sin ella: por ejemplo, bajar una escalera observando cada movimiento, o hacer un movimiento habitual con las manos calculando y preparando cada pequeño movimiento con la mente. Verán de inmediato cuánto más difícil se hace el trabajo, y hasta qué punto el centro intelectual es más lento y más torpe que el centro motor. Ustedes pueden constatar esto también cuando aprenden algún nuevo movimiento -supongan que aprenden a escribir a máquina o a desempeñar cualquier trabajo físico nuevo- o tomen como ejemplo a un soldado que se ejercita con su fusil. Por algún tiempo todos sus movimientos dependerán del centro intelectual, y sólo después de algún tiempo comenzarán a pasar al centro motor. Todos conocemos el alivio que se experimenta cuando los movimientos se vuelven habituales, cuando los ajustes se hacen automáticamente, y cuando ya no hay necesidad de pensar ni de calcular cada movimiento todo el tiempo. Esto quiere decir que el movimiento ha pasado al centro motor, al que pertenece normalmente. . El centro instintivo puede trabajar por el centro emocional y, ocasionalmente, el emocional puede trabajar por todos los otros centros. En algunos casos el centro intelectual tiene que trabajar en vez del centro instintivo, aunque sólo puede hacer una. pequeña parte de su trabajo, la parte conectada con los movimientos visibles, tal como el movimiento del pecho mientras se respira. Es muy peligroso interferir con las funciones normales del centro instintivo, como por ejemplo haciendo la respiración artificial, la cual a veces es descrita como la respiración de los yoguis. Esta nunca se debe realizar sin el consejo y la observación de un maestro competente y experimentado. Volviendo al mal trabajo de los centros, debo decir que prácticamente colma toda nuestra vida. Nuestras impresiones opacas, nuestras impresiones vagas, nuestra falta de impresiones, nuestra lenta comprensión de muchas cosas, muy a menudo nuestra identificación y nuestra consideración, aun nuestro mentir, todo esto depende del mal trabajo de los centros. La idea del mal trabajo de los centros no entra en nuestro pensar ni en nuestro conocimiento ordinario, y no nos damos cuenta de cuánto nos perjudica, cuánta energía consumimos innecesariamente de esta manera, ni de las dificultades que nos crea este mal trabajo de los centros. La insuficiente comprensión del mal trabajo de nuestra máquina está habitualmente ligada a la falsa noción que tenemos de nuestra unidad. Cuando comprendemos cuan divididos estamos en nosotros mismos, comenzamos a damos cuenta del peligro que existe cuando una parte de nosotros trabaja en lugar de otra, sin que lo sepamos.  En el camino del estudio de sí mismo y de la observación de sí mismo es necesario estudiar y observar no sólo el buen trabajo sino también el mal trabajo de los centros. Es necesario conocer todas las clases del mal trabajo y los rasgos particulares del mal trabajo de determinados individuos. Es imposible el conocerse a sí mismo sin conocer los propios defectos y los propios rasgos erróneos. Y además de los defectos generales que tiene todo el mundo, cada uno de nosotros tiene sus propios defectos particulares que le pertenecen sólo a él, y que también tienen que ser estudiados en el momento oportuno. Como lo señalé al comienzo, la idea de que el hombre es una máquina puesta en movimiento por influencias externas es real y verdaderamente una idea científica. Lo que la ciencia no sabe es: PRIMERO, que la máquina humana no trabaja a la altura de su capacidad, y en realidad trabaja muy por debajo de su nivel normal; es decir no con todos sus poderes ni con todas sus partes; y SEGUNDO, que a pesar de muchos obstáculos es capaz de desarrollar y de crear para sí misma muy diferentes niveles de receptividad y de acción. Hablaremos ahora de las condiciones necesarias para el desarrollo, porque se debe recordar que a pesar de que es posible el desarrollo, al mismo tiempo es muy raro y requiere de muchas condiciones exteriores e interiores. ¿Cuáles son estas condiciones? La primera es que el hombre debe comprender su situación, sus dificultades y sus posibilidades, y debe tener o bien un muy fuerte deseo de salir de su estado actual, o un interés muy grande por lo nuevo, por el estado desconocido que debe venir con el cambio. En suma, o debe sentirse muy fuertemente repelido por su estado actual, o muy fuertemente atraído por el estado futuro que se puede obtener. Además, uno debe tener cierta preparación. Un hombre debe ser capaz de comprender lo que se le dice. También debe estar en buenas condiciones exteriores; debe tener suficiente tiempo libre para estudiar y debe vivir en un ambiente que haga posible este estudio. Es imposible enumerar todas las condiciones que son necesarias. Pero incluyen, entre otras cosas, una escuela. Y una escuela implica ciertas condiciones sociales y políticas en el país en que pueda existir, ya que una escuela no puede existir en cualesquiera condiciones. Para su existencia son necesarias una vida más o menos ordenada y cierto grado de cultura y de libertad personal. Nuestra época es particularmente difícil en este sentido. Las escuelas en el Este están desapareciendo muy rápidamente. En muchos países son absolutamente imposibles. Por ejemplo, no pueden existir escuelas en la Rusia Bolchevique, en la Alemania de Hitler, en la Italia de Mussolini, o en la Turquía de Kemal. Con referencia a este tema cité en El Nuevo Modelo del Universo algunos versículos de las Leyes de Manú. De las reglas para un Snataka (amo o dueño de casa): 61. No debe vivir en un país gobernado por Sudras, ni en uno habitado por hombres impíos, ni en uno conquistado por herejes, ni en uno en el que abunden hombres de castas más bajas. 79. No debe estar en compañía de parias, ni de Kandalas, los más bajos de los hombres, ni de Pukkasas, ni de idiotas, ni de hombres arrogantes, ni de hombres de clase baja, ni de Antyavasayins (sepultureros). Capítulo VIII. 22. Un reino poblado sobretodo por Sudras, lleno de hombres ateos y privado de habitantes dos veces nacidos, muy pronto perecerá totalmente, atacado por el hambre y la enfermedad. Estas ideas de las Leyes de Manú son muy interesantes, porque nos dan una base sobre la cual podemos juzgar diferentes condiciones políticas y sociales desde el punto de vista del trabajo de escuela y distinguir qué condiciones son realmente progresistas, y cuáles sólo acarrean la destrucción de los verdaderos valores, a pesar de que sus adherentes pretendan que estas condiciones son progresistas y hasta lleguen a engañar a gran cantidad de débiles mentales. Pero las condiciones exteriores no dependen de nosotros. Hasta cierto punto, y algunas veces con mucha dificultad, podemos escoger el país en que preferimos vivir, mas no podemos escoger la época o el siglo. Tenemos que tratar de encontrar lo que queremos en el periodo en que hemos sido puestos por el destino. De modo que tenemos que comprender que aun el comienzo de la preparación para el desarrollo necesita una combinación de condiciones exteriores e interiores que sólo muy raramente se dan juntas. Pero al mismo tiempo debemos comprender que, al menos en lo que a condiciones interiores concierne, el hombre no está enteramente librado a la ley del accidente. Hay numerosas luces que han sido preparadas para él por las cuales puede encontrar su camino, si le interesa y si es afortunado. Su posibilidad es tan pequeña que no se puede excluir el elemento suerte. Tratemos ahora de contestar a la pregunta de qué es lo que hace que un hombre quiera adquirir un nuevo conocimiento y cambiarse a sí mismo. El hombre vive la vida bajo dos clases de influencias. Esto debe ser muy bien comprendido y la diferencia entre las dos clases de influencias debe ser muy clara. La primera clase consiste en intereses y atracciones creados por la vida misma; intereses en la propia salud, seguridad, fortuna, placeres, distracciones, seguridad, vanidad, orgullo, fama, etc.  La segunda consiste en intereses de otro orden, despertados por ideas que no son creadas en la vida sino que provienen originalmente de escuelas. Estas influencias no alcanzan al hombre directamente. Son arrojadas en el torbellino general de la vida, pasan a través de muchas mentes diferentes y llegan a un hombre por medio de la filosofía, la ciencia; la religión y el arte, siempre mezcladas con influencias de la primera clase y por lo general pareciéndose muy poco a lo que fueron en el principio. En la mayoría de los casos los hombres no se dan cuenta del origen diferente de las influencias de la segunda clase y a menudo las explican como si tuvieran el mismo origen que las de la primera clase. Aunque el hombre desconozca que existen las dos clases de influencias, ambas influyen sobre él y de una manera u otra él responde a ellas. Puede estar más identificado con una o con varias influencias de la primera clase y no percibir en absoluto las influencias de la segunda clase. También puede estar atraído y afectado por una u otra de las influencias de la segunda clase. En cada caso el resultado es diferente. Llamaremos a la primera clase influencia A, e influencia B a la segunda. Si un hombre está completamente en poder de las influencias A, o de una influencia A en particular, y es totalmente indiferente a la influencia B, no le pasa nada, y sus posibilidades de desarrollo disminuyen con cada año de vida. A cierta edad, y a veces a muy temprana edad, desaparecen completamente. Esto quiere decir que el hombre muere aunque físicamente permanezca todavía vivo, como el grano que no puede germinar y producir una planta. Pero si, por otro lado, un hombre no está completamente en poder de la influencia A, y si las influencias B lo atraen y hacen que sienta y piense, los resultados de las impresiones que ellas le producen se acumulan, atraen otras influencias de la misma clase y crecen, ocupando un lugar más importante en su mente y en su vida. Si los resultados producidos por la influencia B llegan a ser lo suficientemente fuertes, se fusionan y forman en el hombre lo que se llama un centro magnético. En este caso debe comprenderse de inmediato que la palabra "centro" no significa lo mismo que el "centro intelectual" o el "centro motor"; es decir, centros que pertenecen a la esencia. El centro magnético pertenece a la personalidad; es simplemente un grupo de intereses que cuando llegan a ser lo suficientemente fuertes sirven, hasta cierto punto, como un factor orientador y controlador. El centro magnético canaliza nuestros intereses en cierta dirección y ayuda a mantenerlos allí. Al mismo tiempo, no puede hacer nada por sí mismo. Se necesita una escuela. El centro magnético no puede reemplazar a una escuela, pero puede ayudar a darse cuenta de la necesidad de una escuela; puede ayudará comenzar la búsqueda de una escuela, o si uno por casualidad encuentra una, el centro magnético puede ayudar a reconocer la escuela y a tratar de no perderla. Porque no hay nada más fácil de perder que una escuela. Aunque no esté formulada, la primera exigencia de una escuela es poseer un centro magnético. Si un hombre que no tiene centro magnético (o tiene un centro magnético pequeño o débil, o tiene varios centros magnéticos contradictorios, es decir, que está interesado al mismo tiempo en muchas cosas incompatibles) encuentra una escuela, no llega a interesarse en ella, la critica de inmediato sin saber nada, o su interés desaparece muy rápidamente tan pronto surgen las primeras dificultades del trabajo de escuela. Esta es la principal salvaguardia de una escuela. Sin ella, la escuela se llenaría de gente inadecuada, que de inmediato distorsionaría la enseñanza de la escuela. El verdadero centro magnético no sólo ayuda a reconocer una escuela sino que también es ayuda para absorber las enseñanzas de la escuela, que es diferente de ambas influencias, tanto A como B, y podría llamarse influencia C. La influencia C sólo puede ser transmitida verbalmente, por medio de la enseñanza directa, la explicación y la demostración. Cuando un hombre encuentra la influencia C y es capaz de absorberla se dice de él que en un punto de sí mismo -es decir, en su centro magnético- se libera de la ley del accidente. Desde este momento el centro magnético ya ha desempeñado su papel. Ha traído al hombre a una escuela o lo ha ayudado en sus primeros pasos en ella. De aquí en adelante las ideas y la enseñanza de la escuela toman el lugar del centro magnético y lentamente comienzan a penetrar en las diferentes partes de la personalidad y con el tiempo en la esencia. En forma ordinaria, uno puede conocer muchas cosas sobre las escuelas, su organización y su actividad leyendo y estudiando los períodos de la historia en que las escuelas eran más conspicuas y más accesibles. Pero hay ciertas cosas sobre las escuelas que uno sólo puede aprender en las mismas escuelas. Y la explicación de los principios y de las reglas de la escuela ocupa un lugar muy importante en su enseñanza. Uno de los más importantes principios que uno aprende de esta manera es que el verdadero trabajo de la escuela debe realizarse simultáneamente en tres líneas. Una línea de trabajo, o dos líneas de trabajo, no se pueden llamar un verdadero "trabajo de escuela". ¿Cuáles son estas tres líneas? En la primera conferencia dije que estas conferencias no son una escuela. Ahora podré explicar por qué no lo son. Una vez en una conferencia se hizo una pregunta: "¿Los que estudian esta enseñanza trabajan sólo para sí mismos o lo hacen para otra gente? " Ahora contestaré también a esta pregunta. La primera línea es el estudio de sí mismo y el estudio de la enseñanza, o del "lenguaje". Al trabajar en esta línea, uno trabaja para sí mismo.  La segunda línea es el trabajo con otra gente que está en la escuela, y trabajando con ellos no sólo se trabaja con ellos sino para ellos. De manera que en la segunda línea uno aprende a trabajar con la gente y para la gente. Es por esto que para algunas personas la segunda línea es particularmente difícil. En la tercera línea, uno trabaja para la escuela. A fin de trabajar para la escuela, uno debe ante todo comprender el trabajo de la escuela, comprender sus metas y sus necesidades. Esto requiere tiempo, a menos que uno esté realmente bien preparado. En ese caso algunas personas hasta pueden comenzar por la tercera línea, o en todo caso encontrarla muy fácilmente. Cuando dije que estas conferencias no son una escuela quería decir que ellas sólo dan la posibilidad de una línea de trabajo; es decir, el estudio de la enseñanza y el estudio de sí. Es cierto que el mero hecho de estudiar juntos hace que la gente estudie el comienzo de la segunda línea; por lo menos aprenden a soportarse unos a otros, y si su pensamiento es lo suficientemente amplio y su percepción lo suficientemente rápida, hasta pueden atisbar algo de la segunda y de la tercera línea de trabajo. Sin embargo, uno no puede esperar mucho sólo de estas conferencias. En la segunda línea de trabajo, en una escuela completamente organizada, no sólo se debe hablar juntos, sino trabajar juntos, y este trabajo puede ser muy diferente, pero, de una manera u otra, siempre debe ser útil a la escuela. Esto significa que trabajando en la primera línea, se estudia la segunda línea, y trabajando en la segunda, se estudia la tercera. Más tarde comprenderán por qué son necesarias tres líneas y por qué sólo con tres líneas de trabajo se puede proseguir exitosamente y hacia una meta definida. Incluso ahora se puede comprender la razón principal de la necesidad de las tres líneas de trabajo si se tiene en cuenta que el hombre está dormido y que muy pronto pierde interés por cualquier trabajo que emprenda y lo continúa mecánicamente. Se necesitan tres líneas de trabajo, ante todo porque el trabajo en una línea despierta a un hombre que se ha quedado dormido en la otra. Si se trabaja realmente en tres líneas, uno nunca puede quedarse completamente dormido; en todo caso uno no puede dormir tan tranquilamente como antes; uno siempre se despertará y se dará cuenta de que su trabajo se ha detenido. También puedo señalar una diferencia muy característica entre las tres líneas de trabajo. En la primera línea, uno trabaja principalmente en el estudio de la enseñanza o el estudio de sí, y en la observación de sí, y uno debe manifestar en su propio trabajo cierta cantidad de iniciativa en relación con uno mismo. En la segunda línea se trabaja en relación con cierto trabajo organizado y uno sólo debe hacer lo que se le dice. En la segunda línea no se requiere, ni se admite, ninguna iniciativa y el punto más importante en ella es la disciplina y el seguir exactamente lo que le es dicho, sin aportar ninguna de las ideas propias, aun si éstas parecen ser mejores que las que han sido dadas. En la tercera línea nuevamente uno puede manifestar más iniciativa, pero uno siempre tiene que verificarse a sí mismo y no permitirse tomar decisiones contra las reglas y principios, o en contra de lo que se le ha dicho. Dije antes que el trabajo comienza con el estudio del lenguaje. Será muy útil si a esta altura ustedes tratan de darse cuenta de que ya conocen cierto número de palabras de este nuevo lenguaje, y será muy útil también si tratan de contar estas nuevas palabras y hacer una lista de ellas. Pero deben ser escritas sin comentarios; es decir, sin interpretaciones. Los comentarios y las interpretaciones o explicaciones deben estar en su comprensión. Ustedes no pueden escribirlos en papel. Si esto fuera posible, el estudio de las enseñanzas de psicología sería muy sencillo. Bastaría con publicar una especie de diccionario o glosario y la gente sabría todo lo que es necesario saber. Pero, por suerte o desgraciadamente, esto es imposible y los hombres tienen que aprender y trabajar cada uno para sí. Tenemos que regresar nuevamente a los centros y encontrar por qué no podemos desarrollarnos más rápidamente sin que sea necesario un prolongado trabajo de escuela. Sabemos que cuando aprendemos algo, acumulamos nuevo material en nuestra memoria. Pero, ¿qué es nuestra memoria? Para comprenderlo tenemos que aprender a considerar cada centro como una máquina separada e independiente, que está formada por una sustancia sensitiva similar a la masa de los rollos fonográficos. Todo lo que nos pasa, todo lo que vemos, todo lo que oímos, todo lo que sentimos, todo lo que aprendemos, se registra en estos rollos. Quiere decir que todos los acontecimientos exteriores e interiores dejan ciertas "impresiones" en los rollos. "Impresiones" es una muy buena palabra porque en realidad es una impresión o una impronta. Una impresión puede ser profunda, o puede ser muy leve, o puede ser simplemente un impresión de soslayo que desaparece muy rápidamente y no deja ninguna huella. Pero ya sean profundas o leves, son impresiones. Y estas impresiones en los rollos son todo lo que tenemos, todas nuestras posesiones. Todo lo que sabemos, todo lo que hemos aprendido, todo lo que hemos experimentado, todo está allí en nuestros rollos. Exactamente de la misma manera todos nuestros procesos mentales, nuestros cálculos, nuestras especulaciones, consisten sólo en comparar las inscripciones en los rollos, leyéndolas repetidas veces, tratando de comprenderlas al ponerlas juntas, y así sucesivamente. No podemos pensar en nada nuevo, en nada que no esté en nuestros rollos. No podemos decir ni hacer nada que no corresponda a alguna inscripción en los rollos. No podemos inventar un nuevo pensamiento de la misma manera en que no podemos inventar un nuevo animal, porque todas nuestras ideas de animales son creadas por nuestra observación de los animales existentes.  Las inscripciones o impresiones en los rollos están conectadas por asociaciones. Las asociaciones conectan impresiones que han sido percibidas simultáneamente o que de una u otra forma son similares. En mi primera conferencia dije que la memoria depende de la conciencia y que en realidad sólo recordamos los momentos en que tuvimos chispazos de conciencia. Es bien evidente que las impresiones diferentes y simultáneas ligadas entre sí permanecerán por más tiempo en la memoria que las impresiones que no están conectadas. En el chispazo de conciencia, o aun cerca de él, todas las impresiones del momento están ligadas y permanecen conectadas en la memoria. Lo mismo se aplica a impresiones que están conectadas por su similitud interior. Si uno está más consciente en el momento de recibir impresiones, conecta más precisamente las nuevas impresiones con viejas impresiones similares y permanecen conectadas en la memoria. Por otro lado, si se reciben impresiones en estado de identificación, uno simplemente no las nota, y sus rastros desaparecen antes de que puedan ser apreciadas o asociadas. En el estado de identificación uno no ve ni oye. Está totalmente tomado por sus agravios, o por sus deseos, o por su imaginación. Uno no puede separarse a sí mismo de las cosas, o de los sentimientos, o de los recuerdos, y uno está desconectado del mundo que lo rodea.