jueves, 26 de enero de 2012

Philippe Deitz (GLRB) | Acerca de la compatibilidad entre el cristianismo y la Masonería

Lieja, Bélgica. Esta tarde se celebra en la Universidad de Lieja una conferencia sobre la Masonería: "Preguntas y compatibilidad entre el cristianismo y la masonería".



A partir de las 18:00, Philippe Deitz (ex funcionario federal), miembro de la Gran Logia Regular de Bélgica hablará sobre la compatibilidad entre la masonería y el cristianismo. El evento es organizado por el grupo de la ética social de la Unión de Estudiantes Católicos de Lieja.


Fuente: http://agenciadeprensamasonica.blogspot.com/

CUESTIONES DE CRONOLOGÍA - RENÉ GUÉNON







Las cuestiones relativas a la cronología son de las que más apuran a los orientalistas, y esta dificultad está generalmente bastante justificada; pero se equivocan, por una parte, en conceder importancia excesiva a estas cuestiones, y, por otra, en creer que podrán llegar, por sus métodos ordinarios, a obtener soluciones definitivas; cuando no llegan en efecto sino a hipótesis más o menos caprichosas, sobre las cuales, por otra parte, están lejos de ponerse de acuerdo entre sí. Hay sin embargo algunos casos que no presentan ninguna difi­cultad real, al menos cuando aceptan no complicarlos intencionadamente con las sutilezas y las argucias de una "crítica" y de una "hipercrítica" absurdas. Tal es especialmente el caso de documentos que, como los antiguos Anales chinos, contienen una descripción precisa del estado del cielo en la época a la cual se refieren; como el cálculo de su fecha exacta se basa en datos astronómicos ciertos, no puede tolerar nin­guna ambigüedad.



Desgraciadamente, este caso no es general, y hasta es casi excepcional, y los otros documentos, los documentos hindúes en particular, no ofrecen en su mayoría nada de ello para guiar las investigaciones, lo que, en el fon­do, prueba simplemente que sus autores no tuvieron la me­nor preocupación por "establecer una fecha" con el objeto de reivindicar cualquiera prioridad. La pretensión a la originalidad intelectual, que en buena parte contribuye al nacimiento de sistemas filosóficos, es, aun entre los occidentales, cosa muy moderna, que ignoró la Edad Media; las ideas puras y las doctrinas tradicionales nunca constituyeron la propiedad de tal o cual individuo, y las particularidades biográficas de los que las expusieron e interpretaron son de importancia mínima. Por lo demás, aun para China, la observación que hicimos hace poco no se aplica, a decir verdad, más que a los escritos históricos; pero éstos son, después de todo, los únicos para los cuales presenta verdadero interés la determinación cronológica, puesto que esta misma determinación no tiene sentido ni alcance más que desde el sólo punto de vista de la historia. Hay que señalar, por otra parte, que, para aumentar la dificultad, existe en la India, y sin duda también en ciertas civilizaciones desaparecidas, una cronología, o más exactamente algo que tiene la apariencia de una cronología, basada en números simbólicos, que no hay que tomar de nin­gún modo literalmente por números de años; ¿no se encuen­tra algo análogo hasta en al cronología bíblica? Sólo que esta pretendida cronología se aplica exclusivamente, en rea­lidad, a períodos cósmicos, y no a períodos históricos; entre unas y otras no hay confusión posible, si no es por efecto de una ignorancia bastante grosera, y sin embargo estamos obli­gados a reconocer que los orientalistas han dado demasiados ejemplos de semejantes equivocaciones.



 Una tendencia muy general en estos mismos orientalistas es la que los lleva a reducir lo más posible, y a menudo aun más allá de toda medida razonable, la Antigüedad de las civilizaciones de que se ocupan, como si se sintieran molestos por el hecho de que estas civilizaciones hayan podido existir y estar en pleno desarrollo en épocas tan lejanas, tan anteriores a los orígenes más remotos que se puede asignar a la actual civilización occidental, o más bien a las que la precedieron directamente; su prejuicio a este respecto no parece tener otra excusa que ésta, que es en verdad muy insuficiente. Por lo demás, este mismo prejuicio se ejerció tam­bién sobre cosas mucho más cercanas al Occidente, en todos los aspectos, que las civilizaciones de China y de la India, y aun las de Egipto, Persia y Caldea: es así como se han esforzado, por ejemplo, en "rejuvenecer" la Qabbalah he­braica de manera que se pueda suponer en ella una influencia alejandrina y neoplatónica, cuando fue lo contrario sin duda lo que se produjo en realidad; y esto siempre por la misma razón, es decir, nada más porque se ha conve­nido a priori que todo debe venir de los Griegos, que éstos tuvieron el monopolio de los conocimientos en la Antigüedad, como los europeos se imaginan tenerlo ahora, y que fueron siempre, como estos mismos europeos pretenden serlo en la actualidad, los educadores y los inspiradores del género hu­mano. Y, sin embargo, Platón, cuyo testimonio no debería ser sospechoso en la circunstancia, no teme aseverar en el Timeo que los Egipcios llamaban "niños" a los Griegos; los orien­tales tendrían todavía hoy muchas razones para decir lo mismo de los occidentales, si los escrúpulos de una cortesía quizá excesiva no les impidiesen a menudo llegar hasta ahí. Recordamos sin embargo, que esta misma apreciación fue formulada precisamente por un hindú que oía exponer por primera vez las concepciones de ciertos filósofos europeos, y que estuvo muy lejos de mostrarse maravillado cuando declaró que éstas eran "ideas buenas" todo lo más para un niño de ocho años.



Los que piensan que reducimos demasiado el papel des­empeñado por los Griegos, haciendo de ellos casi exclusivamente una función de "adaptadores", podrían objetarnos que no co­nocemos todas sus ideas, que hay muchas cosas que no han llegado hasta nosotros. Eso es cierto sin duda, en algunos casos, y principalmente en la enseñanza oral de los filósofos; pero ¿lo que conocemos de sus ideas no es de todos modos ampliamente suficiente para permitirnos juzgar de lo demás? La analogía, que nos suministra el medio de ir, en cierta medida, de lo conocido a lo desconocido, nos da aquí la razón: y, por lo demás, según la enseñanza escrita que poseemos, hay por lo menos fuertes presunciones para creer que la enseñanza oral correspondiente, en lo que tenía precisamente de especial y de "esotérica", es decir, de "más interior", fue, como la de los "misterios" con la cual debió tener mu­chas relaciones, más profundamente impregnada aún de inspiración oriental. Fuera de esto, la misma "interioridad" de esta enseñanza no hace más que garantizarnos que estaba menos alejada de su fuente y menos deformada que cual­quier otra, porque estaba menos adaptada a la mentalidad general del pueblo griego, sin lo cual su comprensión no hubiese requerido, evidentemente, una preparación especial, sobre todo una preparación tan larga y tan difícil como lo era, por ejemplo, la que estaba en uso en las escuelas pita­góricas.



Por lo demás, los arqueólogos y los orientalistas estarían muy desacertados al invocar contra nosotros una enseñanza oral, o aun obras perdidas, puesto que "el método histórico" que tanto estiman tiene por carácter esencial no tomar en consideración más que los monumentos que tienen a la vista y los documentos escritos que tienen entre las manos; y ahí es precisamente donde se manifiesta toda la insuficien­cia de este método. En efecto, es una observación que se impone, pero que se pierde muy a menudo de vista, la si­guiente: si se encuentra, para cierta obra, un manuscrito cuya fecha se puede determinar por un medio cualquiera, esto prueba que la obra de que se trata no es ciertamente posterior a esta fecha, pero eso es todo, y ello no prueba de ningún modo que no pueda ser muy anterior. Puede muy bien suceder que se descubran después otros manuscritos más antiguos de la misma obra y, por lo demás, si no se descubren, no se tiene el derecho de concluir que no existen, ni con ma­yor razón que no han existido nunca. Si la obra existe todavía en el caso de una civilización que ha durado hasta nosotros, es, por lo menos verosímil que, lo más a menudo, los manuscritos no sean entregados al azar de un descubrimiento arqueológico como el que se puede hacer cuando se trata de una civilización desaparecida, y no hay, por otra parte, ninguna razón para admitir que los que los conservan se crean obligados un día u otro a deshacerse de ellos en beneficio de los eruditos occidentales, tanto más cuanto que puede darse a su conservación un interés sobre el que no in­sistiremos, pero acerca del cual la curiosidad, aun deco­rada con el epíteto "científico", es de muy poco valor. Por otra parte, en lo que se refiere a las civilizaciones desaparecidas, estamos obligados a darnos cuenta de que, a pesar de todas las investigaciones y de todos los descubrimientos, hay una multitud de documentos que no encontraremos jamás, por la sencilla razón de que fueron destruidos accidental­mente; como los accidentes de este género fueron, en mu­chos casos, contemporáneos de las mismas civilizaciones de que se trata, y no forzosamente posteriores a su extinción, y como todavía podemos comprobar accidentes parecidos en torno nuestro, es extremadamente probable que lo mismo debió producirse también, poco más o menos, en las otras civilizaciones que se han prolongado hasta nuestra épo­ca; aun hay más probabilidades de que haya sido así, pues­to que ha transcurrido, desde el origen de estas civilizaciones, una sucesión más larga de siglos. Pero aún hay algo más: hasta sin accidente, los manuscritos antiguos pueden des­aparecer de manera por completo natural, normal en cier­to modo, por desgaste puro y simple; en este caso, son reemplazados por otros que necesariamente son de fecha más reciente, y que son los únicos cuya existencia se podrá com­probar en lo sucesivo. Podemos formarnos una idea, en par­ticular, por lo que sucede de manera constante en el mundo musulmán: un manuscrito circula y es transportado, según las necesidades, de un centro de enseñanza a otro, y a veces a regiones muy alejadas, hasta que esté gravemente dañado por el uso hará quedar casi fuera de servicio; se hace entonces una copia tan exacta como es posible, copia que ocupará desde entonces el lugar del antiguo manuscrito, que se utilizará de la misma manera, y ella misma será reemplazada por otra, cuando a su vez se deteriore, y así sucesivamente. Estas sustituciones sucesivas pueden sin duda ser muy enojosas para las investigaciones es­peciales de los orientalistas; pero los que se dedican a ellas no se preocupan de este inconveniente, y, aun si las conocen, no consentirían con seguridad por tan poca cosa en cam­biar su costumbres. Todas estas observaciones son tan evidentes en sí mismas que no valdría quizá la pena el for­mularlas, si el prejuicio que hemos señalado en los orienta­listas no los cegara hasta el punto de ocultarles enteramente esta evidencia.



 Ahora, hay otro hecho que no pueden tener en cuenta, sin estar en desacuerdo con ellos mismos, los partidarios del "método histórico"; es el de que la enseñanza oral precedió casi por todas partes a la enseñanza escrita, y que fue la única en uso durante períodos que pudieron ser muy lar­gos, aunque su duración exacta sea difícilmente determi­nable. De manera general, un escrito tradicional no es, en la mayoría de los casos, más que la fijación relativa­mente reciente de una enseñanza que al principio se trans­mitió por la vía oral, y al cual es muy raro que se le pueda asignar un autor; así pues, aun seguros de estar en posesión del manuscrito primitivo, de lo cual quizá no hay un sólo ejemplo, haría falta saber aún cuánto tiempo había durado la transmisión oral anterior y ésta es una cuestión que arriesga permanecer lo más a menudo sin respuesta. Esta exclusividad de la enseñanza oral pudo tener razones múltiples, y no supone por fuerza la ausencia de escritura, cuyo origen es con seguridad muy lejano, por lo menos bajo la forma ideográfica, cuya forma fonética no es mas que una degeneración causada por una necesidad de simpli­ficación. Se sabe, por ejemplo, que la enseñanza de los Drui­das permaneció siempre exclusivamente oral, aun en una época en la que los Galos conocían con seguridad la escritura, puesto que se servían corrientemente de un alfabeto grie­go en su relaciones comerciales; de modo que la enseñanza druídica no dejó ninguna huella auténtica, y como mu­cho se pueden reconstruir con más o menos exactitud algu­nos fragmentos muy limitados. Sería pues un error creer que la transmisión oral alteró a la larga la enseñanza; dado el interés que presentaba su conservación integral, hay por el contrario razones para pensar que se tomaban las pre­cauciones necesarias para que se mantuviese siempre idén­tica, no sólo en el fondo, sino hasta en la forma; y se pue­de comprobar que este mantenimiento es perfectamente realizable, por lo que acontece hoy todavía en los pueblos orientales, para los cuales la fijación por medio de la escri­tura no acarreó nunca la supresión de la tradición oral ni fue considerada como capaz de suplirla enteramente. Hecho curioso, se admite comúnmente que ciertas obras no fueron escritas desde su origen, se admite principalmente para los poemas homéricos en la antigüedad clásica, para las canciones de gesta en la Edad Media; ¿por qué motivo, pues, no quieren admitir la misma cosa cuando se trata de obras que se refieren, no ya al orden simplemente literario, sino al orden de la intelectualidad pura, en las que la transmisión oral tiene razones mucho más profundas? Es verdadera­mente inútil insistir más sobre el particular, y, en cuanto a estas razones profundas a las cuales acabamos de hacer alusión, no es aquí el lugar de desarrollarlas; tendremos por lo demás la ocasión de decir algunas palabras después.



Queda un último punto que queríamos indicar; el de que, si a menudo es difícil situar exacta­mente en el tiempo cierto período de la existencia de un pueblo antiguo, lo es igualmente, por extraño que esto pueda parecer, situarlo en el espacio. Queremos decir con esto que ciertos pueblos pudieron, en diversas épocas, emigrar de una región a otra, y que nada nos prueba que las obras que dejaron los antiguos Hindúes o los antiguos Persas, por ejemplo, hayan sido todas compuestas en los países donde viven en la actualidad sus descendientes. Más todavía, nada nos lo prueba aun en el caso en que estas obras contengan la designación de ciertos lugares, los nombres de ríos o de montañas que conocemos todavía, porque estos mismos nom­bres pudieron ser aplicados sucesivamente en las diversas regiones en que el pueblo considerado se detuvo durante el curso de sus migraciones. Hay aquí algo de muy natu­ral; ¿los actuales europeos no tienen a menudo la cos­tumbre de dar a las ciudades que fundan en sus colonias y a los accidentes geográficos que en ellas encuentran, nom­bres tomados a su país de origen? Se ha discutido a veces la cuestión de saber si la Hélade de los tiempos homéricos era la Grecia de las épocas más recientes, o si la Palestina bíblica era realmente la región que todavía designamos con este nombre; las discusiones de este género no son quizá tan vanas como se piensa por lo común, y la cuestión se puede plantear, aun cuando en los ejemplos que acabamos de citar es muy probable que deba ser resuelta por la afirmativa. Por el contrario, en lo que concierne a la India védica, hay sobradas razones para responder negativamen­te a una cuestión de este género; los antepasados de los Hindúes debieron, en una época por lo demás indeterminada, habitar una región muy septentrional, ya que, según ciertos textos, sucedió que el sol dio la vuelta al horizonte sin ocultarse; ¿pero cuándo dejaron esta morada primitivas y al cabo de cuántas etapas llegaron de allí a la India actual? Éstas son cuestiones interesantes desde cierto punto de vista, pero que nos contentamos con señalar sin preten­der examinarlas aquí, porque no entran en nuestro asun­to. Las consideraciones que hemos tratado hasta aquí no constituyen más que simples preliminares, que nos han pare­cido necesarios antes de abordar las cuestiones propiamente relativas a la interpretación de las doctrinas orientales; y, para estas últimas cuestiones, que son nuestro objeto principal, todavía nos falta señalar otro género de dificultades.

miércoles, 25 de enero de 2012

Egipto: signos y símbolos de lo sagrado: Elemento Agua






El agua como elemento básico de subsistencia humana, animal y vegetal es un principio común en muchas culturas y aparece en mitos relacionados con la creación puesto que según creían los egipcios, ésta existía antes de la formación del mundo, el cosmos y los seres vivos y contenía el germen de la vida.

Según entendieron los egipcios, el país renacía tras la crecida anual del río Nilo al igual que el mundo había emergido de este abismo primordial, en forma de una colina de tierra primigenia cuando surgió desde las profundidades del caos. En ella se había manifestado la vida gracias a la intervención de un dios creador. Este caos primigenio, el dios Nun, se entendió como un lugar adimensional, un emplazamiento sin espacio ni luz donde se encontraba el dios primordial en un estado de no conciencia. En algún momento esta entidad divina tomó conciencia de sí mismo y comenzando la creación; separando las aguas del cielo (el cielo se interpretó como una gran masa de agua), dio vida a los dioses y dejó un espacio para que habitaran todos los seres orgánicos.

El agua fue símbolo de nacimiento, renacimiento y fecundidad. Por esta circunstancia muchos templos en Egipto tenían un lago sagrado, donde los teólogos de los diversos centros religiosos ubicaban el acontecimiento que hizo surgir el mundo en la oscuridad de los tiempos y, en estos lugares, se repetía cada mañana este misterio. De aquí recogían sacerdotes egipcios recogían agua para los rituales de la mañana y realizaban las abluciones sagradas, para hacer desaparecer todo la carga negativa puesto que tenía cualidades purificadoras.

El agua como potencial de vida y renacimiento fue interpretada como la entidad que acogía a los difuntos y les otorgaba vida. Esta valoración queda bien clara al interpretarse que los individuos ahogados se convertían en seres deificados al entenderse que volvían al seno de las aguas que, por otra parte manaban de la exudación de las heridas del dios Osiris.

En cuanto al agua de lluvia, parece ser que en Egipto tuvo un significado especial. Al ser este un país seco con pocas precipitaciones anuales, se considerada divina aunque en el caso de agua torrencial y devastadora, se interpretó como perjudicial y en los templos grecorromanos se desviaba con una pendiente en el techo que la desplazaba hacia el Sur por medio de unas gárgolas con forma de león para aumentar el poder mágico y alejar el mal. Esta identificación entre el agua de lluvia y el mal personificado por Seth se encuentra desde el Reino Medio.

El río Nilo como representación del agua benefactora aparece bajo el aspecto de un genio barrigudo con pechos colgantes (figura de fertilidad o genios Hapy) que lleva en la mano las ofrendas de las provincias. Él es el "genio" del río que discurre ordenadamente por el Valle y otorga a Egipto las puntuales y oportunas crecidas anuales.

Las fuentes del río Nilo constituyeron una preocupación constante de la elucubración teológica egipcia. Algunos mitos ubican su nacimiento en la profundidad de una cueva (como ocurre con ríos en otras culturas) situada al Sur, en la isla de Elefantina. Dicha caverna estaba guardada por el dios Jnum y por unas serpientes protectoras. De allí manaba anualmente la beneficiosa crecida con la que contaba el país y todos sus habitantes.

Una representación similar a la de los genios de fertilidad se encuentra en la personalidad del dios Uady o Uadyur ("El Gran Verde"), una entidad divina con aspecto humano y de color verde que tiene su cuerpo cubierto de ondas de agua, pero esta vez representan al mar. Los egipcios pensaban que además de los mares conocidos, existía un mar subterráneo e incluso un río subterráneo paralelo e inferior donde desaparecía el Sol al llegar la noche para hacer su periplo nocturno y regenerarse, calentando el reino del Más Allá y a los difuntos que se encontraban en él.

Los egipcios muestran en sus textos una preocupación constante hacia el peligro de padecer sed tras la muerte. Por ello los egipcios se hicieron enterrar con reproducciones de agua en maquetas, portadores y relieves. Esto no es difícil de entender si tenemos en cuenta que el agua es una fuente de vida y que sin ella pereceríamos sin dilación. Por otro lado los conjuros para no pasar sed en el Más Allá, para no tener que beber orina, sirven para expresar esta inquietud.

Como elemento mágico, el agua podía proporcionar la curación. De hecho en Egipto conocemos una cantidad de estelas o estatuas cubiertas con inscripciones mágicas. Normalmente tienen en la base un receptáculo para recuperar el agua que se vertía sobre ellas. Ésta tenía ciertas cualidades para neutralizar el veneno de animales ponzoñosos.

A menudo aparece simbolizada con símbolos Anj.
Un tipo de receptáculos para recoger agua fría de Nilo, procedente de la crecida son las conocidas cantimploras que surgen a partir del siglo VII a.C.

Fuente: AE - Elisa Castel

lunes, 23 de enero de 2012

Grand Orient de France : Les jeunes ont le droit d’être informés


MRH Guy Arcizet GM

En janvier 2011, le Grand Orient de France demandait aux pouvoirs publics de faire appliquer la loi du 4 juillet 2001 et la circulaire de l’Education Nationale du 17 février 2003 qui rendent obligatoires l’information et l’éducation sur la sexualité dans les établissements scolaires. Il dénonçait, par ailleurs, l’accès inégalitaire à l’interruption volontaire de grossesse.

 Un an plus tard, le Mouvement français du Planning Familial ne constate pas d’amélioration. Il alerte l’opinion publique sur une offensive sans précédent des courants de pensées traditionnalistes qui récusent une éducation à la sexualité sans jugement, interdisant aux jeunes la possibilité de s’approprier librement ces questions au sein de l’Ecole.

Le Grand Orient de France salue le rôle historique du Planning Familial et les actions fondamentales que le Mouvement français mène depuis sa création en faveur de la famille, notamment auprès des femmes et des jeunes en les informant sur les questions de contraceptions et de sexualité.

Le Grand Orient de France rappelle que la laïcité, pratique émancipatrice et égalitaire pour les citoyens de tous âges, doit demeurer le cadre pour délivrer des informations objectives dans les établissements publics.

Fuente: http://www.godf.org/index.php/actualite/details/liens/position/nom/Prises-de-position/slug/les-jeunes-ont-le-droit-d-etre-informes

Encuentro Internacional de Grandes Logias Mixtas en Argentina

El II Encuentro Internacional de Grandes Logias Mixtas, se celebrará los próximos días 25, 26 y 27 de octubre de 2012 en la ciudad de Córdoba, Argentina.

El evento “tendrá carácter fraternal, a la vez que abierto a la sociedad toda, con la intención de mostrar el compromiso de los masones, en pos de mejorar el edificio social de todos los países del orbe”, según señala una nota difundida por la Gran Secretaría de la Gran Logia Simbólica Argentina.

A continuación, reproducimos el programa de actos del Encuentro Internacional, que ha divulgado la mencionada fuente:

■Jueves 25
10:00: Recepción de autoridades y visitantes en sede de la GLSA. Acreditación.
13:00: Almuerzo fraterno.
18:00: Tenida hermética en Primer Grado.


■Viernes 26


10:00: Colocación de ofrenda floral al Libertador General José de San Martín
11:00: Recorrido del centro histórico de la ciudad de Córdoba
19:00: Conferencia conjunta a cargo de expositores de las distintas delegaciones
■Sábado 27


11:00: Conferencia de prensa y lunch
15:00: Reunión de Grados Capitulares
19:00: Tenida hermética de cierre
21:00: Ágape fraterno y despedida de delegaciones


Fuente: http://www.actualmasonica.com/

sábado, 21 de enero de 2012

ALEJANDRÍA III - LA BIBLIOTECA








La Biblioteca de Alejandría


Fué en Alejandría durante los seiscientos años que se iniciaron hacia el 300 a..C., cuando los seres humanos emprendieron en un sentido básico, la aventura intelectual que nos ha llevado a las orillas del espacio, pero no queda nada del paisaje y de las sensaciones de aquella gloriosa ciudad de mármol. La opresión y el miedo al saber han arrasado casi todos los recuerdos de la antigua Alejandría.

Su población tenía una maravillosa diversidad; soldados macedonios y más tarde romanos, sacerdotes egipcios, aristócratas griegos, marineros fenicios, mercaderes judíos y visitantes de la India, todos ellos, excepto la vasta población de esclavos vivieron juntos en armonía y respeto mutuo durante la mayor parte del período que marca la grandeza de Alejandría.

La ciudad fue fundada por Alejandro Magno y construida por su antigua guardia personal. Alejandro estimuló el respeto por las culturas extrañas y una búsqueda sin prejuicios del conocimiento. Según la tradición  se sumergió en el Mar Rojo y en lo que es considerada la primera campana de inmersión del mundo. Animó a sus generales y soldados a que se casaran con mujeres persas e indias, respetó los dioses de los demás pueblos y por ejemplo, coleccionó formas de vida exóticas, entre ellas, un elefante que destinó a su maestro Aristóteles.

Su ciudad estaba construida a una escala suntuosa, porque tenía que ser el centro mundial del comercio, de la cultura y del saber. Estaba adornada con amplias avenidas de treinta metros de ancho, con una arquitectura y una estatuaria elegante, y con un enorme faro, una de las siete maravillas del mundo antiguo.

Pero la maravilla mayor de Alejandría fué su biblioteca y su correspondiente museo (en sentido literal, una institución dedicada a las especialidades de las Nueve Musas ). De ésta biblioteca legendaria lo máximo que sobrevive hoy en día es un sótano húmedo y olvidado del Serapeum, el anexo de la biblioteca, primitivamente un templo que fue vuelto a consagrar al conocimiento y unos pocos estantes enmohecidos pueden ser en la actualidad sus únicos restos físicos. Sin embargo, este lugar fué en su época el cerebro y la gloria de la mayor ciudad del planeta; el primer auténtico instituto de investigación de la Historia del Mundo.







Los eruditos de la Biblioteca estudiaban la totalidad del Cosmos ( palabra griega que significa el orden del universo ), en cierto modo, lo opuesto al Caos. Presupone el carácter profundamente interrelacionado de todas las cosas, inspira admiración ante la intrincada y sutil construcción del Universo.

Había en la Biblioteca una comunidad de eruditos que exploraban la física, la literatura, la medicina, la astronomía, la geografía, la filosofía, las matemáticas, la biología y la ingeniería. La ciencia y la erudición habían llegado a su edad adulta.

El genio florecía en aquellas salas. La Biblioteca de Alejandría fué el lugar donde los hombres se reunieron por primera vez de modo serio y sistemático el conocimiento del mundo. Además de Eratóstenes, allí se instruyó el astrónomo Hiparco que ordenó el mapa de las constelaciones y estimó el brillo de las estrellas; Euclides, que sistematizó de modo brillante la geometría y que en cierta ocasión dijo a su rey que luchaba con un difícil problema matemático: "no hay un camino real hacia la geometría"; Dionisio de Tracia, el hombre que definió las partes del discurso y que hizo en el estudio del lenguaje lo que Euclides hizo en la geometría; Herófilo, el fisiólogo que estableció de modo seguro, que es el cerebro y no el corazón la sede de la inteligencia; Heron de Alejandría, inventor de cajas de engranajes y de aparatos de vapor y autor de un autómata, la primera obra sobre robots; Apolonio de Pérgamo, el matemático que demostró las formas de las secciones cónicas ( elipse, parábola e hipérbola ) las curvas que como sabemos actualmente siguen en sus órbitas los planetas, los cometas y las estrellas; Arquímedes, el mayor genio mecánico hasta Leonardo de Vinci y el astrónomo y geógrafo Tolomeo, que compiló gran parte de lo que es hoy la astrología; su universo centrado en la Tierra estuvo en boga durante 1500 años, lo que nos recuerda que la capacidad intelectual no constituye una garantía contra los yerros descomunales y entre estos grandes hombres hubo una gran mujer, Hipatia, matemática y astrónoma, la última lumbrera de la biblioteca cuyo martirio estuvo ligado a la destrucción de la Biblioteca siete siglos después de su fundación.

Los reyes griegos de Egipto que sucedieron a Alejandro tenían ideas muy serias sobre el saber. Apoyaron durante siglos la investigación y mantuvieron la biblioteca para que ofreciera un ambiente adecuado de trabajo a las mejores mentes de la época. La Biblioteca constaba de diez grandes salas de investigación, cada una dedicada a un tema distinto. Había fuentes y columnatas, jardines botánicos, un zoo, salas de disección, un observatorio y una gran sala comedor donde se llevaban a cabo con toda libertad las discusiones críticas de las ideas.

El núcleo de la biblioteca era su colección de libros. Los organizadores escudriñaron todas las culturas y lenguajes del mundo. Enviaron agentes al exterior para comprar bibliotecas. Los buques de comercio que arribaban a Alejandría eran registrados por la policía, y no en busca de contrabando, sino de libros. Los rollos eran confiscados, copiados y devueltos luego a sus propietarios. Es difícil de estimar el número preciso de libros, pero parece probable que el numero de libros en la época de Ptolomeo I era 200.000 volúmenes y en la época de Ptolomeo II fue duplicado a 400.000 volúmenes. Cuando llegó Cesar a Egipto en el año 48 a. C., el numero se aumentó 700.000 volúmenes, Marco Antonio ofreció a Cleopatra 200.000 volúmenes de la Biblioteca del Pérgamo. Finalmente el numero de los libros llego a 900.000 volúmenes. Cada uno de ellos un rollo de papiro escrito a mano. ¿Qué destino tuvieron todos estos libros?

La civilización clásica que los creó acabó desintegrándose y la Biblioteca fué destruída deliberadamente. Sólo sobrevivió una pequeña fracción de sus obras junto con unos pocos y patéticos fragmentos dispersos, ¡ y qué tentadores debieron ser éstos restos y fragmentos ¡. Sabemos por ejemplo que en los estantes de la Biblioteca había una obra del astrónomo Aristarco de Samos quien sostenía que la Tierra es uno de los planetas que orbita el Sol como ellos y que las estrellas están a una enorme distancia de nosotros.

Cada una de estas conclusiones es totalmente correcta, pero tuvimos que esperar casi dos mil años para redescubrirlas. Si multiplicamos por cien mil nuestra sensación de privación por la pérdida de esta obra de Aristarco empezaremos a apreciar la grandeza de los logros de la civilización clásica y la tragedia de su destrucción.

Hoy hay lagunas irreparables en nuestros conocimientos históricos. Imaginemos los misterios que podríamos resolver sobre nuestro pasado si dispusiéramos de una tarjeta de lector para la Biblioteca de Alejandría. Sabemos que hubo una Historia del Mundo en tres volúmenes, obra de un sacerdote babilónico llamado Beroso.

El primer volumen se ocupaba del intervalo desde la Creación hasta el Diluvio, un período al cual atribuyó una duración de 432.000 años, es decir cien veces más que la cronología del Antiguo Testamento. Sólo en un punto de la historia pasada hubo la promesa de una civilización científica brillante.

Los libros eran caros y cada uno era copiado a mano. La Biblioteca era depositaria de las copias más exactas del mundo. El arte de la edición crítica se inventó allí. El Antiguo Testamento ha llegado hasta nosotros principalmente a través de las traducciones griegas hechas en la Biblioteca de Alejandría. Los Ptolomeos dedicaron gran parte de su enorme riqueza a la adquisición de todos los libros griegos y de obras de África, Persia, India, Israel y otras partes del mundo.

Ptolomeo III "Evergetes" quiso que Atenas le dejara prestados los manuscritos originales o las copias oficiales de estado de las grandes tragedias antiguas de Sófocles, Esquilo y Eurípides, pero éstos libros eran para los atenienses una especie de patrimonio cultural, algo parecido a las copias manuscritas originales y a los primeros folios de Shakespeare en Inglaterra y no estuvieron muy dispuestos a dejar salir de sus manos ni por un momento aquellos manuscritos, sólo aceptaron dejar en préstamo las obras cuando Ptolomeo hubo garantizado su devolución con un enorme depósito de dinero. Pero Ptolomeo valoraba estos rollos más que el oro o la plata. Renunció alegremente al depósito y encerró del mejor modo que pudo los originales en la Biblioteca. Los irritados atenienses tuvieron que contentarse con las copias que Ptolomeo, un poco avergonzado, no mucho, les regaló. En raras ocasiones un estado ha apoyado con tanta avidez la búsqueda del conocimiento.

Los Ptolomeos no se limitaron a recoger el conocimiento conocido, sino que animaron y financiaron la investigación científica y de este modo generaron nuevos conocimientos.

Alejandría era la mayor ciudad que el mundo había visto jamás. Gente de todas las naciones llegaban allí para vivir, comerciar y aprender. En un día cualquiera sus puertos estaban atiborrados de mercaderes, estudiosos y turistas. Era una ciudad donde griegos, egipcios, árabes, sirios, hebreos, persas, nubios, fenicios, romanos, galos e íberos intercambiaban mercancías e ideas. Fué probablemente allí donde la palabra cosmopolita consiguió tener un sentido auténtico, ciudadano, no de una sola nación, sino "Ser un Ciudadano del Cosmos".

Es evidente que allí estaban las semillas del mundo moderno. ¿ qué impidió que arraigaran y florecieran ?, ¿ a qué se debe que Occidente se adormeciera durante mil años de tinieblas hasta que Colón, Copérnico y sus contemporáneos redescubrieron la obra hecha en Alejandría ?. No puedo daros una respuesta sencilla. Pero lo que sí sé es que no hay noticia en toda la historia de la Biblioteca de que alguno de los ilustres científicos y estudiosos llegara nunca a desafiar seriamente los supuestos políticos, económicos y religiosos de su sociedad.

Se puso en duda la permanencia de las estrellas, no la justicia de la esclavitud. La ciencia y la cultura en general estaban reservadas para unos cuantos privilegiados. La vasta población de la ciudad no tenía la menor idea de los grandes descubrimientos que tenían lugar dentro de la Biblioteca. Los nuevos descubrimientos no fueron explicados ni popularizados y la investigación les benefició poco.

Los grandes logros intelectuales de la Antigüedad tuvieron pocas aplicaciones prácticas inmediatas. La ciencia no fascinó nunca la imaginación de la multitud. No hubo contrapeso al estancamiento, al pesimismo, a la entrega más abyecta. Cuando al final de todo, la chusma se presentó para quemar la Biblioteca no había nadie capaz de detenerla.

La gloria de la Biblioteca de Alejandría es un recuerdo lejano. Sus últimos restos fueron destruidos poco después de la muerte de Hipatia. Era como si toda la Civilización hubiese sufrido una operación cerebral infligida, de modo que quedaron extinguidos irrevocablemente la mayoría de sus memorias, descubrimientos, ideas y pasiones. La pérdida fue incalculable. En algunos casos sólo conocemos los atormentadores títulos de las obras que quedaron destruidas. En la mayoría de los casos no conocemos ni los títulos ni los autores. Sabemos que de las 123 obras teatrales de Sófocles existentes en la Biblioteca sólo sobrevivieron siete. Una de las siete es Edipo Rey.

La biblioteca madre fue quemada en el incendio de Alejandría durante la guerra entre la flota romana y la egipcia en el año 48 a. C., y la biblioteca del Serapeum fue destruida en el año 391 por el patriarca Teofilo.


Cleopatra y sus agujas


Cleopatra VII quien fué la ultima reina de la dinastía de los Ptolomeos, llegó al trono en el año 51 a. C., a la edad de 17 años, participando con su hermano y marido Ptolomeo XII después de la muerte de su padre Ptolomeo XI.

Cleopatra, cuyo nombre en griego significa "el orgullo de su padre", era de origen heleno, se convirtio a la religión de los egipcios y sus creencias. Nació, vivió y se suicidó en Alejandría. En el año 30 a. C. y cuando contaba con 38 años, a raíz de la derrota naval egipcia sufrida ante Octavio, puso fín a sus días.

Se habló mucho de la historia de Cleopatra y Cesar que llegó a Egipto en el año 48 a. C. para acabar el conflicto que había entre Cleopatra y su hermano y marido Ptolomeo XII. César fué atraído por su belleza, inteligencia, encanto y simpatía y de ella tuvo un hijo llamado Cesarión. También se habla de su historia con Marco Antonio que gobernó la parte oriental del Imperio Romano después de la muerte de César. Cleopatra y su flota dirigida por Marco Antonio, fué derrotada en la guerra contra Octavio en la famosa batalla de Actium en el año 31 a. C.

En el año 30 a. C., Marco Antonio pensando que Cleopatra había ya muerto, decide quitarse la vida y Cleopatra al ser conocedora de la noticia, se suicida en su palacio real para no ir cautiva con Octavio. Fue momificada y enterrada en Alejandría.

Octavio acabó el Caesaron y lo dedicó al culto de los emperadores. Este se hallaba en el llamado "Distrito Real" ( estación de Raml actualmente) y mas tarde, en el siglo IV y en la época de Constantino, éste edificio se transformó en la iglesia de San Miguel.

En el año 1879, dos obeliscos de Cleopatra fueros transportados uno a Londres y el otro a Nueva York. El obelisco representa los rayos de sol ( petrificados )



Los Romanos en Egipto



Los romanos entraron en Egipto en el año 30 a. C., bajo la jefatura de Octavio, quien fundó un nuevo suburbio al este de Alejandría al que puso Nikopolis, "La Ciudad de la Victoria" ( Mustafa Kamel actualmente ). Así Egipto empezó a ser una provincia romana gobernada por un monitor y Alejandría continuo siendo la capital de Egipto.

Durante la época romana, Egipto perdió mucho de su importancia y fue considerada como una granja de maíz, fuente de lino, papiro y uvas y en Alejandría, algunas industrias empezaron a elaborar vidrio, papel, incienso y vino.

Muchos emperadores romanos visitaron Egipto, como Adriano ( 117-138 d. C.), quien ordenó restaurar los monumentos destruidos después del conflicto entre los judíos y griegos en la época de Trajano. También restauró el Serapeum y navegó por el Nilo con su amigo Antinoo, por quien ordenó construir la ciudad que llevo el nombre de "Antinoopolis" ( Sheik Abada, en Elminia actualmente) y también restauró las estatuas de Amenofis III conocidas por los colosos de Memnón hoy día y en honor de Diocleciano, fué hecha la columna llamada hoy la Columna de Pompeyo en Alejandría, cerca del Serapeum y una pequeña biblioteca.

Los emperadores romanos permitieron las divinidades egipcias, así en Alejandría, se siguieron adorando a los dioses locales Serapis, Isis y Harpócrates.

En el año 323 d. C. y durante el gobierno de Constantino empezó la religión cristiana a ser la religión oficial del Imperio Romano y en el año 391 fueron destruidos los centros de culto pagano.

La época Bizantina ( 395 - 641 ) fué presidida por la llegada de los árabes a Egipto en el año 641 bajo la jefatura de Amr Ibn Elas del ejercito del Califa Omar Ibn Elkhatab. Con la llegada árabe se destruyeron la mayoría de las fortalezas romanas como la de Babilonia, en el viejo Cairo de la actualidad e hicieron una nueva capital, Fustat, muy próximas a ellas.



Los Cristianos y San Marcos


Según la tradición, San Marcos fué el primero que vino a Alejandría con la nueva religión en el año 61. El primer cristiano en Egipto fue un zapatero llamado Aniano, al que San Marcos le curó una herida en la mano. A San Marcos atribuimos la fundación de la primera iglesia y la primera escuela de catecismo, cuyas dos primeras cabezas eran Clemente y Origen. San Marcos fue martirizado y enterrado en Alejandría en el año 62 durante el gobierno de Nerón que persiguió a los cristianos. Estos hubieron de esperar a la época de Trajano ( comienzos del siglo II d. C. ) para que se les permitiese extenderse, primero en Alejandría y luego poco a poco a lo largo de todo el Valle del Nilo.


La época de Diocleciano (284 - 305)


Fue la era de martirizar a miles de cristianos, uno de ellos San Menas, un oficial egipcio martirizado en el año 269 d. C., durante su servicio en Asia Menor por no renunciar a ser cristiano.

Cuando sus tropas volvieron a Egipto, llevaron consigo sus restos, produciéndose un milagro; el camello que portaba los restos del santo se negó a seguir adelante,.por lo cual fué enterrado en este lugar y olvidado un tiempo. Posteriormente un pastor se dio cuenta de que una oveja enferma al pasar por encima del enterramiento se curó; lo mismo sucedió con otra oveja y posteriormente con una princesa enferma. Pronto se difundió la noticia de los poderes curativos del santo. Atanasio hizo construir una iglesia sobre su tumba en el siglo IV y fue incorporada a una gran basílica, erigida por el emperador Arcadio, a comienzos del siglo V. El lugar se convertiría en el Lourdes del desierto occidental.

La razón de esta popularidad debió de ser el agua local que debe contar con poderes curativos. De la mañana a la noche aparecieron casas, se construyeron baños y se irrigó la tierra cercana. Mientras tanto el culto a San Menas atravesó el desierto gracias a los comerciantes y al Mediterráneo por los marinos, llegando a Francia y España, donde también se han encontrado los conocidos frasquitos con las imágenes del santo entre dos camellos arrodillados, algunos ejemplos expuestos en la sala núm. 1 en el museo Grecorromano de Alejandría.

El lugar ha sido excavado y se pueden discernir claramente los cimientos de la iglesia original, de la basílica de Arcadio. La cripta donde fué enterrado San Menas se sitúa al pie de una escalera de mármol en la iglesia, que fué incorporada al pórtico de la basílica, pero sus reliquias permanecen en el monasterio moderno. Al norte de la basílica están el hospicio y los baños con depósitos para agua caliente y fría.

En el año 325 d. C. en el consejo de Nicosia, Atanasio apuesta por las ideas de Arcadio sobre la naturaleza de la divinidad de Jesucristo y defendió la religión Ortodoxa y fueron acusados Arcadio y su doctrina.

En el año 330 Constantino trasladó la capital a Constantinopla "Estambul" y después de su muerte el Imperio Romano fué dividido entre Roma y Bizancio. Finalmente, la Iglesia Egipcia se separó de la iglesia oriental y la lengua Copta apareció como mezcla entre la escritura egipcia llamada "demótica" y el griego.

Debido a todo esto algunos cristianos egipcios han preferido la vida monástica en el desierto como San Antonio, la más ilustre de estas ermitas y fue el origen de la vida monástica en Egipto. Cuatro monasterios se construyeron en el norte de Egipto en el Uadi el-Natrón por San Macario y al igual que lo hizo en el sur, el ermitaño llamado San Pachon.

El monasterio de Santa Catalina fué construido en la Península del Sinaí durante la época del emperador romano Justiniano en el año 527. Contiene una gran colección de iconos bizantinos ( icono en griego es pintura dónde se señalan temas religiosos ). El icono pintado en estilo cáustico "sarcástico" lo era de colores de cera.

Fuente: AE- Ahmed Kandil

ALEJANDRÍA II - LA DINASTÍA DE LOS PTOLOMEOS




Esfinges gemelas en la isla sumergida de Alejandría - Fotografía: Christoph Gerick, Frank Goddio, Hilti Fundation


Ptolomeo I Soter (305 - 285 a. C.)



Animó a muchos griegos a establecerse en Egipto e intentó encontrar una nueva relación entre los egipcios y los griegos en sus creencias religiosas, formó un consejo religioso que incluyó entre sus miembros al sacerdote egipcio Maneton y al griego Timoteo. Este consejo consiguió crear una tríada divina que se formó del dios Serapis, su mujer la diosa Isis y su hijo el dios Harpócrates cuyo nombre significa "Horus el pequeño" y empezaron las nuevas construcciones del templo llamado Serapeum "que significa el lugar del culto del dios Serapis".





El crecimiento de la ciudad empezó en su época, fundó el Museion "como una nueva universidad para los estudiantes" y la famosa Biblioteca de Alejandría. También fundó la ciudad de los Ptolomeos ( la actual Manchaa: Sohag), el centro de la Civilización Griega en el Alto Egipto. Se casó con Berenice de la cual tuvo su hijo Ptolomeo II "Filadelfos" que le siguió al trono después de su muerte.


Ptolomeo II (284 - 246 a. C.)


Siendo como su padre, añadió a la ciudad mas construcciones, así, en el año 280 construyó el Faro de Alejandría, una de las siete maravillas del mundo antiguo.

Mandó al sacerdote Manetón escribir la Historia del Antiguo Egipto. Maneton dividió la historia egipcia en 30 dinastías reales ( hay otra opinión que dice que son 31 dinastías) empezando por Menes y finalizando con Alejandro Magno. Este libro fué llamado "Aegyptiaca".

Se caso primero con Arsinoe I de la cual tuvo su hijo Ptolomeo III, para después hacerlo con su hermana Arsinoe II, quien en honor a su nombre fué llamado por igual nombre al Oasis de Fayum, la antigua Cocodrilópolis, la "Ciudad del Cocodrilo". Una parte de la ciudad fue llamada Teadelfia - la actual Batu-Herit -, así siguiendo la tradición real egipcia, fué el primer rey Ptolomeo que se casó con una de sus hermanas.

Creemos que Ptolomeo II transportó el cuerpo de Alejandro Magno de Menfis a Alejandría y la tumba fue llamada "Sema" o Soma.

En la época griega, Alejandría fue llamada "Alejandría ad Aegyptum" ( Alejandría que está cerca de Egipto ) y éso demuestra la importancia que tuvo Alejandría como la capital más importante después de Roma.


Ptolomeo III


Llegó a ser rey de Egipto en el año 246 a. C., fundó el templo del Serapeum cuya estela de fundación se encontró cerca de la Columna de Pompeyo en el año 1944. Otro templo fué construido en Canope " Abukir", al este de Alejandría y también empezó la construcción del templo del dios Horus en Edfú en el año 237 a. C., templo que se acabó durante el gobierno de Ptolomeo XI "Neos Dionisos" en el año 57 a. C.

Durante el gobierno de los Ptolomeos a lo largo de 3 siglos se construyeron también los templos de: Dandara dedicado a la diosa Hator, Esna dedicado al dios Khnum, Kom Ombo dedicado a los dioses Sobek y Haroeris y el templo de Filae dedicado a la diosa Isis. También recordamos que la piedra de Roseta que fue encontrada por los soldados de Napoleón en el año 1799, sus inscripciones datan a la época de Ptolomeo V "Epifanes" (196 a. C.).


Ptolomeo XII "Neos Dionisos"


Padre de Cleopatra VII "la ultima reina de los Ptolomeos" mando colocar a sus dos hijos Ptolomeo XIII de 10 años de edad y Cleopatra VII de 17 años de edad en el trono de Egipto juntos con la condición de casarse. En el año 51 a. C. los dos gobernaron y cuando empezaron a tener conflictos llegó Julio Cesar a Egipto en el año 48 a. C. Durante su estancia en Egipto empezó la guerra entre la flota romana y la egipcia de Ptolomeo XIII y terminó en el año 47 a. C. por la muerte de Ptolomeo XIII y el incendio de la Biblioteca de Alejandría.

Cleopatra tuvo un hijo de Julio Cesar llamado "Cesarión o Cesar el Pequeño" y en el año 47 a. C. gobernó Egipto con su otro hermano Ptolomeo XIV de 13 años de edad quien murió 4 años mas tarde y finalmente Cleopatra gobernó con su hijo hasta el año 30 a. C., y en este año el general romano Octavio entra Egipto y después de ganar a Marco Antonio y Cleopatra en la batalla de "Actium" empezó Egipto otra nueva era de su historia ( el periodo Romano 30 a. C. - 395 d. C.).


La tríada de Alejandría



Ptolomeo I tuvo éxito en unir los egipcios y griegos a través de una nueva religión, la del dios Serapis con su mujer la diosa Isis y su hijo el dios Harpócrates y construyó muchos templos para el culto de esta tríada. El dios Serapis tomo diferentes formas dependiendo de las creencias de los egipcios y griegos; fué representado por el buey sagrado Apis " para los egipcios" y por la forma del dios Zeus " para los griegos". La diosa Isis, diosa egipcia fué vestida en forma griega y el hijo fue representado por un niño con el dedo en la boca.

En el año 1944 fueran descubiertas cerca de la "Columna de Pompeyo" las estelas de fundación de la construcción del templo de Serapis hechas por Ptolomeo III Evergetes ( 246-221 a. C.). El templo tenía la forma rectangular. Las diez estelas de fundación fueron colocadas en los cuatro rincones del templo; la primera era de oro, la segunda era de plata, la tercera de bronce, la cuarta de sedimento del Nilo, de la quinta a la novena de pasta de vidrio y la décima de fayenza. Encima de cada estela, había dos textos en jeroglífico y en griego. Otra estela en forma cuadrada, fue encontrada dentro del Serapeum estando datada en la época de Ptolomeo IV ( 221- 204 a. C.) .

El templo de Serapis fue destruído en la época del emperador romano Trajano ( 98-117), durante la revolución de los judíos en Alejandría. El templo fué reconstruído en la época del emperador Adriano (117-138) y también mandó hacer la estatua colosal del buey sagrado Apis que está expuesta en el Museo Grecorromano de Alejandría ( en sala núm. 6 ). Finalmente los cristianos destruyeron el Serapeum y su biblioteca en el año 391 y se construyó en su lugar la iglesia de San Juan el bautista, que permaneció hasta el siglo X d. C.



El Faro de Alejandría



El proyecto es concebido e iniciado por Ptolomeo Soter alrededor del 290 a. C. pero se completó después de su muerte y durante el reinado de su hijo Ptolomeo II Filadelfo, por Sostrato de Cnido de origen griego, un contemporáneo de Matemáticos. Era arquitecto, pero los cálculos detallados para la estructura y sus accesorios se efectuaron en la Biblioteca de Alejandría. El monumento se dedicó al dios Salvador: Ptolomeo I Soter y su esposa Berenice.

La construcción del Faro consistía en una amplia base cuadrada y una torre octogonal de unos 100 metros de altura. En la parte superior ardía leña y resina; ésa luz servía de aviso y señal a los navegantes. Para los marineros, significó un guía seguro para sus retornos al gran puerto. Para los arquitectos, significó aún más; era el edificio más alto sobre la tierra y para los científicos era lo misterioso; poseía un espejo que los fascinó. El espejo daba un reflejo que podría ser visto a más de 50 Km., fuera de la costa. Su ubicación se sitúa sobre la antigua Isla de Faros, ahora un promontorio dentro de la ciudad de Alejandría.







Fuera de la costa de la ciudad yace una pequeña isla: Faros. Su nombre, según la leyenda es una variación de la "Isla de los Faraones". La isla se conectó al territorio continental por medio de un dique, el "Heptastadium", que dió a la ciudad un puerto doble y a causa de sus condiciones de navegación peligrosa y la costa plana en la región, la construcción de un faro era necesaria. Por siglos, el Faro de Alejandría ( ocasionalmente se referían a él como el Faro de Faros) se usó para marcar el puerto, usando fuego de noche y reflejando los rayos del sol en el espejo durante el día.

De los " Seis Portentos Desvanecidos", el Faro de Alejandría fue el último en desaparecer, por lo tanto tenemos conocimientos adecuados y precisos de su ubicación y aspecto. Los cuentos antiguos nos dan una descripción breve de la torre y el magnífico mármol blanco que lo cubría. Ellos nos cuentan como el misterioso espejo según la leyenda era también usado para detectar y quemar buques enemigos antes que estos pudieran dar alcance al puerto.

En 1166 d. C., un viajero árabe llamado Abou-Haggag Al-Andalusí visitó el Faro, el cual documentó y nos dió una rica información con una precisa descripción de la estructura que ayudó a los arqueólogos modernos a reconstruir el monumento.

Se compuso de tres etapas: el cuadrado bajo de 55.9 mts. de alto con un núcleo cilíndrico, el medio octágono con una longitud de lado de 18.30 mts. y una altura de 27.45 mts y el tercero circular 7.30 mts. de alto. La altura total del edificio incluyendo la fundación base estuvo sobre 117 mts. El núcleo interno se usó como un eje para levantar el combustible que se necesitaba para dar fuego en la cima de la torre.

Aunque el Faro de Alejandría no sobreviva en la actualidad, dejó su influencia en diversos aspectos. Desde un punto de vista arquitectónico, el monumento se ha usado como un modelo para muchos prototipos a lo largo del mediterráneo y desde un punto de vista lingüístico, dió nombre a los faros de todo el mundo.

Alejandro no se quedó mucho tiempo para dar testimonio de la construcción de la ciudad y no podría saber que la pequeña Isla de Faros sería el sitio el que daría su nombre a la "Séptima Maravilla del Mundo".

Para acceder a la entrada existía una rampa abovedada larga. De allí, una escalera espiral que llevaba a las muchas cámaras que tenía y usadas quizás por bestias de carga para llevar combustible al tercer piso donde el fuego se quemaba en la cúspide.

La reconstrucción gráfica que ha seguido siendo la vista popular aceptada del Faro hasta el momento, ha sido la elaborada por Herman Thiersch, un alemán que escribió un gran trabajo al que tituló "Faros" y que ha servido como una referencia normal desde que se publicó en 1909. Thiersch estudió imágenes de las monedas, terracotas, y ciertos mosaicos romanos en Libia y Jordania. También emprendió un estudio de varios alminares, incluso en Egipto, los cuales se piensa copiaron la forma del Faro.

Hay un debate acerca de las posibles estatuas que se hallaban en el Faro, pues algunos autores suponen representaban a Poseidón, dios de los mares y Zeus. Otros han sugerido que hubo dos estatuas de los dioses Castor y Polux; los dioscuros griegos considerados protectores de los navegantes. Esta teoría esta basada en la inscripción de la dedicatoria que se talló en la pared del Faro, "Sostrato de Cnido, hijo de Dexífanes, en nombre de los marineros, a los salvadores divinos", mientras que la frase "salvadores divinos" habitualmente referida a éstos hijos gemelos de Zeus, pudo haber sido una ambigüedad deliberada para también permitirle referencia a Ptolomeo Soter ( El Salvador ) y Berenice e incluso a ambos ellos como verdaderos artífices de la construcción.

A los diecisiete siglos de su construcción, en el 285 a..C y a su destrucción final a mediados del siglo XIV de nuestra era, sirvió como ya comentamos de guía a marineros que se acercaban a la costa de Egipto.

El hecho de que sobreviviera todos ésos años y a pesar de su constante exposición a las violentas tormentas de invierno en Alejandría, claramente sugiere que nosotros estamos hablando de un edificio de calidad excepcional. Solamente los terremotos pudieron realmente dañar el Faro y hubo los suficientes como para acabar con él.

A partir del año 320 y 1303 de nuestra era, hubo distintas fuentes de información registradas por escritores clásicos y árabes. Entre los diversos escritos se cuenta que en el año 796, el Faro perdió su piso superior y 100 años después, el gobernador de Egipto, Ibn Tulun (868-884), construyó una mezquita abovedada en la cúspide.

Entre el año 950 y 956, las grietas empezaron a aparecer en las paredes y la torre perdió unos 22 metros de altura. En el año 1261 un terremoto la volvía nuevamente a dañar, cayendo parte de su estructura. Ciertamente, como un objeto de admiración por parte de los árabes se volvió también un objeto de cuidado y algunos emprendieron reparaciones.

En el año 1272 por ejemplo, el sultán Salah al-Din Yusuf ( Saladino ), hizo un trabajo de restauración y consiguió que el Faro sobreviviera hasta fines del siglo XIV.

El 8 de agosto de 1303 un violento terremoto agitó la zona mediterránea oriental. Los violentos temblores se sintieron en Grecia, el Levante y Delta de Nilo. Alejandría sufrió como ninguna particularmente éste terremoto como señaló Ibn Tagribardi: "Los príncipes a cargo de fundaciones religiosas pasaron largo tiempo ocupándose reparando los daños infligidos en las escuelas, mezquitas e incluso el Faro". El epicentro del terremoto debió de haber ocurrido lo bastante cerca.

En el año 1326, el viajero árabe Ibn Battutah, pasó por primera vez por Alejandría y escribió que él subió a la rampa que llevaba a la entrada de la torre. En su retorno a la ciudad en el año 1349 ésta ya no estaba y que el Faro estaba completamente en ruinas.

Permaneció así abandonado durante un siglo hasta que el sultán Mameluco, Quaitbay, decidió fortificar la defensa de Alejandría para lo cual construyó una fortaleza sobre las ruinas del mismo Faro, usando la piedra caída y el mármol blanco con que estaba recubierto.

Fuente: AE - Ahmed Kandil

viernes, 20 de enero de 2012

ALEJANDRÍA - I

La historia de la Civilización Egipcia se desarrolló durante más de tres milenios y treinta y una dinastías. Los antiguos egipcios (nilotas) formaron una compacta sociedad regida por el faraón, su dios viviente. Fué capaz de grandes obras y apegada a sus tradiciones fué pasando de un periodo a otro.El Egipto islámico que conocemos hoy, fue precedido por numerosas periodos históricos: faraónico, grecorromano, copto e islámico.

El periodo grecorromano de la Historia de Egipto y su capital Alejandría, una de las ciudades más maravillosas del mundo antiguo, centro del saber y de la cultura.

La ciudad de Alejandría


La segunda ciudad más grande de Egipto, Alejandría, tiene una atmósfera más mediterránea que media oriental.


Fundada por Alejandro Magno en el año 331 a. C., Alejandría simbolizada por Faros, el faro legendario que era uno de los "Siete Portentos del Mundo", fué donde tuvo lugar la recordada escena para la relación entre Cleopatra VII y Marco Antonio. Alejandría era también el centro de aprendizaje en el mundo antiguo.

Cuando Napoleón visitó la antigua Alejandría ya no era la reluciente capital del mundo antiguo y en ella encontró a una escasa población dedicada a la pesca. Desde el siglo XIX, Alejandría tomó un nuevo papel, como un foco para Egipto en su expansión comercial y marítima. Alejandría ha sido inmortalizada por escritores tal como E.M. Forster y Cavafy.

La fundación de Alejandría

Alejandro Magno "Rey de Macedonia" llegó a Egipto en el año 332 a. C., después de haber vencido al rey persa Dario III. Los egipcios aceptaron a Alejandro como libertador de Egipto de la "Dominación Persa".

Alejandro entró a Egipto por el lado este y se dirigió a la antigua capital Menfis donde se le declaró Faraón en el templo del dios Ptah. Luego visitó el templo de Amón-Ra en el Oasis de Siwa donde se le hizo hijo de Amón-Ra.

En su camino le había atraído mucho un pueblo llamado "Rakotis", habitado por los pescadores y situado entre el mar Mediterráneo y el lago Mariout y decidió construir su nueva capital en el mismo lugar que este pueblo en el año 331 a. C.

Alejandría que llevó su nombre, se hallaba enfrente de una isla llamada "Faros".
El arquitecto de la nueva capital fué Dinocrates de Rodas, que aplicó el plano de las calles utilizado desde el siglo V a. C., cruzando las dos calles principales una con la otra en línea recta como un tablero de ajedrez: la calle central, la calle conopial actualmente "calle de Horria " y la calle longitudinal que cruza la ciudad del este al oeste.

Dinocrates de Rodas conectó la ciudad con la Isla de Faros a través de un dique llamado en griego Heptastadium ( de Hepta, el numero 7 y stadium, unidad de longitud -185 mts-). El dique medía de longitud 7 stadium ( casi 1300mts ).

Como resultado de la construcción del Heptastadium se formaron dos puertos ( harbours ) que todavía existen en la actualidad: el puerto del este llamado "Portus Magnas" que quiere decir el "gran puerto" y considerado el puerto más importante de la antigua Alejandría y el puerto del oeste llamado " Portus Eunostos" que quiere decir el "puerto del buen regreso", que sigue siendo el puerto actual de Alejandría.

Los Griegos existieron en Egipto antes de la llegada de Alejandro. Muchos comerciantes y mercenarios habitaron la ciudad de " Naucratis" que fue construida en el siglo VII a. C., en el delta del Nilo y cerca de la capital Sais. También muchos viajeros y historiadores como Heródoto visitaron Egipto en el siglo V a. C.

Alejandría fue dividida en cinco distritos llamados como las primeras letras del alfabeto griego. En el "Distrito Real" llamado "Alfa" situado muy cerca del puerto del este habitaron los griegos y macedónicos, en el popular barrio "Delta" o "Distrito Rakotis" habitaron los judíos y los nativos egipcios en el "Distrito Faros".

Con la llegada de Alejandro empezó una nueva era en la Historia de Egipto mezclando las dos culturas ( la era Helenística 332 - 30 a. C.) de casi tres siglos, empezando por Alejandro y terminando con Cleopatra VII. Alejandro dejó Egipto muy pronto en dirección a Babilonia para continuar su lucha contra los Persas, dejando a Cleomenes de Naucratis a la cabeza de la administración financiera. Alejandro fue representado en muchos relieves dando ofrendas a los dioses egipcios en los templos y murió en Babilonia en el año 323 a. C, a la edad de 33 años.

Después de Alejandro

La unidad política de Grecia, tan difícilmente impuesta, en ningún caso estaba asegurada. Alrededor del año 323 a. C. se produjo la abierta rebelión de una alianza de ciudades griegas con un ejército que contaba con 8.000 antiguos mercenarios de Alejandro. Antípatro, general en jefe de los macedonios, pasó el invierno sitiado en Lamia, ciudad costera que controlaba la ruta principal entre Tesalia y el sur, pero en el año 322 a. C., la victoria de Cranon, en el centro de Tesalia, que no fué sangrienta ni demoledora, fué suficiente para restablecer la supremacía de Macedonia. Demóstenes se suicidó y la democracia de Atenas se vió limitada a la clase alta y media y se instaló un destacamento macedónico.

El discurso fúnebre de Hiperides por los muertos atenienses de ese año los alababa en términos que reconocían implícitamente el mito de Alejandro. Serían bienvenidos en el Hades, dijo, por los héroes y semidioses que habían combatido contra Troya y contra Persia. Durante esos pocos años la propia Grecia había agotado gran parte de su poder político. En Atenas, entre conflictos interrumpidos, protestas y argucias, la escuela de los grandes filósofos mantuvo la posición de la ciudad como capital del mundo intelectual, pero la expansión de su propio mundo les había empequeñecido. En el siguiente siglo, por el este, una avalancha de nómadas partos, futuros gobernantes de Persia, aislaría las provincias macedonias interiores, si bien durante generaciones, los macedonios aislados sobrevivirían con soberanía propia.

El nuevo reino indio de Chandragupta atenazaba las fronteras meridionales desde el este; había que pagar 500 elefantes para tener vía libre. En occidente, Alejandro de Molosia, cuñado de Alejandro Magno, había encontrado la muerte en una campaña independiente en el sur de Italia; Pirro de Epiro, rey desde niño en el año 307 a. C. sería el primer griego que lucharía contra Roma. No existía una ciudad de la Grecia continental que tuviera los recursos físicos para competir en ese mundo.

Cualquiera de los grandes generales macedonios que ahora, teniendo en sus arcas los tesoros persas se disputaban el mundo, estaban en condiciones de emplear mercenarios en una escala imposible de igualar por una sola ciudad. Los elefantes que llevaban los nuevos castillos de batalla inventados por los griegos, pasaban de rey a rey por herencia y por tratados. Pirro los llevó a Italia.

Las disputas de los generales macedonios produjeron el caos a escala mundial. Los dos comandantes naturales eran Perdicas en Asia, que estaba en posesión del hijo póstumo de Alejandro y en Europa, Antípatro, último general superviviente de Felipe.

La corona de Macedonia se repartió entre un medio hermano de Alejandro, de inteligencia mediana y su hijo. Los demás generales eran señores locales: Ptolomeo en Egipto, Antígono en Frigia, Seleuco en Babilonia y Lisímaco en Tracia. Perdicas fué el primero en caer, muriendo en el año 321 a. C. a manos de sus propios hombres cuando intentaba invadir Egipto. Antípatro murió en el año 319 a. C.

El hijo de Antípatro, Casandro, asesinó al poco esclarecido rey, a la madre de Alejandro y por último, al niño que, quizá para suerte suya, sólo vivió hasta los trece años. El propio Casandro murió en el año 298 a. C., mientras tanto, Antígono y su hijo Demetrio se mostraban activos en Grecia. La plenitud de su poder se produjo entre los años 307 y 303 a. C., pero al año siguiente Antígono murió combatiendo contra Seleuco y sus elefantes. Demetrio sobrevivió, con buenas y malas rachas hasta el año 285 a. C., en que se vió obligado a capitular ante Seleuco, entregándose a la bebida y muriendo al cabo de dos años. El único sucesor directo de Alejandro que murió en la cama fue Ptolomeo.

Demetrio se había casado con una hija del viejo Antípatro, y su hijo, Antígono Gonatas, llegó en su momento a ser rey de una nueva Macedonia. Ptolomeo se había casado con otra de las hijas de Antípatro y el hijo de ambos, Ptolomeo el Rayo, cuando el poderío de Seleuco estaba en su apogeo, asesinó al señor de la guerra en el año 280 a. C. Pero Ptolomeo el Rayo nunca gobernó Egipto; su padre había expulsado a su madre, dejando Egipto para un hijo bastardo: el Ptolomeo que fuera patrón de los últimos poetas griegos.

Ptolomeo el Rayo realizó la mayor parte de sus campañas en el norte. Murió durante la gran incursión celta contra Grecia bajo el mando de Breno, en el año 279 a. C., período en que Pirro de Epiro se dirigía con sus elefantes a invadir Italia.

Alejandro y los Lagidas


Después de la muerte de Alejandro se dividió su imperio en colonias gobernadas por sus generales militares en nombre del rey de Macedonia, Felipe Arrideo, hermanastro de Alejandro y Alejandro IV, hijo de Alejandro y de su mujer Roxana.






Egipto pasó a ser gobernado por el general Soter "Salvador", hijo de Lagos ( de lo cual viene la palabra los Lagidas ), que tuvo el nombre de Ptolomeo y así se fundó la dinastía de los Ptolomeos y declarándose rey de Egipto en el año 305 a. C.

Alejandro, pidió que le momificaran después de su muerte y Ptolomeo I tuvo éxito en traer el cadáver de Alejandro, llevándolo a la antigua capital de Egipto, la ciudad de Menfis. El cuerpo fué puesto en un sarcófago de oro incrustado con piedras preciosas.



 

Fuente: AE - Ahmed Kandil

miércoles, 18 de enero de 2012

La máscara de Tutankhamón




Época: Dinastía XVIII, reinado del faraón Tutankhamón (1334-1325 a.C.)
Dimensiones: Alto: 54 cm.
Materiales: Oro, lapislázuli, cornalina, turquesa, pasta vítrea, cuarzo, obsidiana...
Lugar de conservación: Museo de El Cairo (JE 60672).
Lugar de localización: Tumba de Tutankhamón en el Valle de los Reyes (KV 62)[1]




 Fig. 1. Vista frontal de la máscara funeraria de Tutankhamón. Foto en Tesoros egipcios de la colección del Museo Egipcio de El Cairo (obra coordinada por F. TIRADRITTI), Barcelona, 2000, p. 235.

<<La máscara de oro batido, una bella y única muestra de la retratística antigua, tiene una expresión triste pero tranquila, evocando la juventud truncada prematuramente por la muerte>>. Con estas palabras describe Howard Carter la magnífica máscara que localizó cubriendo aún al faraón Tutankhamón[2]. El rostro del monarca, cuya tumba y ajuar funerario había conseguido preservarse bajo la aridez del Valle de los Reyes[3], se inmortaliza en esta singular obra de orfebrería. La célebre máscara del faraon es, por su belleza y maestría técnica, una de las más relevantes creaciones del arte faraónico y una de las obras de arte más remarcables en la historia de la humanidad (Fig.2).
 
Algunos incluso han afirmado que su apacible sonrisa es tan enigmática como la de la Gioconda. Sea como sea, lo cierto es que cualquiera que visita el Museo de El Cairo se siente arrastrado por su atractivo, siendo sin duda los 11 kilos de oro más hipnóticos que existen.


 Fig. 2. Máscara de Tutankhamón in situ, cubriendo aún la cabeza del fa-raón, y complementada con llamativos collares. La foto muestra algunos otros objetos, entre los muchos que se colocaron sobre la momia. Se observa también la resina endurecida que difi-cultó tanto las tareas.



 Fig. 3. Perfil de la máscara de Tutankha-món. La fotografía, tomada por H. Burton, el fotógrafo del equipo de Carter, muestra a la máscara antes de que le fuera vuelta a colocar la barba postiza


Siguiendo la tradición de las máscaras funerarias egipcias, también la de Tutankhamón muestra al difunto con los sentidos conectados, despierto, atento y vivo. La vivacidad queda especialmente plasmada en los ojos, subrayados por un perfil de lapislázuli que simula el maquillaje de cohol y que se extiende hacia las sienes. La mirada de las negras pupilas de obsidiana cobra mayor intensidad gracias a los retoques en rojo sobre el cuarzo con el que se realizó el globo ocular, simulando pequeñas venitas. La expresividad se incrementa aún más con la representación de detalles del lagrimal y con las cejas, largas y elegantes, que también se extienden hacia las sienes (Fig. 3).

El resto de la faz del monarca se plasma únicamente en oro, sin más incrustaciones que otorguen color a las mejillas, a la estilizada nariz, ni a los carnosos labios. No obstante, el cromatismo general de la máscara resulta sorprendente, lo que se consiguió con incrustaciones realizadas con piedras preciosas de colores y elementos vítreos[4]. Así se elaboró el amplio collar que se remata sobre los hombros con la cabeza de dos halcones y se realizaron las incrustaciones que hacen destacar la cabeza de buitre y de serpiente, símbolos de la autoridad del soberano sobre el Bajo y Alto Egipto, y que ornamentan la frente del soberano (Fig. 4 )

 
 Fig. 4. Detalle de los emblemas de poder, el buitre y la cobra, alusivos a Nekhbet y a Uadyet, ornamentando la frente del sobe-rano. Se puede observar el traba-jo detallado de los orfebres en estos elementos y la circunstancia de que no se hay incrustación en los ojos del buitre. Detalle de foto en T. G. HENRY JAMES, Tutankamón, Barcelona, 2001, p. 97.


A las inconfundible facciones del rostro de Tutankhamón hay que sumar otros elementos que son frecuentes en su iconografía: la representación de las líneas de la papada[5] y las grandes perforaciones para poder lucir amplios pendientes. Además, hay un detalle prácticamente imperceptible: las orejas no están colocadas de forma completamente simétrica, quedando una algo más alta que la otra y ligeramente desplazada. Por lo demás, la máscara es completamente simétrica e incluso es muy regular el grosor de la placa de oro que la conforma. Únicamente las radiografías delatan alguna irregularidad en la zona de una de las mejillas. También los Rayos X permiten descubrir que la máscara se realizó mediante dos placas de metal batido cuya unión surca el rostro del monarca, lo que resulta imperceptible debido a la magnífica calidad del acabado (Fig. 5).

 

 Fig. 5. Radiografía de la máscara de Tutankhamón. Se puede apreciar la uniformidad del grosor del metal, a excepción de una irregularidad en la zona de la mejilla izquierda. Lo más llamativo, no obstante, es que se hace patente que la máscara está integrada por dos partes que se unen en la parte central, surcando el rostro del rey. N. REEVES, Todo Tutankamón. El Rey. La tumba. El tesoro real, Barcelona, 1991, p. 114.

En el antiguo Egipto la máscara funeraria llegó a ser una pieza relevante en el equipamiento funerario[6]. La función de este objeto era proteger, y a la vez reproducir idealizadamente, los rasgos de la persona. De este modo, teóricamente, la máscara contribuía a que los difuntos pudieran perpetuar su identidad, dando además a la momia un aspecto reconocible. Era, por tanto, un objeto intensamente mágico, propiciador de la perduración y, a la vez, como toda las máscara ritual, era expresión de tránsito y de metamorfosis[7]: muestra a su portador en un estado renovado, con vida y con los sentidos conectados tras el tránsito de la muerte, preparado para acceder a la nueva existencia en el Más Allá.

Pero el joven Tutankhamón no era estrictamente un hombre: como faraon de Egipto simbolizaba un dios. Y, según la tradición, la carne de los dioses, inalterable y luminosa, era de oro[8]. El metal, además, fue
considerado un potente símbolo solar: su brillo y color se asimiló con el astro benefactor.

Simbólicamente la máscara de Tutankhamón muestra mucho más que el rostro de un joven monarca, ya que la identificación del oro con la materia divina y con el sol, le otorga una dimensión extraordinaria: Tutankhamón mira a la eternidad con el atuendo propio de un faraon de Egipto, transfigurando su carne perecedera en la incorruptible carne de un dios; amaneciendo a la nueva existencia con la capacidad renovadora y la energía del propio sol.

No obstante, la máscara de Tutankhamón ofrece todavía más intensidad como talismán mágico, ya que en la parte posterior se cinceló una versión del Capítulo 151 del Libro de los Muertos. En dicho texto se identifican distintas partes del rostro del soberano, con diversas entidades divinas: las barcas del día y la noche, Anubis, Shu, Horus, Ptah-Sokar, la Enéada… Estas identificaciones no sólo tienen un papel importante en la protección del faraon contra los múltiples enemigos del mundo inferior. (Fig. 6).


Fig. 6. Parte posterior de la máscara funeraria de Tutankhamón, donde se luce el recogido de tocado nemes que se remata con una especie de tranzado que cae por la espalda. Cincelado sobre el oro se observa el Capítulo 151b del Libro de los Muertos. Foto Susana Alegre García.

<<¡Salve, hermoso rostro, dotado de vista, hecho por Ptah-Sokar, dispuesto por Anubis, a quien Shu dio la elevación, el más hermoso rostro entre los dioses! Tu ojo derecho es la barca de la noche, tu ojo izquierdo es la barca del día, tus cejas son la Enéada, tu cráneo es Anubis, tu nuca es la de Horus, tu corona es Tot, tu trenza es la de Ptah-Sokar. Estás en la frente de N., que está dotado de hermosos honores junto al gran dios y ve gracias a ti; ¡condúcelo por buenos caminos, que golpee para ti a los aliados de Set, y derribe para él sus enemigos bajo él, junto a la Gran Enéada en el Gran Castillo del Príncipe que está en Heliópolis! ¡Toma los buenos caminos ante Horus, señor de los hombres, N.!>>[9].

El texto del Libro de los Muertos alude a la idea de que los sentidos del difunto se encuentra activados, dando relevancia a la vista e incluso relacionando los ojos con la Barca del Día y la Barca de la Noche. Es decir, es como si el difunto pudiera ver tanto bajo la luz del sol como en la oscuridad, como si su tránsito no pudiera ser detenido, como si en cualquier lugar y circunstancia pudiera ver y estar protegido. Un tránsito en el que va a gozar con el amparo de algunos de los dioses más relevantes de Egipto, incluso puede contar con el poder de la Gran Enéada. En realidad, él mismo fue hecho por Ptah-Sokar, su cráneo es Anubis, su nuca es Horus… Pero, además, el texto alude a la capacidad de imponerse sobre los terribles aliados de Set, a los que el difunto va a vencer como Horus, escenificando la lucha arquetípica que impone desde el principio de los tiempos al orden sobre el caos.

La máscara de Tutankhamón, complementada con el texto del Capítulo 151b, es un camino adecuado hacia la eternidad. Un camino en el que su portador es capaz de imponerse sobre las fuerzas de la oscuridad y del caos, y en el que su rostro se sublima identificándose en una expresión el conjunto de los dioses, referenciando así el conjunto de la existencia.



El texto expresa un compendio de dualidades: el día y la noche, lo luminoso (Shu) y lo oscuro (Anubis), la creación y la muerte (Ptah-Sokar), el orden (Horus) y el caos (Set). Dualidades que no son más que una expresión de la totalidad del cosmos, de la misma forma que el buitre y la cobra son simbolos.


Más que una transfiguración se pude afirmar que la máscara de Tutankhamón implica un "desenmascaramiento". Desde esta perspectiva, la máscara de rey no oculta nada, lo que consigue es mostrar su auténtica naturaleza como garante del cosmos, como supremo dios solar, como poderosa entidad divina que ha superando los obstáculos de una vida terrena en la que se ha ocultado, enmascarado, tras la piel y tras la carne.



[1] J. CARTER (y A.C. MACE), The Tomb of Tut.ankh.amen, 3 vols., Londres, 1923-1933.
[2] La extracción de la máscara y de otros elementos situados en el interior del sarcófago, incluso de la propia momia, fue un trabajo complejo que todavía se dificultó más debido a las resinas que habían colocado en la antigüedad y que se habían convertido en una pasta dura y ennegrecida que dificultó enormemente la tarea. La momia sufrió muchos daños, pero tampoco se pudo evitar el rallado y otros desperfectos de algunos de los objetos, la máscara no fue una excepción. Llama la atención, por ejemplo, que en las primeras fotos de la máscara ya extraída de su emplazamiento original, la barba postiza no aparece; siendo posteriormente recolocada en su lugar (Foto 3). A pesar de lo difícil que resultaba el trabajo de extracción, no obstante, Howard Carter afirmó que uno de los momentos más emocionantes de sus trabajos en la tumb del rey fue el instante en que le retiró la máscara y pudo ver la cara de Tutankhamón que conservaba aún, incluso, las pestañas. Ver notas de Carter y las primeras fotografías de la máscara, realizadas por H. Burton, el fotógrafo del equipo que excavó la tumba en http://www.ashmolean.org/gri/carter/256a.html
[3] El ajuar no estaba completamente intacto. Durante los trabajos de excavación se pudo determinar que el enterramiento había sufrido al menos dos saqueos.
[4] A diferencia de las máscaras funerarias reales localizadas en Tanis, que se caracterizan entre otros aspectos por la monocromía.
[5] Aunque en esta ocasión es mucho más suave que la papada mostrada en otros retratos del monarca, como, por ejemplo, el que le muestra emergiendo de una flor de loto. Ver por ejemplo en Tutankhamón y el loto
[6] No únicamente las momias portaron máscaras, en antiguo Egipto se utilizaron máscaras en otros contextos de carecer ritual y litúrgico. Ver un resumen y bibliografía complementaria de su uso en I. SHAW y P. Nicholson en Diccionario Akal del Antiguo Egipto, Madrid, 2004, pp. 216-216.
[7] Sobre la trascendencia mágica de la máscara ver por ejemplo J.E. CIRLOT en Diccionario de símbolos (Barcelona, 1982, pp. 299-3000). El autor recoge la idea de que toda máscara tiene algo vinculado con lo misterioso y, a la vez, con lo vergonzoso. La ocultación propicia la transfiguración y tiene un efecto mágico de transformación. Convierte a su portador en lo que desea ser, en "otra cosa". La máscara, a nivel simbólico, equivale a una especie de crisálida.
[8] Se establecieron otras identificaciones de materiales preciosos y piedras con las distintas partes de los dioses: el pelo, de lapislázuli; los huesos, de plata; la sangre, de cornalina…
[9] Traducción del Capítulo 151B del Libro de los Muertos en P. BARGUET, El Libro de los Muertos de los antiguos egipcios, 2000, Bilbao, p. 218. He "corregido" en el texto la corrección y aclaraciones que hace P. BARGUET sobre la idoneidad de traducir "máscara" en lugar de "dedo" en una de las frases, y he preferido terminar  aludiendo a "los hombres" en lugar de a "los pat".

Fuente: AE - Susana Alegre García

lunes, 16 de enero de 2012

Tutankhamón y el loto

Época: Dinastía XVIII, reinado del faraón Tutankhamón (1334-1325 a.C.)
Dimensiones: Altura: 30 cm.
Material: madera estucada y pintada.
Lugar de conservación: Museo de El Cairo
Lugar de localización: tumba de Tutankhamón en el Valle de los Reyes (KV 62)[1]




Fig. 1. Vista frontal. Foto en Tesoros egipcios de la colección del Museo Egipcio de El Cairo (obra coordinada por F. TIRADRITTI), Barcelona, 2000, p. 239.
 



Los artistas egipcios tienen la merecida reputación de haber sido unos magníficos escultores, consiguiendo resultados extraordinarios con una variada gama de piedras. Pero también hay que tener en cuenta la habilidad que demostraron en la realización de tallas. El magnífico retrato de Tutankhamón sobre una flor de loto, conservado en el Museo de El Cairo[2], por su originalidad, su intensidad simbólica y su elegancia, es una elevada expresión de la maestría que también alcanzaron en el trabajo realizado con madera (Fig. 1).

La pieza, a pesar de su belleza y calidad, ha sido conocida especialmente por la controversia que en su día suscitó su localización aparentemente sospechosa en la tumba de Ramsés XI, lugar utilizado como espacio de trabajo y almacenaje durante el vaciado de la tumba de Tutankhamón[3]. Parece que allí  fue encontrada por miembros del Servicio de Antigüedades en un lugar inhabitual y metida en un embalaje poco corriente. El arqueólogo Howard Carter, para resolver la situación y acallar las sospechas de sus posibles pretensiones de “hacerla desaparecer”, declaró entonces que la singular figurilla había sido localizada en la zona del corredor y que aún no había sido inventariada complemente[4].

Se estable, por tanto, que la talla inventariada por Carter con el nº 8[5] fue localizada durante las excavaciones en el corredor de acceso a la tumba[6]. No obstante, se ha supuesto que este espacio no debía ser su emplazamiento original, es decir, el lugar en el que fue colocada por quienes enterraron a Tutankhamón. Dado que hay pruebas de que la tumba sufrió diversos robos en la antigüedad, se ha considerado que algunos elementos aparecidos en el corredor pudieron ser desechados por los ladrones, mezclándose luego con el material de relleno[7].

 



 Fig. 2. Vista lateral. Foto gentileza de Carmen Bertrán.




El objeto que nos ocupa, en principio, tiene una función de carácter simbólico y propiciatorio, es decir, se trata de una especie de sofisticado talismán. Su diseño sencillo, pero altamente narrativo, está integrado por tres elementos: una base de color verde aturquesado sobre la que se encaja y sustenta un gran loto abierto; y sobre la flor, de forma austera, sin ningún elemento ornamental ni tocado, se alza el rostro de Tutankhamón.

La cara del monarca fue plasmada con rasgos aniñados, de labios carnosos, reflexiva sonrisa, nariz delicada y grandes ojos almendrados de pupila oscura. Por sus dimensiones y por el hecho de destacarlos con un intenso perfil negro, los ojos resultan muy llamativos, siendo además subrayados por las elegantes cejas. Y para dar aún mayor vivacidad a la mirada, el fondo blanco se matizó con leves toques rojizos, emulando las pequeñas venas del globo ocular (Fig. 2).

Sobre la piel, de color terroso, resaltan en el cuello de Tutankhamón los pliegues de una marcada papada. También se muestra con detalle las orejas del rey y las perforaciones que servían para que pudiera lucir pendientes que, a juzgar por la variedad localizada en su tumba, debían ser unas de sus joyas predilectas.

No obstante, posiblemente el detalle más magnífico y singular de esta obra sea el punteado realizado sobre el cráneo, representando el arranque leve del pelo afeitado que lucía el monarca. Resultando también muy llamativa la forma de la cabeza, alargada y deformada, evidenciando influencias del arte amarniano (Fig. 3).

 


 Fig. 3. Detalle. Foto en T.G. HENRY JAMES, Tutanka-món, Barcelona, 2001, p. 133.



Para poder interpretar esta obra, resulta fundamental adentrarse en las complejas implicaciones que en el antiguo Egipto tuvo una planta como el loto. En concreto, aunque también se representaron otros tipos en el arte egipcio, el loto más cargado de significados y el más recurrente en la iconografía es el azul o Nymphaea cerulea[8]. Es precisamente sobre esta flor sobre el que se alza en la figurilla la cabeza del joven monarca.
El loto fue considerado uno de los principales emblemas territoriales de Egipto, aludiendo al Alto Egipto. La simbólica planta se representó como ofrenda a los dioses, siendo además una alusión a la belleza, a la vida y a la regeneración. A ello hay que sumar connotaciones sensuales y eróticas, siendo además frecuente en el arte egipcio que se muestre a los comensales de banquetes deleitándose con el perfume de estas flores, como dejándose llevar o embriagándose por la magia de su fragancia[9].

El loto azul tiene la peculiaridad de que su flor se abre a la luz del alba, para luego cerrarse en la oscuridad y volverse a abrir en el próximo amanecer. Ello inspiró una intensa asociación con el sol, y, por extensión, con los relatos cosmogónicos. En algunas versiones de esta mitología se narra que en las aguas primigenias, donde nada había sido aún diferenciado, emergió un loto que sirvió de punto de apoyo al sol[10]. Desde esta flor, primera manifestación de la existencia, un astro solar recién nacido consigue tomar impulso y elevarse en el firmamento; así se inicia el principio de los tiempos, así se pone en marcha la vida y el cosmos.

La mitología egipcia adoró al joven dios nacido del loto con el nombre de Nefertum, que fue una divinidad relevante en Menfis donde era considerado hijo de Ptah y Sekhmet; y en localidades como Buto se adoró como hijo de la diosa cobra Wadjet. En ocasiones, Nefertum llegó a identificarse con Harpócrates, Horus  Niño, y algunos documentos ya desde los Textos de las Pirámides aluden a su identificación con el faraón. Ello también se plasma en la iconografía del dios, siendo habitual que se le represente portando insignias y elementos de atuendo alusivos a la monarquía (Fig. 4).

 




 Fig. 4. Rey-sol emergiendo del loto. Dibujo en R.H. WILKINSON, Todos los dioses del Antiguo Egipto, Madrid, 2003, p. 132.

 En cuanto a la iconografía, Nefertum se representó ocasionalmente con forma de felino. No obstante,  lo más habitual es que se le muestre luciendo una corona integrada por un gran loto ornamentado con dos plumas, o presentado sobre un loto del que emerge como un joven sol (Fig. 5). La imagen que plasma a Tutankhamón sobre el loto, por tanto, debe vincularse a este tipo de narrativa, enmarcándose a su vez en el contexto de las estrategias tradicionales de divinización solar del rey.

El hecho de que el loto emerja de las aguas abriéndose al sol, para volver a esconderse con la llegada de la oscuridad,  también tuvo una lectura funeraria en el imaginario egipcio, viendo en el comportamiento del loto una metáfora del renacimiento vinculado con la luz: la oscuridad o mundo de la muerte es superada por el loto que consigue renacer y emerger a una nueva vida. La apertura del loto, su intenso perfume y la espectacularidad de su flor, era una especie de celebración de la llegada de un nuevo día, pero también contenía un significado de exaltación del proceso de resurgimiento a una renovada existencia. La planta, incluso, se presenta en alguno de los más relevantes textos religiosos del antiguo Egipto como una entidad en las que puede metamorfosearse el difunto. En el loto, por tanto, lo solar y lo funerario, como tantas otras veces, entran en estrecha confluencia.

En la talla localizada por Howard Carter en la tumba de Tutankhamón se representó un loto abierto al sol y además flotante, siendo el agua representada de forma esquemática por la sencilla base de color aturquesado. Sobre esa superficie líquida, la flor despliega sus pétalos y acoge en ellos al joven sol, identificado con el monarca, emulando así la imagen plasmada en los relatos cosmogónicos e identificando al monarca con la capacidad generatriz del comos. Es como si la talla mostrara una sucesión de "emergencias": la del loto surgido de las aguas y la de Tutankhamón surgiendo del loto como el propio sol, emulando a Nefertum en el primer amanecer. La edad de Tutankhamón, que era un niño cuando subió al trono y un muchacho cuando murió, posiblemente propició que fuera retratado en esta simbiosis.



Fig. 5. Nilo sol emergiendo del loto. Dibujo en Mitología y religión del Oriente Antiguo I, Sabadell, 1993, p. 61.
 

No obstante, lo cierto es que iconográficamente es en el Libro de los Muertos donde parece que podemos establecer el paralelo más directo a la representación mostrada por la talla. Es en este ámbito donde se plasma la imagen que muestra a un personaje humano como sacando la cabeza de los pétalos de un loto. Lo cierto es que en la pieza conservada en el Museo de El Cairo, Tutankhamón no está representado sobre el loto en la típica postura casi fetal con la que se muestra al astro solar en las escenas cosmogónicas. La talla muestra únicamente la cabeza del rey sobre los pétalos de la flor. Y, para esa narrativa resulta crucial remitirse a diversas viñetas del Libro de los Muertos, siendo fundamentales los Capítulo 81 A y B (Fig. 6). En el texto de estos capítulos, el difunto se metamorfosea en flor de loto para alcanzar la eternidad[11]. Es decir, la talla plasma en tres dimensiones la trasformación de Tutankhamón en flor de loto, para así poder emerger de la oscuridad de la muerte a la luz de la existencia.

 


Fig. 6. Difunto metamorfoseado en loto. Capítulo 81 del Libro de los Muertos. Foto en E. ROSSITER, Le Livre des Morts. Papyrus d'Ani, Hunefer, Anhaï, Londres, 1984, p. 60.



En definitiva, la figurilla tiene diversas vías de aproximación interpretativa. Se puede hacer primar una visión de carácter cosmogónico teniendo en cuenta especialmente la idea del sol niño emergido del loto en las aguas primigenias; o, sin olvidar las implicaciones solares del loto, hacer primar la idea de metamorfosearse en esta flor como medio de elevación y recurso para conseguir acceder a una nueva vida. Con una sencillez asombrosa y con la utilización de muy escasos elementos, la imagen de Tutankhamón sobre una flor de loto nos remite y aúna las tradiciones más puramente cosmogónicas y las más profundamente funerarias, consiguiendo una integración y una condensación narrativa extraordinarias.  Así, Tutankhamón es el sol niño que nació de un loto en lo indiferenciado para dar orden al cosmos; pero es también el difunto que se trasforma en loto para elevarse hacia el alba de una renovada existencia.


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[1] J. CARTER (y A.C. MACE), The Tomb of Tut.ankh.amen, 3 vols., Londres, 1923-1933.
[2] JE 60723.
[3] También se usaron para diversos menesteres la tumba de Seti II y la KV55, muy próxima a la de Tutankhamón, que fue utilizada por Harry Burton, el fotógrafo del equipo, como cámara oscura.
[4] Sobre este episodio, otras polémicas y aspectos poco conocidos de descubrimiento de la tumba y de los artífices del descubrimiento T. HOWING, Tutankhamun: the Unlotd Story, Nueva York, 1978. También en N. REEVES, Todo Tutankhamón. El rey. La tumba. El tesoro real, Barcelona, 1991, p. 66.
[5] http://www.ashmolean.org/gri/carter/008.html.
[6] Ver emplazamiento concreto en el plano presentado en el artículo de A. WIESE, Toutankhamon. Un "trésor funéraire" tout à fait habituel pour la XVIII dynastie (Fig. 2, p. 85) en el catálogo de la exposición Toutankhamon. L'or de l'au-delà. Trésors funéraires de la Vallée des Rois, París 2004, pp. 83-127.
[7] Sobre estos robos y el impacto que causaron en la tumba ver por ejemplo N. REVEES, Op. Cit., pp. 95-97.
[8] Sobre la simbología y diversos usos de esta planta en el antiguo Egipto ver L. MANNICHE, An Ancient Egyptian Herbal, 1989, pp. 126-127. También R. H. WILKINSON, Cómo leer el arte egipcio. Guía de jeroglíficos del antiguo Egipto, Barcelona, 1995, pp. 122-123; E. CASTEL, Egipto. Signos y símbolos de lo sagrado, Madrid, 1999, pp. 231-233; B. J. KEMP, 100 jeroglíficos. Introducción al mundo del Antiguo Egipto, Barcelona, 2006, pp. 41-42.
[9] Incluso se ha especulado con la posibilidad de que los egipcios pudieran conocer las facultades calmantes y narcóticas que contienen las flores y las raíces de estas plantas. Ver en. W. B. HAPER, Pharmatological and biological properties of the Egyptian lotus, JARCE 22, 1985, pp. 49-54. L. MANNICHE, Sacred Luxuries. Fragrance, Aromatherapy and Cosmetics in Ancient Egypt, Londres, 1999, pp. 99.
[10] El loto ocuparía el mismo papel mitológico que en otras versiones tiene la "colina primigenia", el "benben"….
[11] Capítulo 81 A <<Fórmula para tomar el aspecto de un loto. Palabras dichas por N.: Soy un loto puro que sale llevando al Luminoso, el que está unido a la nariz de Ra; he bajado a buscarlo para Horus. Soy puro, que dale de la pradera pantanosa>> en Capítulo 81 B <<Fórmula para tomar el aspecto de un loto. Palabras dichas por el Osiris, N.: ¡Oh loto, imagen de Nefertum, soy alguien que conoce tu nombre; y conozco vuestros nombres, dioses de todos del imperio de los muertos, porque soy uno de vosotros! Haced que vea a los dioses, las guías del Duat, y dadme un lugar, que está en el imperio de los muertos, al lado de los señores del Occidente; que yo ocupe mi lugar en el país sagrado, y que reciba las ofrendas ante los señores de la eternidad. Que mi alma salga por todos los lugares que elija, sin ser rechazada de la presencia de la gran Enéada>>. P. BARGUET, El libro de los Muertos de los antiguos Egipcios, Bilbao, 2000, pp. 119-120.

Fuente:  AE - Susana Alegre García