martes, 21 de febrero de 2012

SIMBOLISMO Y ANTROPOMORFISMO







El nombre de "símbolo", en su acepción más general, puede aplicarse a toda expresión formal de una doctrina, expresión verbal lo mismo que figurada: la palabra no pue­de tener otra función, ni otra razón de ser que la de sim­bolizar la idea, es decir, dar de ella, en la medida de lo posible, una representación sensible, por lo demás pura­mente analógica. Comprendido así, el simbolismo, que no es más que el uso de formas o de imágenes constituidas como signos de ideas o de cosas suprasensibles, y del cual el len­guaje es un simple caso particular, es evidentemente natu­ral al espíritu humano, por lo tanto necesario y espontáneo. Es también, en un sentido más restringido, un simbolismo intencional, premeditado, que cristaliza en cierto mo­do en representaciones figurativas, las enseñanzas de la doc­trina; y por lo demás, entre uno y otro no hay, a decir verdad, límites precisos, porque es cierto que la escritura, en su origen, fue por todas partes ideográfica, es decir, esencialmente simbólica, también en esta segunda acepción, por más que sólo en China haya permanecido así de mane­ra exclusiva. Sea como fuere, el simbolismo, tal como se le entiende comúnmente, es de un empleo mucho más cons­tante en la expresión del pensamiento oriental que en la del pensamiento occidental; y esto se comprende con facilidad si se piensa que es un medio de expresión mucho me­nos estrechamente limitado que el lenguaje usual; sugirien­do más aún de lo que expresa, es el sostén más apropiado para posibilidades de concepción que no podrían alcanzar las palabras. Este simbolismo, en el cual lo indefinido con­ceptual no es exclusivo de un rigor matemático, y que con­cilia así exigencias aparentemente contrarias es, pues, si así puede decirse; la lengua metafísica por excelencia; y, además, símbolos primitivamente metafísicos pudieron, por un proceso de adaptación secundaria paralela a la de la doctrina misma, volverse ulteriormente símbolos reli­giosos. Los ritos, sobre todo, tienen un carácter eminentemente simbólico a cualquier dominio que se vinculen, y siem­pre es posible la transposición metafísica para el significa­do de los ritos religiosos, lo mismo que para la doctrina teológica a la que están ligados; aun para los ritos simplemen­te sociales, si se quiere buscar su razón profunda, hay que remontarse del orden de las aplicaciones, donde residen sus condiciones inmediatas, al orden de los principios, es decir, a la fuente tradicional, metafísica en su esencia. No pre­tendemos decir, por otra parte, que los ritos no sean mas que puros símbolos; son esto sin duda, y no pueden dejar de serlo, so pena de estar totalmente vacíos de sentido, pero se les debe concebir al mismo tiempo como poseedores en sí mismos de una eficacia propia, como medios de reali­zación que obran con vistas al fin al cual están adaptados y subordinados. Ésta es, evidentemente, en el plano reli­gioso, la concepción católica de la virtud del "sacramento"; es también, metafísicamente, el principio de ciertas vías de realización de las que diremos algunas palabras después, y es lo que nos ha permitido hablar de ritos propiamente metafísicos. Además, se podría decir que todo símbolo, cuando debe servir esencialmente de apoyo a una concep­ción, tiene también una eficacia muy real; y el mismo sacramento religioso, mientras es un signo sensible, tiene precisamente este mismo papel de sostén para la "influencia espiritual" que hará de él el instrumento de una regeneración psíquica inmediata o diferida, de manera análoga al caso en el cual las potencialidades intelectuales incluidas en el símbolo pueden suscitar una concepción efectiva o sólo virtual, en razón de la capacidad receptiva de cada uno. En este aspecto, el rito es también un caso particular del símbolo: es, podría decirse, un símbolo "producido", pero a condición de ver en el símbolo todo lo que es él en realidad, y no sólo su exterioridad contingente: aquí, como en el estudio de los textos, hay que saber ir más allá de la "letra" para dar paso al "espíritu". Ahora bien, esto es pre­cisamente lo que no hacen por lo común los occidentales: los errores de interpretación de los orientalistas suministran un ejemplo característico, porque consisten muy a menudo en desnaturalizar los símbolos estudiados, de la misma ma­nera que la mentalidad occidental, en su generalidad, desnaturaliza espontáneamente los que encuentra a su alcance. El predominio de las facultades sensibles e imaginativas es aquí la causa determinante del error: tomar el símbolo mismo por lo que representa por incapacidad de elevarse has­ta su significado puramente intelectual, tal es, en el fondo, la confusión en la que reside la raíz de toda "idolatría" en el sentido propio de esta palabra, el que le da el Islamismo de manera particularmente precisa. Cuando sólo se ve la forma exterior del símbolo, su razón de ser y su eficacia actual desaparecen igualmente; el símbolo no es más que un "ídolo", es decir, una imagen vana, y su conservación no es más que pura "superstición", hasta que no se encuen­tre alguien cuya comprensión sea capaz, parcial o integral­mente, de restituirle de manera efectiva lo que perdió, o por lo menos lo que no contiene ya sino en el estado de posibilidad latente. Este caso es el de los vestigios que deja tras de sí toda tradición cuyo verdadero sentido cayó en el olvido, y especialmente el de toda religión que la incomprensión común de sus adherentes reduce a un simple for­malismo exterior; citamos ya el ejemplo más notable quizá de esta degeneración, el de la religión griega. También en­tre los Griegos se encuentra en su grado más alto una ten­dencia que aparece como inseparable de la "idolatría" y de la materialización de los símbolos, la tendencia al an­tropomorfismo: no concebían sus dioses como representantes de ciertos principios, sino que se los figuraban verdadera­mente como seres de forma humana, dotados de sentimientos humanos, y obrando a la manera de los hombres; y estos dioses, para ellos, no tenían ya nada que pudiera distin­guirse de la forma con que los habían revestido el arte y la poesía, no eran nada literalmente fuera de esta misma forma. Una antropoformización tan completa dio pretexto a lo que se ha llamado, con el nombre de su inven­tor, el "evemerismo", es decir, la teoría, según la cual los dioses no fueron en su origen más que hombres ilus­tres; no se podría en verdad, ir más lejos en el sentido de una incomprensión grosera, más grosera todavía que la de ciertos modernos que no quieren ver en los símbolos antiguos más que una representación o un ensayo de explica­ción de diversos fenómenos naturales, interpretación cuyo tipo más conocido es la famosa teoría del "mito solar". El "mito", como el "ídolo", sólo ha sido siempre un símbolo incomprendido: el uno es en el orden verbal lo que el otro es en el orden figurativo; en los Griegos la poesía produjo el primero como el arte produjo el segundo; pero en los pueblos donde, como en los orientales, el naturalismo y el antropomorfis­mo son igualmente extraños, ni uno ni otro podían nacer, y no lo pudieron en efecto sino en la imaginación de los occidentales que quisieron hacerse los intérpretes de lo que no comprendían. La interpretación naturalista invierte propiamente las relaciones: un fenómeno natural puede, lo mis­mo que no importa qué en el orden sensible, ser tomado para simbolizar una idea o un principio, y el símbolo no tiene sentido ni razón de ser sino en tanto que es de orden inferior a lo simbolizado. De igual manera, es sin duda una tendencia general y natural del hombre la de utilizar la forma humana en el simbolismo; pero esto, que no se presta en sí a más objeciones que el empleo de un esquema geométrico o de cualquiera otro modo de representación, no constituye de ningún modo el antropomorfismo, siempre que el hombre no se engañe con la figuración que ha adoptado. En China y en la India, no hubo nunca nada semejante a lo que se produjo en Grecia, y los símbolos con figura humana, aun­que de uso corriente, no se tornaron "ídolos" jamás; y se puede hacer notar a este propósito cuánto se opone el sim­bolismo a la concepción occidental del arte: nada es menos simbólico que el arte griego, y nada lo es más que las artes orientales; pero ahí donde el arte no es más que un medio de expresión y como un vehículo de ciertas concepciones intelectuales, no se le podría evidentemente considerar como un fin en sí, lo que sólo acontece en los pueblos en los que predomina la sentimentalidad. Sólo a estos mismos pueblos les es natural el antropomorfismo, y. hay que notar que es entre ellos, por la misma razón, donde se pudo constituir el punto de vista propiamente religioso; pero, por otra parte, la religión se esforzó siempre en ellos por reaccionar contra la tendencia antropomórfica y por combatirla en principio, cuando su concepción más o menos falseada en el espíritu popular contribuyó a veces por el contrario a desarrollarla de hecho. Los pueblos llamados semíticos, como los Judíos y los Arabes, son vecinos en este aspecto de los pueblos occi­dentales: no podría haber, en efecto, otra razón para la pro­hibición de los símbolos con figura humana, común al Judaísmo y al Islamismo, pero con la restricción de que, en este último, jamás se aplicó rigurosamente entre los Persas, para los cuales el uso de tales símbolos ofrecía menos peligros, ya que, más orientales que los Arabes, y además de otra raza, estaban mucho menos inclinados al antropomorfismo.

Estas últimas consideraciones nos conducen directamente a explicarnos sobre la idea de "creación"; esta concepción, que es tan extraña a los orientales, con excepción de los musulmanes, como lo fue a la antigüedad grecorromana, aparece como específicamente judaica en su origen; la pa­labra que la designa es latina en su forma, pero no en la acepción, que recibió con el Cristianismo, porque "creare" no quiso decir al principio más que "hacer", sentido que ha guardado siempre en sánscrito, el de la raíz verbal "kri", que es idéntico a esta palabra; hubo ahí un cambio profundo de significado, y éste es, como lo hemos dicho, similar al del término "religión".

Es evidente que la idea de que se trata pasó del Judaísmo al Cristianismo y al Islamismo; y, en cuanto a su razón de ser esencial, en el fondo es la misma que la de la interdicción de los símbolos antropomórficos. En efecto, la tendencia a concebir a Dios como a  un ser más o menos análogo a los seres individuales y particular­mente a los seres humanos, debe tener por corolario natural, por donde quiera que existe, la tendencia a atribuirle un papel simplemente "demiúrgico", queremos decir una acción que se ejerce sobre una "materia" que se supone exterior a él, lo cual es el modo de acción propio de los seres individua­les. En estas condiciones, era necesario, para salvaguardar la noción de la unidad y de la infinitud divinas, afirmar expre­samente que Dios ha "hecho el mundo de nada", es decir, en suma, de nada que le fuese exterior, suposición que tendría por efecto limitarlo dando nacimiento a un dualismo radical. La herejía teológica es aquí la expresión de un absurdo metafísico, lo que por lo demás es el caso habitual; pero el peligro, inexistente en cuanto a la metafísica pura, se volvió muy real desde el punto de vista religioso, porque la absurdidad, en esta forma derivada, no apareció ya evidente. La concepción teológica de la "creación" es una traducción apropiada de la concepción metafísica de la "manifestación universal", y la mejor adaptada a la mentalidad de los pueblos occidentales; pero no hay, por lo demás, equivalencia que establecer entre estas dos concepciones, puesto que hay necesariamente entre ellas toda la diferencia de los puntos de vista respectivos a los cuales se refieren: éste es un nuevo ejemplo que viene en apoyo de lo que expu­simos en el capítulo precedente.

  Fuente:  René Guénon

domingo, 19 de febrero de 2012

Egipto inaugurará su Gran Museo en agosto de 2015 con más de 100.000 piezas




El Gran Museo Egipcio, un proyecto faraónico que ha sufrido innumerables retrasos, se inaugurará con una gran celebración en agosto de 2015 y albergará más de 100.000 piezas arqueológicas junto a las Pirámides de Guiza.

El ministro de Antigüedades egipcio, Mohamed Ibrahim, anunció hoy que la tercera y última fase de la construcción de este museo correrá a cargo de las empresa egipcia Orascom y la belga B6, con las que firmó la víspera el contrato, aunque en el pasado había sido adjudicado a otra compañía.

Esta fase concluirá en agosto de 2015, fecha en la que se organizará una "gran celebración internacional" para inaugurar el proyecto, según dijo Ibrahim en un comunicado.

La construcción del Gran Museo Egipcio empezó en 2002 y en febrero del 2010 el entonces secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades (CSA), Zahi Hawas, anunció que el museo abriría sus puertas al público a mediados del 2012 después firmar un contrato con la estadounidense Hill International.

Pese a los retrasos y cambios, este gran proyecto sigue adelante y ofrecerá más de 20.000 oportunidades de trabajo, 5.000 de ellas durante el proceso de construcción de la tercera fase, que costará 300 millones de dólares y ha sido financiada por Japón y más de 150 donaciones locales e internacionales.

Está previsto que el museo, que ocupa 117 hectáreas en la meseta de las Pirámides, sea un centro cultural internacional, ya que es el más grande e importante sobre la historia del Antiguo Egipto.

La entrada estará presidida por la colosal estatua de Ramsés II, que nació en 1.304 a.C. y murió en 1.237 a.C, y que fue trasladada en 2006 de la céntrica plaza cairota de Tahrir a su nuevo emplazamiento antes del comienzo de las obras.

Las autoridades egipcias confían en que el museo reciba cinco millones de visitantes al año, una cifra que esperan aumente a ocho millones dos años después de su inauguración.

Las primeras dos fases del museo, cuyo presupuesto total se calcula en 550 millones de dólares (430.450 euros), han incluido la construcción de un centro internacional de estudio de la momificación y unos grandes almacenes para albergar las piezas arqueológicas.

Fuente: http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=1062219
            AE 

La civilización egipcia cristiana, en el CaixaForum






La importancia del Egipto faraónico y el islámico ha eclipsado en la historia de las civilizaciones antiguas la existencia de los coptos, los cristianos de Egipto. Se trata de una cultura muy antigua, que se remonta a los primeros siglos de la era cristiana y que transporta a los espectadores al mundo del cristianismo primitivo.

Una civilización que fuera de Egipto no tiene mayor representación que la exposición permanente que ofrece el Museo del Louvre, convirtiéndose en la más importante del mundo por detrás del Museo Copta del Cairo. Ahora, esa colección de antiguedades coptas se traslada a Ciutat gracias a las tareas de restauración de su sala permanente. El Museo del Louvre las cede a la obra social La Caixa, que ha organizado una exposición, que puede verse desde hoy y hasta el 6 de mayo de 2012 en el CaixaForum de Palma.

Un altre Egipte, comisariada por Marie-Hélène Rutschowscaya y Dominique Bénazeth, conservadoras del departamento de antigüedades Egipcias del Museo del Louvre, pretende acercar a los espectadores la historia de los cristianos de este país, desconocida para el gran público.

La civilización copta nació en Egipto durante la época romana y se convirtió en mayoritaria hasta la conquista árabe a mediados del siglo VII d.C. Con el tiempo, los coptos fueron incorporando elementos de todas las grandes civilizaciones de la antigüedad –faraones, griegos, romanos y la cultura árabe– junto con las propias tradiciones de origen ancestral de las ribas del Nilo. El resultado fue una comunidad que poseía una sensibilidad especial por los antepasados y un cruce de lenguas y culturas que fue evolucionando a lo largo del tiempo en función de las transformaciones de Egipto y de los países de su entorno geográfico.

Todo ello a partir de las telas, tapices, pinturas, cerámicas, papiros, vestidos, herramientas de la vida cotidiana que se encontraban a menudo enterradas junto a las tumbas y una reconstrucción de una iglesia copta con piezas restauradas para la ocasión y que se exponen por primera vez.

Fuente: Diario de Mallorca
http://www.diariodemallorca.es/sociedad-cultura/2012/02/16/
civilizacion-egipcia-cristiana-caixaforum/744957.html

AE - Roberto Cerracin

Los dos colosos de Memnon ya son tres






 A los dos colosos de Memnon, uno de los iconos más emblemáticos y eternos del Egipto faraónico, que reciben al viajero a la entrada de la necrópolis de Luxor, en la orilla oeste del Nilo, les ha salido un hermano. Un tercer coloso se yergue desde esta semana cien metros por detrás de las dos famosas estatuas, consideradas epítome de las maravillas y misterios egipcios y admiradas ya por los primeros turistas griegos y romanos.

Esta tercera estatua, también de cuarcita, formaba parte asimismo de la decoración monumental original del arrasado templo funerario de Amenofis III y cayó derrumbada, con su pareja (los colosos del edificio iban de dos en dos), durante un terremoto alrededor del 1.200 antes de Cristo.

La enorme escultura, el coloso norte de la segunda pareja, originalmente de 15 metros de altura, un poco más pequeña que sus dos famosos hermanos, de 18 metros y que también representa a Amenofis III (lo de Memnon es una atribución griega), quedó fragmentada en el suelo y con el tiempo fue semienterrada por agua y barro al subir el nivel freático. Se la redescubrió en 2002 y se la arrastró hasta terreno sólido donde se procedió a restaurarla mientras se consolidaba con cemento su pedestal. Después, se la ha llevado otra vez a su emplazamiento y se ha procedido a la delicadísima operación de volver a levantar semejante monstruo de piedra, proceso que culminó el lunes.

La recuperación del nuevo coloso la dirige desde 2004 un español, Miguel Ángel López Marcos (Soria, 1963), especialista en conservación de la piedra. En la actualidad se están añadiendo otros fragmentos a la estatua, como el pie derecho del rey y bloques de la base, de cara a la inauguración oficial de la misma, el 1 de marzo (al acto le seguirá un congreso científico en el que se explicará el proceso de recuperación).

“Lo más difícil ha sido levantarla”, explica telefónicamente desde Lúxor López Marcos. “Pesa 250 toneladas y estaba rota por cuarenta sitios”. Quedarán aún por recolocar pierna, pecho y cabeza, de entre 14 y 23 toneladas. En esta sensacional operación, que es como leer el poema de Shelley Ozymandias al revés —aquí el faraón resucita del olvido y restablece su abatido orgullo—, se incluye para el verano de 2013 recuperar también la pareja de esta estatua, el coloso sur, hallado en 2003 y que está siendo tratado por el equipo de conservación que trabaja en el monumento.

¿Tendrían voz estos colosos como es fama la tenía el coloso norte de la famosa pareja? Fue precisamente por esa voz, una especie de quejido, por lo que en la antigüedad los griegos identificaron las esculturas con Memnon, hijo de la Aurora y resucitado (tras morir en Troya) cuando los dedos de la diosa del alba lo acariciaban, a lo que él contestaba con un lamento. “El supuesto canto era en realidad un chirrido producido por una grieta en la cuarcita causada por el terremoto que tumbó a sus hermanos”, recuerda López. “La piedra sonaba al dilatarse por las diferencias tremendas de temperadtura que hay aquí del día a la noche, especialmente en verano, que pueden ser de cuarenta grados. Ese sonido, como un plañido, hizo que los primeros viajeros griegos lo asociaran a su mito del hijo de la Aurora. La grieta siguió ensanchándose y al final ya no chirriaba porque no había roce. En resumen, que no, que no creo que ningún otro coloso vaya a cantar”.

El templo funerario de Amenofis III, en la zona de la necrópolis tebana conocida como Kom el-Hetan fue el más grande de los construidos en la margen izquierda del Nilo y se especula con que su proximidad al río provocara que las crecidas inundaran ritualmente los patios y salas exteriores dejando solo la zona interior más sagrada por encima del nivel del agua. Apenas queda nada del edificio, que se alzaba tras los dos famosos colosos, situados a ambos lados del primer pilono de entrada al templo. El segundo pilono contaba con otra pareja y el tercero, que daba ya paso a la avenida procesional de entrada al patio solar, con otra más. Esta tercera pareja de colosos, en este caso de alabastro y más pequeños aún que la segunda (medían 11 metros), también ha sido encontrada y se proyecta igualmente volver a alzarlos.

Cuando los seis colosos originales vuelvan a erguirse, la fisonomía del lugar cambiará todavía más espectacularmente. “La existencia de seis colosos se sospechaba porque la iconografía en los templos egipcios es muy similar”, señala López Marcos.

El coloso norte de la segunda pareja, el que nos ocupa, cuenta como los dos famosos con las esculturas más pequeñas a sus pies de la madre del rey y de su esposa favorita, la gran reina Tiye. Las labores de restaurarlo y alzarlo de nuevo forman parte del Proyecto de Conservación de los Colosos de Memnon y el templo de Amenofis III, en el que trabaja un equipo egipcio-europeo desde 1998 y que dirige la armenia Hourig Sourouzian, con Rainer Stadelmann como co-director.

¿Le va a hacer sombra el nuevo coloso —y los que vengan— a los de Memnon, acostumbrados a llevarse la gloria solitos? “No creo”, responde López Marcos, “pero ahora es el tercer coloso de Memnón y eso hace que haya que replantear todas las guías y libros de historia”.

Fuente: AE

sábado, 18 de febrero de 2012

El Imperio bizantino


   Mapa Imperio Bizantino



Imperio bizantino, parte oriental del Imperio romano que sobrevivió a la caída del Imperio de Occidente en el siglo V, su capital fue Constantinopla (la actual Estambul, en Turquía) y su duración se prolongó hasta la toma de ésta por los otomanos en 1453.

Constantinopla se convirtió en la capital del Imperio romano de Oriente en el 330, después de que Constantino I el Grande, el primer emperador cristiano, la fundara en el lugar de la antigua ciudad de Bizancio!!!, dándole su propio nombre. De forma gradual la desarrolló hasta convertirla en una verdadera capital de las provincias romanas orientales, es decir, aquellas áreas del Imperio localizadas en el sureste de Europa, suroeste de Asia y en el noreste de África, que también incluían los actuales países de la península de los Balcanes, Turquía occidental, Siria, Jordania, Israel, Líbano, Chipre, Egipto y la zona más oriental de Libia.

Los investigadores lo han llamado Imperio byzantium según el antiguo nombre de su capital, Bizancio, o también Imperio romano de Oriente, pero para los coetáneos, y en la terminología oficial de la época, era simplemente Roma y sus ciudadanos eran romanos (en griego, rhomaioi). El griego era la lengua principal, aunque algunos habitantes hablaban latín, copto, sirio, armenio y otras lenguas locales a lo largo de su historia. Sus emperadores consideraron los límites geográficos del Imperio romano como los suyos propios y buscaron en Roma sus tradiciones, sus símbolos y sus instituciones. El Imperio, regido por un emperador (en griego, basileus) sin una constitución formal, lentamente formó una síntesis a partir de las instituciones tardorromanas, del cristianismo ortodoxo y de la cultura y lengua griegas.

Etapa inicial

Constantino I estableció las bases de la armonía entre las autoridades eclesiásticas y las imperiales que duró a lo largo de la historia del Imperio. Éstas incluían la creación de un sistema monetario basado en el solidus de oro, o nomisma, que perduró hasta la mitad del siglo XII. La prosperidad comercial de los siglos IV, V y VI hizo posible el auge de muchas antiguas ciudades. Las grandes propiedades dominaban el mundo rural y aunque los elevados impuestos tuvieron como consecuencia el abandono de la tierra, la agricultura permaneció como la principal fuente de riqueza del Imperio. La Iglesia y la monarquía adquirieron vastos territorios, convirtiéndose de este modo en los mayores terratenientes del Imperio. Una rigurosa regulación imperial sobre la pureza y suministro de los metales preciosos, al igual que sobre la organización del comercio y la actividad artesanal, caracterizaron la vida económica.

El emperador Justiniano I y su esposa, Teodora, intentaron restaurar la antigua majestuosidad y los límites geográficos del Imperio romano. Entre el 534 y el 565 reconquistaron el norte de África, Italia, Sicilia, Cerdeña y algunas zonas de la península Ibérica. Sin embargo, este esfuerzo, junto con los importantes gastos contraídos al construir edificios públicos e iglesias, como la basílica de Santa Sofía en Constantinopla, agotaron los recursos económicos del Imperio a la vez que distintas plagas diezmaron su población.

Periodo de reconquista


Al inicio del siglo IX, el Imperio bizantino experimentó una gran recuperación que adoptó distintos aspectos. La ofensiva musulmana se detuvo en la frontera oriental por dos razones: por la decadencia del califato Abasí y por la habilidad de la estrategia bizantina. Los ejércitos imperiales comenzaron a recuperar territorios en el sureste de Asia Menor a principios del siglo X. Las tierras perdidas a manos de los eslavos en Grecia, Macedonia y en Tracia fueron reconquistadas y reorganizadas. La recuperación alcanzó su plenitud bajo el largo reinado de la dinastía Macedónica, que comenzó en el 867 con su fundador, el emperador Basilio I, y que duró hasta 1057. La vida intelectual revivió: se copiaron y extractaron antiguos manuscritos; se compilaron enciclopedias y obras de referencia; las matemáticas, la astronomía y la literatura recibieron otra vez una gran atención. El renacimiento cultural estuvo acompañado por un retorno consciente a los modelos clásicos en el arte y en la literatura. El comercio exterior también se intensificó en el Mediterráneo y en el mar Negro.

Bulgaria decayó y fue ocupada por los ejércitos bizantinos en la década del 970, a la vez que éstos recuperaban a los musulmanes tierras al sur de la cadena montañosa del Taurus, incluyendo zonas del norte de Mesopotamia, del norte de Siria y de la costa norte de Siria. El más grande emperador de la dinastía Macedónica fue Basilio II, que reprimió vigorosamente una amplia rebelión búlgara en el 1014 y amplió su control de los antiguamente independientes principados de Armenia y Georgia. Sus esfuerzos, al igual que los de sus predecesores, para invertir la creciente concentración de tierras en las manos de unos pocos propietarios y de la Iglesia, fracasaron en última instancia. Aunque sustituyó a muchas viejas familias por un nuevo grupo de familias leales, su creciente riqueza y poder perjudicó de forma notable a los ingresos, a la autoridad del Estado y a los recursos militares del Imperio. Tras la muerte de Basilio II, el Imperio disfrutó de una expansión y prosperidad económica, pero padeció una serie de emperadores mediocres que renegaron de nuevos progresos tecnológicos, culturales y económicos provenientes del occidente europeo y del mundo islámico, al tiempo que el ejército sufría una fuerte decadencia. Los Selyúcidas, después de realizar diversas incursiones devastadoras sobre los territorios orientales del Imperio, derrotaron a un ejército imperial en la batalla de Mantzikert (1071), que tuvo lugar en las cercanías del lago Van (en el este de la actual Turquía), e invadieron la mayor parte del Asia Menor bizantina. Los viejos ejércitos de los temas habían decaído. Mientras, los bizantinos perdieron sus últimas posesiones en Italia y fueron separados del occidente cristiano a causa del cisma de 1054 abierto entre la Iglesia ortodoxa y el Papado.

Fuente: http://www.imperiobizantino.com/

Leonardo di ser Piero da Vinci (1452 - 1519)




 Adoración de los Magos 1482


 Hombre de Vitruvio 1490


 La Dama del Armiño 1490


 La Ultima Cena 1497


Mona Lisa (La Gioconda) 1506
 


Virgen de las Rocas 1486 

miércoles, 15 de febrero de 2012

MAGIA ENOCHIANA



"Y ví dos ríos de fuego, y la luz del fuego brillaba como el jacinto,
y caí sobre mi rostro ante el Señor de los Espíritus.
El ángel Michael, uno de los jefes de los ángeles, me tomó
de la mano derecha y me levantó y me llevó donde están todos los secretos,
y me enseñó todos los secretos de misericordia,
y me enseñó todos los secretos de justicia; y él me enseñó todos los secretos de los extremos del cielo, y todos los depósitos de las estrellas y de todas las luces, por donde nacen en presencia de los santos."

Libro de Enoch - Cap. LXXI


La gente comenzó a interesarse por la Magia Enochiana en 1912, cuando Aleister Crowley publicó The Equinox, aunque la información era escasa y desordenada. La siguiente referencia al Enochiano disponible al público fue «La Golden Dawn» de Israel Regardie. Esta fue la primera vez que gente ajena a la Orden fue expuesta a la introducción del sistema enochiano de la Orden Hermética de la Golden Dawn. A pesar de ser un trabajo importante, se halla de alguna manera incompleto.

Nadie tiene la seguridad de dónde y cuándo este sistema se originó. Algunos especulan que se originó con los Misterios Egipcios, otros dicen que comenzó aun antes, con los Adeptos de la Atlántida.
Más allá de cuándo haya nacido, el mundo moderno se puso en contacto otra vez con este método gracias a los esfuerzos del Dr. John Dee y el Sr. Edward Kelly el 8 de Marzo de 1581. Entidades angélicas supuestamente se conectaron con Kelly a través de un cristal, mientras Dee documentaba los resultados en sus diarios.

La vasta cantidad de material coleccionada por Dee y Kelly indica que ellos transcribieron un nuevo lenguaje completo con su propia gramática y sintaxis. Los ocultistas han llamado a este idioma "Enochiano" porque el ángel que lo dictó, Ave, se dijo que era el que originalmente le dio las Tablillas a Enoch.
El idioma angélico constituye un verdadero lenguaje, con su sintaxis y gramática propias, de manera que puede traducirse y adaptarse a los idiomas modernos.
El Enochiano representa un absoluto misterio para los estudiosos de las lenguas, pues sus caracteres y lenguaje conforman un auténtico sistema idiomático que puede ser traducido. Sin embargo, no existen referencias hasta hoy día de que este idioma haya sido alguna vez utilizado o hablado por hombre alguno en la historia de la humanidad.

Hasta hoy día poco y nada se sabe sobre el real origen de este sistema, su lenguaje, sus símbolos, y las Tablillas, llamadas, invocaciones, etc. que generan su estudio, investigación y práctica.

De hecho, en lo que respecta a lo esencialmente tradicional de la Orden, poco se informaba acerca de su origen; sólo encontramos una referencia histórica en la Ceremonia del Grado de Adeptus Minor en donde se dice que Christian Rosenkreutz y sus hombres más cercanos transcribieron algunas cosas del Lenguaje Mágico, que es el de las Tablillas Elementales, alrededor del 1400 D.C..

Por lo general, se considera el principio de este sistema a finales del Siglo XVI, mediante el mediumnismo ceremonial de Edward Kelly y el desempeño como escriba y organizador del Dr. John Dee.

Después de la muerte de Dee en 1608, las primeras publicaciones de algunos de sus diarios aparecieron. Fueron publicados por Meric Casaubon en 1659. Estos diarios se mantienen en la Biblioteca Británica (Cotton Appendix XLVI partes Uno y Dos) bajo el título de "A True and Faithful Relation of What Passed for Many Years Between Dr. Dee and Some Spirits". Elias Ashmole, en 1671, fue el siguiente personaje notable en estudiar los diarios de Dee e intentar formular cierta clase de sistema mágico a partir de estos escritos. Luego de la muerte de Ashmole, la mayoría de sus escritos se guardaron en un cofre de madera antes de que fueran literalmente desenterrados y enviados al Museo Británico. Un grupo, encontrado entre los manuscritos del Dr. Thomas Rudd (1583-1656), fue aparentemente adquirido por el hijo de Dee.
A pesar de estar incompletos, los escritos de Rudd llenaron algunos agujeros de los manuscritos originales de Dee, especialmente Los Siete Sellos de la Tabla Sagrada (Harley 6482, Museo Británico).

Los escritos originales en forma de diarios del Dr. John Dee, los cuales resumen el desarrollo del sistema Enochiano, constituyen un conjunto de documentación denominados Sloane 3189-3199, los cuales se encuentran en el Museo Británico. Pero de hecho, al examinar dicha documentación notamos que estos escritos rudimentarios sólo son la base y que guardan una distancia apreciable con lo que se conformó como Sistema de uso de la Orden.

Algunos miembros de la Orden, al investigar a través de diferentes sistemas, han afirmado que Dee y Kelly tuvieron de algún modo acceso a la construcción del Sistema Enochiano cuando estuvieron en Europa Central. Se dice que habían numerosos centros Rosacruces en Alemania, Austria y Bohemia, y que Dee y Kelly fueron recibidos en ellos. Esta puede ser una teoría plausible, pero no dispone de la objetividad necesaria para afirmarla como real.

En realidad no importa cual fue su origen, el Sistema Enochiano representa la realidad de los planos internos. Su valor es indudable, y sólo puede apreciarse en toda su extensión cuando uno se aplica a su estudio y práctica.

Para muchos este sistema es de dominio del plano elemental, es decir que sólo gravita en el plano astral. La realidad es que hay indicios para afirmar que se extienden a los planos superiores de naturaleza espiritual y divina. Pero de cualquier manera, aquí el concepto mágico de los elementos difiere de lo que se conoce por las llamadas filosofías ocultas.
El Sistema de Magia Enochiana de John Dee puede ser clasificado en las siguientes categorías principales:
  • Sigillum Dei Aemeth. El Sello Sagrado.
  • Tabula Sancta. La Sagrada Tabla de las Doce Tribus, la cual fue concebida por Dee y Kelly. Esta contiene siete talismanes diferentes e incluye escritos en enochiano.
  • Liber Scientia Auxilii et Victoria Terrestris. El Libro de la Ciencia, de la Ayuda y de la Victoria. Este trabajo contiene los nombres de los gobernantes de los Treinta Aethyrs, o Aires.
  • Heptarchia Mystica. Este trabajo contiene los nombres, sigilos e invocaciones a los Angeles y espíritus menores de los planetas.
  • Tabla de Nalvage. Esta es una Tabla rodeada por letras colocadas en hileras y columnas.
  • Liber Loagaeth. Alrededor de un centenar de folios enigmáticos. Estos comprenden los Cuatro Atalayas de Fuego, Aire, Agua y Tierra. Los nombres de los gobernantes de los Treinta Aethyrs son encontrados en estas Tablas.
  • Las Cuatro Tablas Elementales.
  • Claves Angelicae. Las Cuarenta y Ocho Llamadas, o Llaves. Seria justo decir que estas son meramente las cabezas visibles de un muy entrincado sistema que todavía no ha sido totalmente explorado.

El lenguaje fue dado en una larga tabla de 49 cuadrados de una pulgada que constituyeron las cuatro Tablillas de Atalayas y la Tablilla de la Unión. Las 48 Llamadas Enochianas fueron derivadas del uso de estas largas Tablillas.
Dee y Kelly tuvieron a su disposición un altamente sofisticado sistema de magia que aparentemente ninguno de los dos comprendió. Permaneció como sólo una colección más de mensajes canalizados en un lenguaje arcaico, documentado en una serie de oscuros manuscritos, hasta que MacGregor Mathers los descubrió en el Museo Británico. El introdujo la Magia Enochiana en el sistema de la Golden Dawn y por primera vez se convirtió en algo más que una teoría y especulación. Esta vasta colección de material se convirtió en la joya que coronó el trabajo de la Orden.

Magia Enochiana en la Golden Dawn

Dentro de la Orden Hermética de la Golden Dawn, los escritos de Dee fueron fuertemente modificados hacia un muy completo sistema de magia. Este sistema incluye rituales ceremoniales así como proyecciones astrales. También incluye un juego de Ajedrez de cuatro manos con la adivinación como un subsistema. Las bases para el Sistema Enochiano de la Golden Dawn fueron las cuatro grandes Atalayas que fueron subdivididas en las cuatro Tablillas Elementales y en una más pequeña llamada la Tablilla de la Unión, que está asociada con el quinto elemento Espíritu.
Dentro de la Orden Interna de la Golden Dawn, en el Grado de Adeptus Minor Zelator, los adeptos son introducidos en otra parte del sistema Enochiano que tiene que ver con los cuatro reyes Elementales, cuyos nombres derivan de las letras que componen el Sello Sagrado Dei Aemeth, el sello principal usado por Dee y Kelly durante sus sesiones de adivinación con el cristal.

En realidad, el Sistema de Magia Enochiana no es exactamente tema de estudio y desarrollo de la Orden Externa, sino que configura la base sistemática de desarrollo y estudio de la Segunda Orden, la R.R. et A.C., aunque el sistema y desarrollo temático de la Primera Orden configuran una preparación por demás amplia para poder acceder al trabajo, estudio y práctica de la Magia Enochiana.

De hecho, el Sistema Enochiano consiste en parte en una amalgama sintética y coherente de todo el trabajo de la Primera Orden, por lo tanto es necesario e imperativo que antes de poder acceder a la Magia Enochiana el estudiante esté familiarizado con todas los temas de estudio de la Golden Dawn. Debe conocer y tener perfectamente incorporadas las atribuciones y correspondencias del Método Geomántico, del Tarot, de la Astrología, Tattvas, etc, de manera que tenga constantemente presente, de manera natural y sin esfuerzo, los nombres, símbolos, ideas y alegorías que a estos métodos respecta. Además, deberá tener un manejo profundo del Alfabeto Hebreo, de sus correspondencias, de la Temurah, el Notariqon y la Gematría, así como del desarrollo de los sistemas, métodos y temarios surgidos de la práctica y estudio del Arbol de la Vida y de la Qabalah en general.
Por otro lado, es de requerimiento necesario e imprescindible el tener bien estudiado y profundizado lo que respecta a los llamados Documentos Z, que son en sí un desarrollo brillante acerca del simbolismo tanto interno como externo de las Ceremonias de la Primera Orden, en especial la del Grado de Neófito, la cual se considera la base fundamental de todo el sistema Ceremonial de la Golden Dawn; esto incluye lo que respecta al estudio de los símbolos y las alegorías del Candidato, del Templo, de las Armas, de los Objetos Ceremoniales, etc.

El estudiante deberá estar perfectamente familiarizado con los pasos rituales, los movimientos en el Templo, las posturas, saludos, signos, palabras, contraseñas, circunvoluciones, etc.. Deberá estar entrenado en el entendimiento y uso de los Rituales Mayores y Menores del Pentagrama y del Hexagrama, en la composición de Hexagramas de un solo trazo, sus modalidades y usos. Tendrá que ser capaz de llevar adelante Ceremonias de Consagración, de Invocación , de Aperturas y Cierres. Deberá conocer sobre formulaciones telesmáticas de imágenes, construcción y desarrollo de sigilos, proyección y viaje astral, así como poseer una buena postura y palabra mágica; por sobre todas las cosas necesitará de un desarrollo de la Conciencia y de la Memoria Mágica.

Una Nota del Documento sobre el Concurso de Fuerzas escrito por el M.´. H.´. Frater D.D.C.F. dice: «Las Tablillas Enochianas requieren en verdad de muchos años de estudio, y pagarán con creces tal gasto de tiempo y de energía.»

Muchos quieren comenzar el estudio del Sistema Enochiano directamente, pues es sorprendente y atrayente, pero debemos informar que puede resultar altamente nocivo para abordarlo de entrada; de hecho, como anteriormente detallamos, se necesita de mucho tiempo de estudio y práctica de otros sistemas para poder poseer la cantidad necesaria de instrucción para penetrar en el mundo Enochiano. Se requiere una carga de prudencia y de cautela para penetrar en este sistema, pues se trata de un método muy poderoso que si se pone en uso de manera descuidada, desprolija e indiscriminada lleva al desastre y la consecuente desintegración espiritual, como en muchos casos ha sucedido.

Se insiste siempre en que primero se deben estudiar los temarios teóricos hasta poder llegar a tener un conocimiento adecuado que permita acceder al complicado mundo de las conexiones y correspondencias que derivan de este sistema.
Un tema especial es el de comprender y saber pronunciar los caracteres de la escritura del Lenguaje Angélico secreto, como se denomina al Enochiano en los Rituales de Grado de la Orden externa.
Se dice que los caracteres Enochianos no son de carácter simple, sino que son en realidad sigilos con una amplia gama de referencias acerca de sigilos geománticos, planetarios, elementales y astrológicos. Además, debemos entender que se corresponde cada carácter Enochiano con un carácter románico.

Los estudiantes de la Golden Dawn son expuestos a las Tablillas de Atalaya en los Rituales iniciáticos de cada uno de los Grados: a la Tablilla de Tierra en el Grado de Zelator; a la Tablilla de Aire en el Grado de Theoricus; a la Tablilla de Agua en el Grado de Practicus; y a la Tablilla de Fuego en el Grado de Philosophus. Ellos memorizan ciertos fundamentos del sistema, pero en realidad ningún ritual Enochiano se realiza en la Orden Externa. El mismo Regardie advirtió en contra de acercarse a un trabajo avanzado si un fundamento sólido. Además, debe agregarse que es de máxima importancia que el estudiante se encuentre equilibrado emocional, mental y físicamente antes de realizar cualquier trabajo mágico. Cuando uno alcanza el Grado 5=6, comienza el trabajo de la Orden Interna, donde el estudio, la investigación, y los rituales Enochianos se convierten en los objetivos principales.

El material Enochiano publicado por Regardie consiste en Las Cuatro Tablillas de los Atalayas, la Tablilla de la Unión, las Llamadas Angélicas y el Ajedrez Enochiano. En realidad esto es el principio y sólo una introducción al sistema. Debemos recordar que cuando Regardie publicó sus cuatro Tomos de «The Golden Dawn» en 1940, había abandonado el Templo Hermes en el Grado de Adeptus Minor Zelator. Lo que está escrito en su libro representa el curso de estudio en ese subgrado y no más. El mismo Regardie se dio cuenta de que no le habían entregado el total del conocimiento de varias divisiones del sistema Enochiano de la Golden Dawn, tales como el Sigillum Dei Aemeth, la Tabula Sancta, el Liber Scientia Auxilii et Victoria Terrestris, la Heptarchia Mystica, la Tabla de Nalvage, las Cuatro Tablillas Elementales, y el Liber Loagaeth.
Estudiar la teoría Enochiana es un intersante y fascinante proceso, reta al intelecto y expande la conciencia del estudiante meramente por la aplicación de la mente. La verdadera belleza del sistema es su eficacia en el desarrollo y evolución del estudiante en todos los niveles (físico, emocional, mental y espiritual) cuando se practica. Toda la magia es efectiva en causar estos cambios, pero ningún sistema se compara con la Magia Enochiana estudiada con la adecuada estabilidad y fundamento.

Fuente: Orden Hermética de la Aurora Dorada

TAROT - El LIBRO DE THOT




Y vi en la mano derecha de Aquél que está sentado en el Trono un libro
sellado con Siete Sellos."
"Y vi a un fuerte ángel proclamando con un grito,
¿Quién es digno de abrir los Libros y aflojar sus sellos?"




 
Todas las religiones han conservado el recuerdo de un libro primitivo escrito en figuras por los sabios de los primeros tiempos del mundo, y cuyos símbolos, simplificados y vulgarizados más tarde, han suministrado a la Escritura sus letras, al Verbo sus caracteres, a la Filosofía Oculta sus signos misteriosos y sus pentáculos.
Este libro, atribuido al dios Thot por los egipcios; a Enoch por los hebreos; a Cadmo por los griegos; era el resumen simbólico de la tradición primitiva, llamada después Qabalah.

El Tarot es el libro inspirador de todos los libros sagrados de los antiguos pueblos; es la clave de todas las potencias y de todos los dogmas; es, a causa de la precisión analógica de sus figuras y de sus números, el instrumento de adivinación más perfecto. Los oráculos de este libro son siempre verdaderos, y cuando no predice nada, revela siempre cosas ocultas y ofrece a los consultantes los más sabios consejos.

Sin el Tarot la Magia de los antiguos sería un libro cerrado para nosotros y sería imposible penetrar cualquiera de los grandes misterios de la Qabalah. Es el verdadero secreto de la transmutación de las tinieblas en luz, el primero y el más importante de todos los Arcanos de la Gran Obra.

Por medio de esta clave universal del simbolismo, todas las alegorías de la India, de Egipto y de Judea, se hacen claras. Los santuarios no tienen ya misterios y se comprende, por primera vez, la significación de los objetos del culto de los hebreos.

Erróneamente, muchas personas clasifican al Tarot de acuerdo al tipo de operación que realizan. Por ejemplo, muchos dicen saber Tarot Astrológico, otros Tarot Qabalístico, etc.

Nada más remoto del verdadero sentido del Tarot. No se puede clasificar al Tarot en diferentes tipos, de hecho, el Tarot es Qabalah y es Astrología, mancomunadamente actuando a través de las operaciones adivinatorias y de los muchos usos mágicos que contiene.
El Tarot es un arte adivinatorio. Por adivinatorio nos referimos al hecho del contacto con las divinidades. Esto es así, ya que en toda operación mágica de Tarot bien establecida, con los debidos procesos mágicos, el operador es intermediario entre las divinidades y el consultante, el cual requiere determinada información o consejo con respecto a determinados temas.

El encarar el estudio del Tarot con el único propósito de ser utilizado para la atención en consulta, es una mala decisión. Pues el valor más importante del Tarot radica en sus otros aspectos: para comenzar, es un excelente metodo de autoconocimiento, además del conocimiento del Universo que, por supuesto, está enlazado con el autoconocimiento. Es un ítem importantísimo e ineludible del estudio de la Qabalah mágica, de los temas astrológicos, y para entender los arquetipos inconscientes, que están esperando ser despertados para ser los basamentos de nuestra iniciación
.
El estudio del Tarot implica, además, el maravilloso mundo de el entendimiento de los símbolos, los colores, las posiciones y los rasgos.
Tal vez no haya mejor definición para el Tarot que aquella que dice: "el Tarot es la representación pictórica del Árbol de la Vida"; por supuesto, se debe entender que el Árbol de la Vida es el gran Glifo del Universo.

Existen muchos significados de la palabra Tarot. Algunos dicen que existe una relación de la palabra Tarot con la TORAH Hebrea, la Ley, otros dicen que se relaciona con la ThROA, la Puerta.
Sus primeras cuatro letras TARO pueden hacerse evolucionar en sus combinaciones, conformando las siguientes premisas: ORAT, el hombre reza; ATOR, la Gran Madre (Hathor, Athor o Ator, y no como Isis); TARO, que hace girar; y ROTA, la rueda de la Vida y de la Muerte.

Un mazo de Tarot consta de 78 cartas, generalmente divididas en dos grupos: 22 cartas llamadas Arcanos Mayores o Athus, y las 56 restantes llamadas Cartas Menores.

Pero tal vez, una mejor división del mazo de Tarot para su aprendizaje y comprensión, sea aquella que divide a las 78 cartas en tres grupos: 22 Athus o Arcanos Mayores, 16 Cartas Cortesanas y 40 Cartas Menores. A su vez, cada grupo se divide en subgrupos para su perfecto conocimiento.


Arcanos Mayores

Los 22 Arcanos Mayores estan referidos a las 22 letras del alfabeto Hebreo y, por supuesto, a los 22 senderos de conexión entre las 10 Sephiroth del Árbol de la Vida. Por lo tanto, cada Athu se corresponde con cada una de las 22 fuerzas del Universo.
Estas 22 fuerzas del Universo, se ven perfectamente establecidas en la RosaCruz de 22 pétalos. Generalmente, se representa a cada pétalo con una letra del alfabeto hebreo.
Los 22 Athus se dividen en tres grupos; asi como el Sepher Yetzirah divide a las letras del alfabeto hebreo: Tres letras llamadas Madres, que se corresponden con tres Arcanos, siete letras llamadas Dobles (porque tienen una doble pronunciación) que se relacionan con otros siete Arcanos y, por último, doce letras llamadas Simples relacionadas con doce Arcanos.


Los tres Athus de letras madres están representados por los tres pétalos interiores y centrales de la RosaCruz. Los siete Athus de letras dobles se representan por los siete pétalos mediadores o intermedios de la RosaCruz. Y, finalmente, los doce Athus de letras simples constituyen los doce petalos exteriores de la RosaCruz.


A cada Athus se lo denomina con un nombre de carta, es decir, su nombre externo y, además, posee un nombre interno o de Llave del Libro T.
También debemos tener en cuenta que los Arcanos Mayores están numerados desde el número 0 al número 21.

Podemos entonces dividirlos de esta forma:

A las letras madres corresponden:

0. El Loco
XII. El Colgado
XX. El Juicio


A las letras dobles corresponden:

I. El Mago
II. La Sacerdotisa
III. La Emperatriz
X. La Rueda de la Fortuna
XVI. La Torre
XIX. El Sol
XXI. El Universo o el Mundo

A las letras simples corresponden:

IV. El Emperador
V. El Hierofante
VI. Los Amantes
VII. El Carro
VIII. La Fuerza
IX. El Ermitaño
XI. La Justicia
XIII. La Muerte
XIV. La Templanza
XV. El Diablo
XVII. La Estrella
XVIII. La Luna

A su vez, las correspondencias con las distintas letras y los diferentes nombres de Llave son los siguientes:
0. El Loco. El Espiritu del Eter. Aleph.
I. El Mago. El Mago del Poder. Beth.
II. La Sacerdotisa. La Sacerdotisa de la Estrella de Plata. Gimel.
III. La Emperatriz. La Hija de los Poderosos. Daleth.
IV. El Emperador. El Hijo de la Mañana, el Jefe entre los Poderosos. Heh.
V. El Hierofante. El Mago de los Dioses Eternos. Vau.
VI. Los Amantes. Los Hijos de la Voz Divina, los Oráculos de los Dioses Poderosos. Zayin.
VII. El Carro. El Hijo del Poder de las Aguas, el Señor del Triunfo de la Luz. Cheth.
VIII. La Fuerza. La Hija de la espada Llameante, la Guia del Leon. Theth.
IX. El Ermitaño. El Mago de la Voz de la Luz, el Profeta de los Dioses. Yod.
X. La Rueda de la Fortuna. El Señor de las Fuerzas de la Vida. Kaph.
XI. La Justicia. La Hija del Señor de la Verdad, la Sustentadora de la Balanza. Lamed.
XII. El Colgado. El Espíritu de las Aguas Poderosas. Mem.
XIII. La Muerte. El Hijo de los Grandes Transformadores, el Señor de las Puertas de la Muerte. Nun.
XIV. La Templanza. La Hija de los Reconciliadores, la Alumbradora de la Vida. Samekh.
XV. El Diablo. El Señor de las Puertas de la Materia, el Hijo de las Fuerzas del Tiempo. Ayin.
XVI. La Torre. El Señor de las Huestes de los Poderosos. Peh.
XVII. La Estrella. La Hija del Firmamento, la que mora entre las Aguas. Tzaddi.
XVIII. La Luna. La Gobernadora del Flujo y del Reflujo, la Hija de los Hijos de los Poderosos. Qoph.
XIX. El Sol. El Señor del Fuego del Mundo. Resh.
XX. El Juicio. El Espíritu del Fuego Primordial. Shin.
XXI. El Universo. El Grande la Noche del Tiempo. Tau.


Cartas Cortesanas

Las Cartas Cortesanas son 16. Están divididas en cuatro grupos, de acuerdo a los diferentes tipos de figuras: Los Reyes, Las Reinas, Los Príncipes (Caballeros) y Las Princesas (Sotas).

Los Reyes tienen relación con el Fuego y con la Yod del Tetragrammaton.
Las Reinas con el Agua y la Heh del Tetragrammaton.
Los Príncipes con el Aire y la Vau del Tetragrammaton.
Las Princesas con la Tierra y la Heh final del Tetragrammaton.
A su vez, la ubicación en el árbol de la vida es la siguiente:
Los Reyes se ubican en Chokmah, la cúspide del Pilar del Fuego.
Las Reinas se ubican en Binah, la cúspide del Pilar del Agua.
Los Principes se ubican en Tiphareth, la sephirah mediadora y Aerea.
Las Princesas en Malkuth, la Sephirah de Tierra.
Por otra parte, cada grupo de figura tiene cuatro tendencias. Esto se refiere a los cuatro palos del Tarot: los Bastos, las Copas, las Espadas y los Pentáculos(Oros).
Los Bastos se relacionan con el Fuego y el Mundo de Atziluth.
Las Copas se relacionan con el Agua y el Mundo de Briah.
Las Espadas se relacionan con el Aire y el Mundo de Yetzirah.
Los Pentáculos se relacionan con la Tierra y el Mundo de Assiah.

Por consiguiente, al analizar una figura debemos tener en cuenta las dos tendencias que esta contiene. Por un lado, la que se refiere al tipo de figura cortesana del que trata; y, por otro lado, su palo de identificación. De esta manera, podremos comprender su actividad y relacionarla, también, con los usos de los identificadores (forma por la cual se puede identificar a las formas humanas y sus actividades en una operación, así como al consultante).

Tomemos por ejemplo al Rey de Bastos: por ser Rey, se ubica en Chokmah y, por ser de Bastos, en Atziluth. Por lo tanto, el Rey de Bastos se ubica y se identifica con la actividad de Chokmah del Mundo de Atziluth.

Es importante el estudio de las 16 figuras cortesanas, pues a través de éste se puede entender el proceso del concurso de fuerzas elementarios.


Nombres de Llave de las Cartas Cortesanas:

Rey de Bastos. El Señor de la Llama y del Rayo. El rey de los Espíritus del Fuego.
Reina de Bastos. La Reina de los Tronos de las Llamas.
Príncipe de Bastos. Principe de la Carroza de Fuego.
Princesa de Bastos. La Princesa de la Llama Brillante y la Rosa del Palacio del Fuego.
Rey de Copas. El Señor de las Olas y de las Aguas y el Rey de los Ejercitos del Mar.
Reina de Copas. La Reina de los Tronos de las Aguas.
Príncipe de Copas. El Príncipe de la Carroza de las Aguas.
Princesa de Copas. La Princesa de las Aguas y la Princesa del Loto.
Rey de Espadas. El Señor del Viento y de las Brisas, el Señor de los Espíritus del Aire.
Reina de Espadas. La Reina de los Tronos de Aire.
Príncipe de Espadas. El Príncipe de las Carrozas del Viento.
Princesa de Espadas. La Princesa de los Vendavales, el Loto del Palacio del Aire.
Rey de Pentáculos. El Señor de la Ancha y Fértil Tierra, el Rey de los Espíritus de la Tierra.
Reina de Pentáculos. La Reina de los tronos de la Tierra.
Príncipe de Pentáculos. El Príncipe de la Carroza de la Tierra.
Princesa de Pentáculos. La Princesa de las Colinas del Eco, la Rosa del Palacio de la Tierra.




Cartas Menores

Las 40 cartas menores que restan se pueden dividir en dos grupos: por un lado, los cuatro Ases y, por otro, las 36 cartas restantes, es decir, desde el 2 al 10 de cada uno de los cuatro palos.
Los cuatro palos se relacionan con los cuatro mundos en que la Qabalah divide al Universo:
Los Bastos se relacionan con el Mundo de Atziluth.
Las Copas con el Mundo de Briah.
Las Espadas con el Mundo de Yetzirah.
Los Pentáculos con el Mundo de Assiah.


La ubicación en el Árbol de la Vida de las Cartas menores no presenta demasiado problema, pues se ubican de acuerdo a la numeración de la carta, la cual se relaciona con la Sephirah de la misma numeración. Por supuesto, el mundo dependera del palo de cada carta.
Si a las 40 cartas menores les descontamos los Ases, las 36 cartas restantes se relacionan con los 36 decanatos zodiacales.

Los decanatos zodiacales se comienzan a contar desde el primer grado del Signo de Leo, de acuerdo a la ubicación de la estrella Regulus. Comenzando a partir de ésta, se sigue una secuencia de identificación de cada decanato, de acuerdo a los planeta correspondientes a los Sephiroth del Arbol de la Vida. Esto se altera, únicamente, por la repetición del último decanato de Piscis y el primer decanato del signo de Aries, donde Marte es quien comanda.
Se respeta la ubicación de las cartas, según su palo, en los signos zodiacales correspondientes a su naturaleza elemental.

Los Ases se consideran las Raíces de los Poderes de los Elementos:
El As de Bastos es la Raíz de los Poderes del Fuego.
El As de Copas es la Raíz de los Poderes del Agua.
El As de Espadas es la Raíz de los Poderes del Aire.
El As de Pentáculos es la Raíz de los Poderes de la Tierra.
Los Ases se ubicaran en la rueda zodiacal coronando los cuadrantes astrológicos respectivos. De esta forma, un As de Bastos estará en su poder en el cuadrante correspondiente al Kerub León, y comandará dicho cuadrante. El As de Copas se ubicará en el cuadrante del Kerub Águila, el As de Espadas en el cuadrante del Kerub Ángel y el As de Pentáculos en el cuadrante del Kerub Toro.


Nombres de Llave de las Cartas Menores:

As de Bastos. La Raíz de los Poderes del Fuego.
2 de Bastos. El Señor del Dominio.
3 de Bastos. El Señor de la Fuerza Establecida.
4 de Bastos. El Señor de la Obra Perfeccionada.
5 de Bastos. El Señor de la Lucha.
6 de Bastos. El Señor de la Victoria.
7 de Bastos. El Señor del Valor.
8 de Bastos. El Señor de la Rapidez.
9 de Bastos, El Señor de la Gran Fuerza.
10 de Bastos. El Señor de la Opresión.

As de Copas. La Raíz de los Poderes del Agua.
2 de Copas. El Señor del Amor.
3 de Copas. El Señor de la Abundancia.
4 de Copas. El Señor del Placer Mezclado.
5 de Copas. El Señor de la pérdida del Placer.
6 de Copas. El Señor del Placer.
7 de Copas. El Señor del Éxito Ilusorio.
8 de Copas. El Señor del Éxito Abandonado.
9 de Copas. El Señor de la Felicidad Material.
10 de Copas. El Señor del Éxito Perpetuo.

As de Espadas. La Raíz de los Poderes del Aire.
2 de Espadas. El Señor de la Paz Restaurada.
3 de Espadas. El Señor del Dolor.
4 de Espadas. El Señor del Descanso después de la Lucha.
5 de Espadas. El Señor de la Derrota.
6 de Espadas. El Señor del Éxito Merecido.
7 de Espadas. El Señor del Esfuerzo Inestable.
8 de Espadas. El Señor de la Fuerza Amortiguada.
9 de Espadas. El Señor de la Desesperación y la Verdad.
10 de Espadas. El Señor de la Ruina.

As de Pentaculos. La Raíz de los Poderes de la Tierra.
2 de Pentáculos. El Señor del Cambio Armonioso.
3 de Pentáculos. El Señor de las Obras Materiales.
4 de Pentáculos. El Señor del Poder Terrestre.
5 de Pentáculos. El Señor los Problemas Materiales.
6 de Pentáculos. El Señor del Éxito Material.
7 de Pentáculos. El Señor del Éxito Incompleto.
8 de Pentáculos. El Señor de la Prudencia.
9 de Pentáculos. El Señor de la Ganancia Material.
10 de Pentáculos. El Señor de la Riqueza.

El Tarot se relaciona con cualquier forma del Ocultismo; especialmente, con la Qabalah y la Astrología, los cuales constituyen su basamento.

Además, se puede relacionar al Tarot con la Numerología, la Geomancia, e incluso hasta con métodos Orientales como el I Ching.Dentro de la Orden Hermética de la Golden Dawn, como también en otras escuelas iniciáticas de los Misterios de Occidente, numerosos rituales mágicos se realizan empleando los Arcanos del Tarot.

Se debe prestar el mayor de los respeto a la Sabiduría que se halla oculta en el Tarot.
Piedad para aquellos que se empeñan en ensuciar tan sublime Arte, para aquellos que hacen del Tarot y su práctica solo un irrespetuoso juego de engaño y estafa.
El Tarot debe estudiarse y practicarse para la propia iluminación y como fuente de consejo y de ayuda hacia el prójimo.
Ejercitemos nuestras facultades, no las falseemos; todo le es posible a aquél que desea solamente lo que es verdadero.

Permanezca en la Naturaleza, estudie, sepa y, después, ose... y calle.

Fuente: Orden Hermética Del Aurora Dorada

domingo, 12 de febrero de 2012

CARACTERES ESENCIALES DE LA METAFÍSICA - RENÉ GUÉNON









Mientras que el punto de vista religioso implica esencialmente la intervención de un elemento de orden sentimental, el punto de vista metafísico es exclusivamente intelectual; pero esto, por más que tiene para nosotros un significado muy claro, podría parecer a muchos que caracteriza de manera insuficiente este último punto de vista, poco familiar a los occidentales, si no tuviésemos cuidado de aportar otras precisiones. La ciencia y la filosofía, en efecto, tal y como existen en el mundo occidental, tienen también pretensiones a la intelectualidad; si nosotros no admitimos que estas pretensiones estén fundadas, y: si sostenemos que hay una diferencia de las más profundas entre todas las especulaciones de este género y la metafísica, es que la intelectualidad pura, en el sentido en que la consideramos, es otra cosa que lo que se entiende ordinariamente por ella de manera más o menos vaga.

Debemos declarar desde luego que, cuando empleamos el término "metafísica" como lo hacemos, poco nos importar su origen histórico, que es algo dudoso, y que sería puramente fortuito si hubiese que admitir la opinión, por lo demás muy poco verosímil a nuestros ojos, según la cual habría servido al principio para designar simplemente lo que venía "después de la física" en la colección de las obras de Aristóteles. No tenemos tampoco por qué preocuparnos de las acepciones diversas y más o menos abusivas que algunos atribuyeron a esta palabra en esta o en aquella época; éstos no son motivos suficientes para hacérnosla abandonar, porque, tal como es, es muy apropiada para lo que debe designar normalmente, al menos tanto como puede serlo un término tomado a las lenguas occidentales. En efecto, su sentido más natural, aun etimológicamente, es aquel según el cual designa lo que está "más allá de la física", entendiendo aquí por "física", como lo hicieron siempre los antiguos, el conjunto de todas las ciencias de la naturaleza, considerado de una manera por completo general, y no simplemente una de estas ciencias en particular, según la acepción restringida que es propia a los modernos. Es pues con esta interpretación como tomamos esté término de metafísica, y debe entenderse bien de una vez por todas que, si nos adherimos a él, es nada más por la razón que acabamos de indicar, y porque estimamos que es siempre desagradable tener que recurrir a neologismos fuera de los casos de absoluta necesidad?.

Diremos ahora que la metafísica, comprendida así, es esencialmente el conocimiento de lo universal, o, si se quiere, de los principios de orden universal, únicos a los que conviene este nombre de principios; pero no queremos verdaderamente dar con esto una definición de la metafísica, lo que es rigurosamente imposible, en razón de esta misma universalidad que consideramos como el primero de sus caracteres, del cual se derivan todos los otros. En realidad, sólo puede ser definido lo que es limitado, y la metafísica es por el contrario, en su esencia misma, absolutamente ilimitada, lo que evidentemente, no nos permite encerrar su noción en una fórmula más o menos estrecha; una definición en este caso sería tanto más inexacta cuanto más se esforzase uno por hacerla más precisa. Importa resaltar que hemos dicho conocimiento y no ciencia; nuestra intención, en esto, es indicar la distinción profunda que hay que establecer necesariamente entre la metafísica por una parte, y, por la otra, las diversas ciencias en el sentido propio de esta palabra, es decir todas las ciencias particulares y especializadas, que tienen por objeto tal o cual aspecto determinado de las cosas individuales.

Ésta es, en el fondo, la misma distinción de lo universal y de lo individual, distinción que no se debe tomar por una oposición, porque no hay entre sus dos términos ninguna medida común ni ninguna relación de simetría o de coordinación posible. Por otra parte, no podría haber oposición o conflicto de ninguna especie entre la metafísica y las ciencias, precisamente porque sus dominios respectivos están profundamente separados; sucede exactamente lo mismo, por lo demás, con la religión. Hay que comprender bien, sin embargo, que la separación de que se trata no se refiere tanto a las cosas mismas como a los puntos de vista bajo los cuales consideramos las cosas; y esto es particularmente importante para lo que diremos de manera más especial sobre el modo como deben ser concebidas las relaciones que tienen entre si las diferentes ramas de la doctrina hindú. Es fácil darse cuenta de que un mismo objeto puede ser estudiado por diversas ciencias bajo aspectos diferentes; así también, todo lo que consideramos desde ciertos puntos de vista individuales y especiales puede igualmente, por una transposición adecuada, considerarse desde el punto de vista universal, que por lo demás no es ningún punto de vista especial, al igual que aquello que no se puede considerar de modo individual. De esta manera, se puede decir que el dominio de la metafísica lo comprende todo, lo cual es necesario para que sea verdaderamente universal, como debe serlo esencialmente; y los dominios propios de las diversas ciencias no quedan por esto menos distintos. del de la metafísica, porque ésta, como no se coloca sobre el mismo terreno de las ciencias particulares, no es su análoga en ningún grado, de tal manera que no puede haber jamás motivo para establecer ninguna comparación entre los resultados de la una y los de las otras. Por otra parte, el dominio de la metafísica no es de ningún modo, como lo piensan ciertos filósofos que no saben de lo que se trata aquí, lo que las diversas ciencias pueden dejar fuera de ellas porque su desarrollo actual es más o menos incompleto, sino lo que, por su misma naturaleza, escapa al alcance de estas ciencias y supera inmensamente la extensión a la cual pueden aspirar legítimamente. El dominio de cualquier ciencia depende siempre de la experiencia, en una cualquiera de sus modalidades diversas, mientras que el de la metafísica está esencialmente constituido por aquello donde no hay ninguna experiencia posible: como está "más allá de la física", nosotros estamos también, y por ello mismo, más allá de la experiencia. Por consecuencia, el dominio de cada ciencia particular puede extenderse indefinidamente, si es susceptible de ello, sin llegar nunca a tener el menor punto de contacto con el de la metafísica.

La consecuencia inmediata de lo que precede es que, cuando se habla del objeto de la metafísica, no se debe tener en consideración algo más o menos análogo a lo que puede ser el objeto especial de tal o cual ciencia. También, que este objeto debe siempre ser absolutamente el mismo, que no puede ser de ningún modo algo cambiante y sometido a las influencias de los tiempos y de los lugares; lo contingente, lo accidental, lo variable, pertenecen al dominio de lo individual, y aun son caracteres que condicionan necesariamente las cosas individuales como tales, o, para hablar de una manera todavía más rigurosa, el aspecto individual de las cosas con sus modalidades múltiples. De modo que, cuando se trata de metafísica, lo que puede cambiar con los tiempos y los lugares son nada más que los modos de exposición, es decir las formas más o menos exteriores de las que puede estar revestida la metafísica, y que son susceptibles de adaptaciones diversas, y éste también es, evidentemente, el estado de conocimiento o de ignorancia de los hombres, o por lo menos de la generalidad de ellos, con respecto a la metafísica verdadera; pero ésta permanece siempre, en el fondo, perfectamente idéntica a sí misma, porque su objeto, es esencialmente uno, o con más exactitud, "sin dualidad", como dicen los hindúes, y este objeto, siempre por lo mismo que está "más allá de la naturaleza", también está más allá del cambio: es lo que expresan los árabes al decir que "la doctrina de la Unidad es única". Yendo más lejos todavía en el orden de las consecuencias, podemos agregar que no hay absolutamente descubrimientos posibles en metafísica, porque, desde el momento en que se trata de un modo de conocimiento que no recurre al empleo de ningún medio especial y exterior de investigación, todo lo que es susceptible de ser conocido puede haberlo sido igualmente por; ciertos hombres en todas las épocas; y esto es, efectivamente, lo que resulta de un examen profundo de las doctrinas metafísicas tradicionales.

Por otra parte, aun admitiendo que las ideas de evolución y de progreso pueden tener cierto valor relativo en biología y en sociología, lo que está lejos de haberse probado, no sería menos cierto que no tienen ninguna aplicación posible con relación a la metafísica; de modo que estas ideas son completamente extrañas a los orientales, como lo fueron por lo demás hasta fines del siglo XVIII a los mismos occidentales, que ahora las creen elementos esenciales del espíritu humano. Esto implica, notémoslo bien, la condenación formal de cualquier  tentativa de aplicación del "método histórico" a lo que es de orden metafísico: en efecto, el mismo punto de vista metafísico se opone radicalmente al punto de vista histórico, o llamado así, y hay que ver en esta oposición no sólo una cuestión de método, sino también y sobre todo, lo que es mucho más grave, una verdadera cuestión de principio, porque el punto de vista metafísico, en su inmutabilidad esencial, es la negación misma de las ideas de evolución y de progreso; de modo que podría decirse que la metafísica no se puede estudiar más que metafísicamente. No hay que tener en cuenta aquí contingencias tales como las influencias individuales, que rigurosamente no existen a este respecto y no pueden ejercerse sobre la doctrina, puesto que ésta, siendo de orden universal, y por lo tanto esencialmente supra-individual, escapa por fuerza a su acción; aun las circunstancias de tiempo y de lugar no pueden, insistimos de nuevo, influir más que sobre la expresión exterior, y de ningún modo sobre la esencia misma de la doctrina; y en fin, en metafísica no se trata, como en el orden de lo relativo y contingente, de "creencias" o de "opiniones"  más o menos variables y cambiantes porque son más o menos dudosas, sino exclusivamente de certidumbre permanente e inmutable.

En efecto, por lo mismo que la metafísica no participa de ningún modo de la relatividad de las ciencias, debe implicar la certidumbre absoluta como carácter intrínseco, y esto desde luego por su objeto, pero también por su método, si es que esta palabra puede aplicarse aquí todavía, sin lo cual éste método, o con cualquiera otro nombre con que se le quiera designar, no seria adecuado al objeto. La metafísica excluye, pues, necesariamente, cualquier concepción de carácter hipotético, de donde resulta que las verdades metafísicas, en sí mismas, no pueden de ningún modo ser discutibles; por lo tanto, si puede haber motivo a veces de discusión y de controversia, no será nunca sino por causa de una exposición defectuosa o de una comprensión imperfecta de estas verdades. Por lo demás, cualquier exposición posible es aquí necesariamente defectuosa, porque las concepciones metafísicas, por su naturaleza universal, no son jamás totalmente expresables, ni siquiera imaginables, ni pueden ser alcanzadas en su esencia más que por la inteligencia pura y "no-formal"; superan inmensamente a todas las formas posibles, y especialmente a las fórmulas en que quisiera encerrarlas el lenguaje, fórmulas siempre inadecuadas que tienden a restringirlas, y por esto a desnaturalizarlas. Estas fórmulas, como todos los símbolos, sólo sirven de punto de partida, de "sostén" por decirlo así, para ayudar a concebir lo que permanece inexpresable en sí, y cada uno debe esforzarse por concebirlo efectivamente según la medida de su propia capacidad intelectual, supliendo así, en esta misma medida precisamente, a las imperfecciones fatales de la expresión formal y limitada; es por lo demás evidente que estas imperfecciones llegarán a su máximo cuando la expresión deba hacerse en lenguas que, como las europeas, sobre todo las modernas, parecen lo menos aptas que cabe imaginar para la exposición de las verdades metafísicas. Como lo dijimos antes, justamente a propósito de las dificultades de traducción y adaptación, la metafísica, porque se abre sobre posibilidades ilimitadas, debe siempre reservar la parte de  lo inexpresable que, en el fondo, es para ella todo lo esencial.

Este conocimiento de orden universal debe estar mas allá de todas las distinciones que condicionan el conocimiento de las cosas individuales y del cual el sujeto y el objeto es el tipo general y fundamental; esto muestra también que el objeto especial de la metafísica no es nada comparable al objeto especial de no importa qué otro género de conocimiento, y que ni siquiera puede ser llamado objeto sino en un sentido puramente analógico, porque está uno obligado, para poder hablar, a atribuirle una denominación cualquiera.
Así también, si se quiere hablar del medio del conocimiento metafísico, este medio no podrá ser más que uno con el conocimiento mismo, en el cual el sujeto y el objeto están esencialmente unificados; es decir que este medio, si es que es permitido llamarlo así, no puede ser nada que se asemeje al ejercicio de una facultad discursiva como la razón humana individual. Se trata, lo hemos dicho, del orden supra-individual, y, por consecuencia, suprarracional, lo que de ningún modo quiere decir irracional: la metafísica no podría ser contraria a la razón, pero está por encima de la razón, que no puede intervenir aquí sino de una manera por completo secundaria, para la formulación y la expresión exterior de estas verdades que superan su dominio y su alcance. Las verdades metafísicas no pueden ser concebidas sino por una facultad que ya no es del orden individual, y que el carácter inmediato de su operación permite llamar intuitiva, pero, bien entendido, a condición de agregar que no tiene absolutamente nada en común con lo que algunos filósofos contemporáneos denominan intuición, facultad puramente sensitiva y vital que está propiamente por debajo de la razón y no por encima de ella. Hay que decir pues, para mayor precisión, que la facultad de que hablamos aquí es la intuición intelectual, cuya existencia ha negado la filosofía moderna porque no la comprendía, a menos que no haya preferido ignorarla pura y simplemente; se puede designarla también como el intelecto puro, siguiendo en esto el ejemplo de Aristóteles y de sus continuadores escolásticos, para quienes el intelecto es lo que posee inmediatamente el conocimiento de los principios.

Aristóteles declara expresamente (1) que "el intelecto es más verdadero que la ciencia", es decir, en suma, que la razón construye la ciencia, pero que "nada es más verdadero que el intelecto", porque necesariamente es infalible por lo mismo que su operación es inmediata, y, como en realidad no es distinto de su objeto, no forma más que uno con la misma verdad. Tal es el fundamento esencial de la certidumbre metafísica; se ve por esto que no se puede introducir el error sino con el uso de la razón, es decir al formular verdades concebidas por el intelecto, y esto porque la razón es evidentemente falible a causa de su carácter discursivo y mediato. Por otra parte, como toda expresión es por fuerza imperfecta y limitada, el error es inevitable en cuanto a la forma, si no en cuanto al fondo: por rigurosa que se quiera hacer a la expresión, lo que deja fuera de ella es siempre mucho más de lo que puede encerrar; pero este error puede no tener nada de positivo como tal y no ser más que una verdad menor, en suma, que reside sólo en una fórmula parcial e incompleta de la verdad total.

Ahora podemos darnos cuenta de lo que es, en su sentido más profundo, la distinción del conocimiento metafísico y del conocimiento científico: el primero procede del intelecto puro, que tiene por dominio lo universal; el segundo procede de la razón, que tiene por dominio lo general, porque, como lo dijo Aristóteles, "solamente hay ciencia de lo general". No hay pues que confundir de ninguna manera lo universal y lo general, como acontece muy a menudo a los lógicos occidentales, que no se elevan nunca realmente por encima de lo general, aun cuando le dan abusivamente el nombre de universal. El punto de vista de las ciencias, dijimos, es de orden individual; y es que lo general no se opone a lo individual sino sólo a lo particular, y es, en realidad, lo individual extendido; pero lo individual puede recibir una extensión, aun indefinida, sin perder por esto su naturaleza y sin salir de sus condiciones restrictivas y limitativas, y, por esta razón, decimos que la ciencia podría extenderse indefinidamente sin alcanzar nunca a la metafísica, de la que siempre permanecerá también profundamente separada, porque sólo la metafísica es el conocimiento de lo universal.

Creemos haber caracterizado a la metafísica suficientemente, y no podríamos hacer más sin entrar en la exposición de la doctrina misma, que no encontraría lugar aquí; estos datos serán completados en los siguientes capítulos, y particularmente cuando hablemos de la distinción de la metafísica y lo que generalmente se designa con el nombre de filosofía en el Occidente moderno. Todo lo que acabamos de decir es aplicable, sin ninguna restricción, a no importa cuál de las doctrinas tradicionales del Oriente, a pesar de las grandes diferencias de forma que pueden disimular la identidad del fondo a un observador superficial: esta concepción de la metafísica es verdadera a la vez en el Taoísmo, en la doctrina hindú, y también en el aspecto profundo y extra-religioso del Islamismo. Ahora bien, ¿hay algo parecido en el mundo occidental? Si se considera nada más lo que actualmente existe, con seguridad no se podría dar a esta cuestión más que una respuesta negativa, porque lo que el pensamiento filosófico moderno se complace a veces en decorar con el nombre de metafísica no corresponde en ningún grado a la concepción que hemos expuesto; tendremos ocasión de insistir sobre este punto. Sin embargo, lo que hemos indicado a propósito de Aristóteles y de la doctrina escolástica muestra que, por lo menos, hubo realmente en ella metafísica en cierta medida, aunque no la metafísica total; y, a pesar de esta reserva necesaria, esto es algo acerca de lo cual la mentalidad moderna no ofrece el menor equivalente, y cuya comprensión parece que le está prohibida. Por otra parte, si se impone la reserva que acabamos de hacer, es que hay, como antes lo dijimos, limitaciones que parecen en verdad inherentes a toda la intelectualidad occidental, por lo menos a partir de la antigüedad clásica; y hemos notado ya a este respecto, que los griegos no tenían la idea de lo Infinito. Por lo demás, ¿por qué los occidentales modernos, cuando creen pensar en el Infinito, se representan casi siempre un espacio, que no podría ser sino indefinido, y porque confunden invariablemente la eternidad, que reside esencialmente en el "no-tiempo", si cabe expresarse así, con la perpetuidad, que no es más que una extensión indefinida del tiempo, pero no se les ocurren parecidos errores a los orientales? Es que la mentalidad occidental, dirigida casi exclusivamente hacia las cosas sensibles, hace una confusión constante entre concebir e imaginar, a tal punto que lo que no es susceptible de ninguna representación sensible le parece por esto mismo realmente impensable; y, ya entre los griegos, las facultades imaginativas eran preponderantes. Esto es, evidentemente, todo lo contrario del pensamiento puro; en estas condiciones, no puede haber intelectualidad en el verdadero sentido de esta palabra, ni, por consiguiente, metafísica posible. Si se agrega a estas consideraciones otra confusión ordinaria; la de lo racional y de lo intelectual, se percibe que la pretendida intelectualidad occidental no es en realidad, sobre todo en los modernos, más que el ejercicio de estas facultades del todo individuales y formales que son la razón y la imaginación; y entonces se puede comprender todo lo que separa de la intelectualidad oriental, para la que no hay conocimiento verdadero y que valga, si no es el que tiene su raíz profunda en lo universal y en lo "informal".

NOTA:

(1). Últimos Analíticos, libro II.