viernes, 9 de marzo de 2012

Doctrinas de los antiguos sobre las causas primeras y los principios de las cosas - Principio descubierto por Anaxágoras, la inteligencia



aristóteles


Evidentemente es preciso adquirir la ciencia de las causas primeras, puesto que decimos que se sabe, cuando creemos que se conoce la causa primera. Se distinguen cuatro causas. La primera es la esencia, la forma propia de cada cosa (16), porque lo que hace que una cosa sea, está toda entera en la noción de aquello que ella es; la razón de ser primera es, por tanto, una causa y un principio. La segunda es la materia, el sujeto
(17); la tercera el principio del movimiento (18); la cuarta, que corresponde a la precedente, es la causa final de las otras (19), el bien, porque el bien es el fin de toda producción.

Estos principios han sido suficientemente explicados en la Física (20). Recordemos, sin embargo, aquí las opiniones de aquellos que antes que nosotros se han dedicado al estudio del ser y han filosofado sobre la verdad; y que, por otra parte, han discurrido también sobre ciertos principios y ciertas causas. Esta revista será un preliminar útil a la indagación que nos ocupa. En efecto, o descubriremos alguna otra especie de causas, o tendremos mayor confianza en las causas que acabamos de enumerar.

La mayor parte de los primeros que filosofaron, no consideraron los principios de todas las cosas, sino desde el punto de vista de la materia. Aquello de donde salen todos los seres, de donde proviene todo lo que se produce, y adonde va a parar toda destrucción, persistiendo la sustancia misma bajo sus diversas modificaciones, he aquí el principio de los seres.

Y así creen, que nada nace ni perece verdaderamente, puesto que esta naturaleza primera subsiste siempre; a la manera que no decimos que Sócrates nace realmente, cuando se hace hermoso o músico, ni que perece, cuando pierde estos modos de ser, puesto que el sujeto de las modificaciones, Sócrates mismo, persiste en su existencia, sin que podamos servirnos de estas expresiones respecto a ninguno de los demás seres.

Porque es indispensable que haya una naturaleza primera, sea única, sea múltiple, la cual subsistiendo siempre, produzca todas las demás cosas.

Por lo que hace al número y al carácter propio de los elementos, estos filósofos no están de acuerdo. Tales (21), fundador de esta filosofía, considera el agua como primer principio. Por esto llega hasta pretender que la tierra descansa en el agua; y se vio probablemente conducido a esta idea, porque observaba que la humedad alimenta todas las cosas, que lo caliente mismo procede de ella, y que todo animal vive de la humedad; y aquello de donde viene todo, es claro, que es el principio de todas las cosas. Otra observación le
condujo también a esta opinión. Las semillas de todas las cosas son húmedas por naturaleza y el agua es el principio de las cosas húmedas.

Algunos creen que los hombres de los más remotos tiempos y con ellos los primeros teólogos (22) muy anteriores a nuestra época, se figuraron la naturaleza de la misma manera que Tales. Han presentado como autores del Universo al Océano y a Tetis (23), y los dioses, según ellos, juran por el agua, por ese agua que los poetas llaman Estigia. Porque lo más seguro que existe es igualmente lo que hay de más sagrado; y lo más sagrado que hay es el juramento (24). ¿Hay en esta antigua opinión una explicación de la naturaleza? No es cosa que se vea claramente. Tal fue, por lo que se dice, la doctrina de Tales sobre la primera causa.

No es posible colocar a Hipón (25) entre los primeros filósofos, a causa de lo vago de su pensamiento. Anaxímenes (26) y Diógenes (27) dijeron que el aire es anterior al agua, y que es el primer principio de los cuerpos simples. Hipaso de Metaponte (28) y Heráclito de Éfeso (29) reconocen como primer principio el fuego. Empédocles (30) admite cuatro elementos, añadiendo la tierra a los tres que quedan nombrados. Estos elementos subsisten siempre, y no se hacen o devienen; sólo que siendo, ya más, ya menos, se mezclan y se desunen, se agregan y se separan.

Anaxágoras de Clazómenas (31), mayor que Empédocles, no logró exponer un sistema tan recomendable. Pretende que el número de los principios es infinito. Casi todas las cosas formadas de partes semejantes, no están sujetas, como se ve en el agua y el fuego, a otra producción ni a otra destrucción que la agregación o la separación; en otros términos, no nacen ni perecen, sino que subsisten eternamente.

Por lo que precede se ve que todos estos filósofos han tomado por punto de partida la materia, considerándola como causa única.

Una vez en este punto, se vieron precisados a caminar adelante y a entrar en nuevas indagaciones. Es indudable que toda destrucción y toda producción proceden de algún principio, ya sea único o múltiple. Pero ¿de dónde proceden estos efectos y cuál es la causa? Porque, en verdad, el sujeto mismo no puede ser autor de sus propios cambios. Ni la madera ni el bronce, por ejemplo, son la causa que les hace mudar de estado al uno y al otro; no es la madera la que hace la cama, ni el bronce el que hace la estatua. Buscar esta otra cosa es buscar otro principio, el principio del movimiento, como nosotros le llamamos.

Desde los comienzos, los filósofos partidarios de la unidad de la sustancia (32), que tocaron esta cuestión, no se tomaron gran trabajo en resolverla. Sin embargo, algunos de los que admitían la unidad, intentaron hacerlo, pero sucumbieron, por decirlo así, bajo el peso de esta indagación. Pretenden que la unidad es inmóvil, y que no sólo nada nace ni muere en toda la naturaleza (opinión antigua y a la que todos se afiliaron), sino también que en la naturaleza es imposible otro cambio. Este último punto es peculiar de estos filósofos. Ninguno de los que admiten la unidad del todo ha llegado a la concepción de la causa de que hablamos, excepto, quizá, Parménides (33), en cuanto no se contenta con la unidad, sino que, independientemente de ella, reconoce en cierta manera dos causas.

En cuanto a los que admiten muchos elementos, como lo caliente y lo frío, o el fuego y la tierra, están más a punto de descubrir la causa en cuestión. Porque atribuyen al fuego el poder motriz, y al agua, a la tierra y a los otros elementos la propiedad contraria. No bastando estos principios para producir el Universo, los sucesores de los filósofos que los habían adoptado, estrechados de nuevo, como hemos dicho, por la verdad misma, recurrieron al segundo principio (34). En efecto, que el orden y la belleza que existen en las cosas o que se producen en ellas, tengan por causa la tierra o cualquier otro elemento de esta clase, no es en modo alguno probable: ni tampoco es creíble que los filósofos antiguos hayan abrigado esta opinión. Por otra parte, atribuir al azar o a la fortuna estos admirables efectos era muy poco racional. Y así, cuando hubo un hombre que proclamó que en la naturaleza, al modo que sucedía con los animales, había una inteligencia, causa del concierto y del orden universal, pareció que este hombre era el único que estaba en el pleno uso de su razón, en desquite de las divagaciones de sus predecesores.

Sabemos, sin que ofrezca duda, que Anaxágoras se consagró al examen de este punto de vista de la ciencia. Puede decirse, sin embargo, que Hermotimo de Clazómenas (35) lo indicó el primero. Estos dos filósofos alcanzaron, pues, la concepción de la Inteligencia, y establecieron que la causa del orden es a un mismo tiempo el principio de los seres y la causa que les imprime el movimiento.

Fuente: Metafísica - Aristóteles

jueves, 8 de marzo de 2012

La Gran Logia Femenina de Rumania celebra 90 años


 
Bucarest, Rumania. La Gran Logia Femenina de Rumania celebra el 90 aniversario de su fundación. Las ceremonias oficiales se llevarán a cabo a mediados de mayo, cuando la GLFR organizará una serie de eventos públicos y privados de carácter masónico y profano.
 
En la última década, la GLFR tuvo una actividad masónica continua a nivel nacional z sobre todo internacional, ampliando sus relaciones en el Hemisferio Occidental, Europa y África.
 

miércoles, 7 de marzo de 2012

Represión de la masonería por los totalitarismos





A lo largo de su historia, la Masonería ha sido víctima de numerosos atropellos por parte de Gobiernos que encuadran con la definición de totalitarismos. Estos atropellos han ido desde la simple prohibición de reunirse, pasando por las penas de prisión y llegando hasta la pena de muerte (por el simple hecho de ser Masón).

Europa ha sido en la principal zona geográfica donde tuvo lugar la represión del Totalitarismo contra la Masonería.

La Masonería ha sido acusada simultáneamente de ser afín al comunismo y al capitalismo burgués, según fuese un totalitarismo de derechas o izquierdas quien necesitaba justificar sus medidas de represión contra la masonería.

Régimen Soviético de la U.R.S.S.
Represión en Rusia

Después que el movimiento bolchevique tomara el poder en Rusia, las logias masónicas fueron toleradas por algún tiempo.

En el IV Congreso Mundial de la Internacional Comunista tuvo lugar en Moscú, entre el 30 de noviembre y el 5 de diciembre de 1922 formalmente se declaró que la masonería era contraria a la ideología comunista. Se pidió a todos los comunistas darse de baja de la masonería o del partido comunista.

León Trotsky definió la masonería como "una ideología de concepción burguesa contraria en sus principios a la dictadura del proletariado, que tiende a establecer un Estado dentro del Estado". Ningún comunista que había sido masón pudo presentarse durante un período de dos años a ningún puesto del partido. Ante tal situación algunas logias se disolvieron inmediatamente, mientras que otras continuaron con una existencia en precario.

Cuatro años después cuando el masón Astromov solicitó a Stalin, que permitiese a la masonería seguir operando a pesar de la sanción oficial. Astromov había fundado cuatro logias en Leningrado, Moscú, Tiflis y Kiev. Se procedió al arresto, tortura y encarcelamiento de 30 conocidos masones (incluidos todos los oficiales de las cuatro logia fundadas por Astromov). Astromov también fue detenido, e interrogado y poco después de ser liberado moría a la edad de 76 años. La masonería desapareció totalmente durante los restantes años de gobierno soviético.

Tras el colapso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas reaparece la masonería en Rusia y en otros países que formaban parte de la esfera soviética.

Represión en Letonia

 

Letonia fue ocupada por el ejército soviético el 17 de junio de 1940, según los términos del Pacto Molotov-Ribbentrop, convirtiéndose en la República Socialista Soviética número 15. Las logias Letonas fueron cerradas al poco tiempo de la ocupación por fuerzas Soviéticas, y sigieron clausuradas durante la posterior ocupación por Fuerzas Nazis en 1941.

Después de la guerra todas las actividades masónicas en Letonia fueron estrictamente prohibidas por el partido comunista.

Una vez restaurada la independencia de Letonia en 1991 no reaparece la Masonería en sino hasta 1993.

Represión en Lituania

 

En 1940 la ocupación soviética marca un final abrupto de la masonería en Lituania.

A partir de 1990 con la restauración de la independencia de Lituania se empiezan a sentar las bases de la futura masonería Lituana que no seria una realidad hasta el 27 de agosto de 1993.

Represión en Hungría

 

En 1919, Béla Kun proclamó la dictadura del proletariado en Hungría. Esto marcó el inicio de redadas por parte del ejército húngaro contra las logias masónicas junto con robos y en ocasiones destrucción de las bibliotecas, registros, archivos y obras artísticas masónicas.

Varios edificios masónicos fueron confiscados y usados para exposiciones anti-masónicas. La masonería fue proscrita por ley por medio de un decreto en 1920.

En la Hungría de después de la guerra, las logias fueron descritas como "lugares de reunión de elementos capitalistas, amigos del imperialismo occidental, enemigos de la república democrática."

Represión en Bulgaria

 

En septiembre de 1945 el Ejército Rojo invade Bulgaria, y promueve a los comunistas locales al poder, estableciendo un Estado socialista.

La masonería que ya había sido ilegalizada en el 1941 (antes de la llegada de los soviéticos), aunque sigue siendo proscrita por el nuevo régimen de signo totalmente contrario al anterior. No volvieron a permitirse las logias masónicas sino hasta 1992.


Represión en Checoslovaquia


Después de la toma por lo comunistas de Checoslovaquia en 1948, la situación de los masones se volvió muy difícil.

Finalmente el 1 de abril de 1951 la Gran Logia de Checoslovaquia decidió interrumpir todas las actividades masónicas de sus 15 logias. Los masones Checoslovacos tuvieron que esperar 40 años para poder reiniciar sus actividades. De los 779 miembros que había en 1951 solo el 3% permanecía vivo en 1990. El 17 de noviembre de 1990 las logias Narod, Dilo y Most resumieron sus actividades masónicas.

Represión en Polonia

 

En el año 1938 la Masonería fue ilegalizada en Polonia por decreto de la Presidencia Polaca.

Régimen Nazi

 

Represión en Alemania

 

Antes de la llegada del nazismo, la masonería alemana era la segunda más importante del mundo tanto en número de logias como en número de masones. En los años 30 existían 10 Grandes Logias que consistían de 690 logias y alrededor de 70.000 masones.


En 1937 el régimen nazi de Alemania declara a la Masonería "enemiga del Estado", los archivos y la propiedad de la masonería fueron confiscados. Muchos masones fueron enviados a los campos de concentración por el simple hecho de ser masones.

Los registros preservados por el Reichssicherheitshauptamt muestran la persecución que sufrieron los masones. A pesar que no se sabe con certeza el número exacto, se estima que entre 80.000 y 200.000 masones fueron exterminados por el régimen nazi, en la Europa conquistada o influida por los nacional-socialistas.

En 1948 la pequeña flor de color azul llamada "no-me-olvides" fue adoptada como signo distintivo masónico en la primera Convención Anual de la Gran Logia Unida de Alemania de Masones Antiguos Libres y Aceptados. Hoy día sigue usándose en memoria de aquellos que han sufrido en nombre de la masonería, especialmente en Alemania durante el Tercer Reich.

En Mein Kampf, Adolf Hitler escribe que la masonería ha "sucumbido" a los judíos y se ha convertido en un "excelente instrumento" para combatir por sus intereses y para usar sus "hilos" para tirar del nivel superior de la sociedad en pro de sus designios. Él continúa, "La parálisis general del instinto de auto
preservación nacional de la sociedad empezó por causa de la masonería"

La masonería fue prohibida en todas las naciones aliadas con los nazis o bajo su control; incluidas Japón, Noruega y Francia.

Represión en Austria

 

Entre 1934 y 1936 fueron cerradas varias de las más prominentes logias de Austria.

El 12 de marzo de 1938 la Gestapo tomo posesión de la Gran Logia de Viena, los archivos de la Gran Logia desaparecieron.

El Gran Maestre Dr.Richard Schlesinger fue arrestado. Murió al poco tiempo de ser puesto en libertad como consecuencia del duro trato recibido.

Represión en Holanda

 

Las fuerzas nacional-socialistas de Alemania tras la invasión de Holanda, asaltaron el edificio de la Gran Logia Hague en mayo de 1940 impidiendo el acceso al edificio. En septiembre de 1940 todas las posesiones de la orden fueron confiscadas.

El entonces Gran Maestre, Herman Van Tongeren fue arrestado en octubre de 1940, y posteriormente murió el 29 de marzo de 1941, mientras se encontraba prisionero en el campo de concentración de Sachsenhausen, en Alemania.

Represión en Bélgica

 

El 24 de agosto de 1940 comenzaron las confiscaciones de material masónico por parte del ejército invasor nazi de Alemania. Las lógias masónicas fueron de las primeras instituciones de Bélgica en ser sistemáticamente asaltadas; primero por las Sicherheitsdients (Servicio de Seguridad), seguido de cerca por las Einsatzst Reichsleiter Rosenberg.


Represión en Francia


Durante la ocupación de Francia por el ejército Nacional Socialista de Alemania (Nazi) tuvieron lugar la confiscación por parte del gobierno de Vichy de la documentación masónica de las distintas logias, los cuales fueron almacenados en el Castillo de Silesia.

Represión en Bulgaria

 

El 23 de enero de 1941 el Parlamento de Bulgaria bajo la influencia de las potencias del eje (incluidos Nazis) emitió la Ley de la defensa de la Nación que prohibía la existencia de Logias masónicas en el territorio de Bulgaria.

Represión del Fascismo en Italia

 

Benito Mussolini decretó en 1924 que los miembros del Partido Fascista que fueran masones debían abandonar una u otra organización.

Es notable el caso del General Capello, uno de los más prominentes fascistas, y que también fue Diputado Gran Maestre del Grande Oriente de Italia, el cual se dio de baja del Partido fascista y mantuvo su pertenencia a la Masonería. Posteriormente en menos de un año fue arrestado y sentenciado a 30 años de cárcel.

En 1925 Musolinni disolvió la masonería en Italia bajo la acusación de que era una organización política. En una carta abierta al Duce el Gran Maestro del Gran Oriente, Domizio Torrigiani, tuvo el coraje de defender la idea de la democracia y la libertad de pensamiento. El precio que pagó por tal osadía fue el destierro e la islas Lipari y al poco tiempo murió.

Cientos de destacados masones compartieron el exilio en Lipari. En el máximo punto de agitación antimasónica (1925 - 1927), escuadrones de camisas negras penetraron en las casas de masones conocidos de Milán, Florencia y otras ciudades, y asesinaron al menos a cien de ellos.


Represión en España

Primo de Rivera

 

En 1927, bajo la Dictadura de Primo de Rivera, se prohibió la masonería. La situación de los masones no fue fácil durante el período, no tanto porque hubiera una política centralizada contra la masonería, sino porque el funcionamiento de las logias fue dejado al arbitrio de los gobernadores civiles. Con lo que los trabajos masónicos fueron prohibidos en algunas regiones de España y autorizados o simplemente ignorados en otras regiones.

Régimen franquista

 

Durante el gobierno del General Francisco Franco se quiso relacionar a la masonería con el comunismo y con el judaísmo, a pesar que la masonería se define a sí misma como apolítica y adogmática.

El 15 de septiembre de 1936 se publicó su primer decreto contra la Masonería, cuyo primer artículo dice así: La Francmasonería y otras asociaciones clandestinas son declaradas contrarias a la ley. Todo activista que permanezca en ellas tras la publicación del presente edicto será considerado como reo del crimen de rebelión. Pero en esa fecha, muchos masones españoles habían sido ya fusilados.

Desde comienzos de 1937 la Secretaría Particular de Franco (Delegación de Servicios Especiales) se dedicó a reunir primero en Burgos, y después en Salamanca, toda documentación posible sobre logias y masones. En el mes de mayo de 1937 era nombrado Marcelino Ulíbarri director del Servicio de Recuperación de Documentos, cuya sede definitiva estuvo en Salamanca, con el objetivo de reunir un gran fondo documental que permitiera al franquismo llevar a cabo la depuración total de cualquier vestigio de filiación masónica.

Como balance cuantitativo puede asumirse el informe de la asamblea anual de la Masonería, que se celebró en Madrid los días 15 y 16 de diciembre de 1937, según el cual todos los hermanos que no habían podido huir de la zona franquista habían sido asesinados.

El 21 de diciembre de 1938, Franco decretó que todas las inscripciones o símbolos de carácter masónico o que pudieran molestar a la Iglesia católica fueran eliminados de todos los cementerios de la zona nacional en el plazo de dos meses.

La Masonería vuelve a quedar incursa en la ilegalidad franquista en la célebre Ley de Responsabilidades Políticas, de 9 de febrero de 1939, donde, junto con todos los partidos del Frente Popular y sindicatos, se declaran (una vez más) fuera de la ley todas las logias masónicas.

El 1 de marzo de 1940 se dictó la principal ley antimasónica del Régimen, la Ley para la Represión de la Masonería y el Comunismo. Las penas iban desde la incautación de bienes hasta la reclusión mayor. Los masones, aparte de las sanciones económicas, quedaban automáticamente separados de cualquier empleo o cargo de carácter público. Se establecieron penas de veinte a treinta años de prisión para los grados superiores, y de doce a veinte para los cooperadores. La depuración llegaba a tal extremo que impedía formar parte de un "Tribunal de Honor" a quien tuviera algún pariente masón hasta segundo grado de consanguineidad. Con esa misma fecha quedaba constituido el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, Tribunal que estuvo en vigor hasta la creación del Tribunal de Orden Público en 1963. El de la Masonería fue suprimido el 8 de febrero de 1964.

En los Archivos Generales de la Guerra Civil Española permanecen guardados los sumarios por "delito de masonería" del Tribunal especial para la represión de la masonería y el comunismo.

En 1952, el jefe del estado español Francisco Franco publicó bajo el seudónimo de Jakim Boor, una serie de artículos antimasónicos en los periódicos de la posguerra, publicados todos ellos más tarde en el libro Masonería.

Represión de la Masonería en Portugal

 

Tras el golpe de estado del 28 de mayo de 1926 António de Oliveira Salazar asumió el poder dictatorial de Portugal, dando fin a la democracia instaurada en 1910.

El 16 de abril de 1929 la Guardia Republicana Nacional y la Policía asaltaron y capturaron las oficinas del Grande Oriente Gremio Lusitano, deteniendo a todos los masones presentes. Se confiscaron todos los documentos encontrados.

En vista de la nueva situación José da Costa Silva (masón) del Grande Oriente decretó que las logias se organizasen en números pequeños que fuesen difíciles de detectar por espías.

Salazar consiguió suprimir las libertades políticas dando cacería a sus oponentes y encarcelándolos. Esto llevo al exilio a numerosos masones (1931-1935).

El 21 de marzo de 1935 la masonería fue prohibida en todo Portugal por medio de la ley 1901 que disolvía el Grande Oriente Gremio Lusitano y la ley 1950 que transfería todos los archivos y propiedades de la masonería a la Legión Portuguesa. Muchas insignias y documentos del Gremio Lusitano fueron depositados en el PVDE (Policía Secreta).

La masonería no retornó a la normalidad en Portugal hasta 1974.

Fuente: Fundación Wikimedia, Inc.

La masonería se legalizó en los Emiratos Árabes Unidos







miércoles 7 de marzo de 2012
 
Dubai, Emiratos Árabes Unidos. Según la información recibida el 28 de febrero (declasificada hoy por la Secretaría General) de Nueva York, Su Alteza Real Mohammed bin Rashid Al Maktoum (Primer ministro y Vicepresidente, Soberano absoluto de Dubai) aprobó la creación de una Logia Masónica en Dubai. La información no fue confirmada por el momento
 

martes, 6 de marzo de 2012

Inaugurata 'Lux in arcana' Archivio segreto Vaticano in mostra



Cento documenti provenienti dall'Archivio segreto Vaticano saranno esposti ai Musei capitolini fino al 9 settembre nell'ambito della mostra "Lux in Arcana", promossa dal Vaticano e dal Campidoglio con l'organizzazione di Zetema. Tra questi, la "Dictatus Papae" di Gregorio VII, la bolla "Unam sanctam" di Bonifacio VIII, i Patti lateranensi, la scomunica di Martin Lutero e gli atti del processo a Giordano Bruno.

Roma - Da oggi al 9 settembre, ai Musei Capitolini di Roma, in mostra 100 originali e preziosissimi documenti della mostra "Lux in arcana - L'Archivio Segreto Vaticano si rivela". Un evento storico senza precedenti che, per la prima volta, porta fuori dai confini della Città del Vaticano codici e pergamene, filze, registri e manoscritti, che coprono un arco temporale dall'VIII secolo d. C. fino al XX secolo, scelti fra i tesori che l'Archivio Segreto Vaticano da secoli conserva e protegge. L'esposizione è stata ideata in occasione del quarto centenario dalla fondazione dell'Archivio Segreto Vaticano in collaborazione con Roma Capitale, assessorato alle Politiche Culturali e Centro Storico - Sovraintendenza ai Beni Culturali e Zètema Progetto Cultura. L'obiettivo è spiegare e raccontare che cos'è e come funziona l'Archivio dei Papi e, nel contempo, rendere visibile l'invisibile e far sì che anche il normale visitatore possa accedere, per una volta, alle meraviglie finora custodite nei circa 85 km lineari dell'Archivio Segreto Vaticano. Un titolo, "Lux in arcana", che comunica anche il principale obiettivo della mostra: la luce che filtra nei recessi dell'Archivio illumina una realtà preclusa ad una conoscenza superficiale, ma fruibile solo attraverso il contatto diretto e concreto con le fonti dell'Archivio, che apre le porte alla scoperta della storia, a volte inedita, raccontata nei documenti.

Vengono esposti documenti di straordinaria valenza storica, fra i quali la 'Dictatus Papae' di Gregorio VII; la bolla di deposizione di Federico II; la lettera dei membri del Parlamento inglese a Clemente VII sulla causa matrimoniale di Enrico VIII; gli atti del processo a Galileo Galilei; la lettera su seta dell'imperatrice Elena di Cina; la lettera su corteccia di betulla scritta dagli indiani d'America a Leone XIII; alcuni scelti documenti del "periodo chiuso" relativi alla Seconda Guerra mondiale; la Bolla di scomunica di Martin Lutero; il Privilegium Ottonianum; la Bolla Inter cetera di Alessandro VI sulla scoperta del nuovo mondo; la lettera dei Cardinali a Pietro del Morrone, eletto Papa con il nome di Celestino V; due famosi documenti sui Templari: il processo contro l'Ordine in Francia del 1309-11 e la pergamena di Chinon del 1308; la Bolla di proclamazione del Dogma dell'Immacolata Concezione; la Lettera di Bernadette Soubirous a Pio IX, la Lettera di Maria Stuart a Papa Sisto V, scritta quando apprese la notizia della condanna a morte e la lettera autografa di Michelangelo a monsignor Cristoforo Spiriti, vescovo di Cesena e futuro patriarca di Gerusalemme. I singoli documenti esposti in mostra sono accompagnati da approfondimenti multimediali- proiezioni, grafica dinamica, video su schermi ultrapiatti - per aiutare il visitatore ad inquadrare il documento nel contesto storico di riferimento, ad approfondire le storie dei personaggi e a creare collegamenti fra diversi piani di lettura. Inoltre, attraverso i più conosciuti social network è possibile seguire le attività collaterali alla mostra e sul sito www.luxinarcana.org, settimana dopo settimana, si possono scoprire curiosità e sui singoli documenti che sono già stati annunciati e piccoli approfondimenti sui personaggi coinvolti. Sul sito e su You Tube è disponibile un video trailer di presentazione della mostra, molto apprezzato dagli utenti della rete.

Fuente: http://www.agenziamassonica.org/

lunes, 5 de marzo de 2012

Las logias españolas del Gran Oriente de Francia condenan la represión policial a los estudiantes de Valencia

Las logias españolas del Gran Oriente de Francia han reacionado ante la desproporcionada represión policial de la que fueron objeto los estudiantes del IES Lluís Vives de Valencia mediante un comunicado fechado el pasado día 2 de marzo, en el que denuncian “que se utilice la crisis económica y social como coartada para la reducción de los derechos civiles”.
A continuación reproducimos el texto íntegro del documento:

Comunicado sobre los derechos civilesy el IES Lluís Vives

Ante la violenta respuesta dada por las autoridades políticas y las fuerzas policiales a las protestas de los estudiantes del IES Lluís Vives de Valencia, que solicitaban se les garantizasen condiciones mínimas de habitabilidad en las aulas, las logias españolas del Gran Oriente de Francia denunciamos que se utilice la crisis económica y social como coartada para la reducción de los derechos civiles.

Puesto que el uso de la fuerza en un Estado de derecho tiene como única legitimación el mantenimiento del orden público, la desproporción que se ha dado en este caso nos lleva a solicitar que la Justicia investigue de oficio una posible extralimitación de funciones, y que las autoridades políticas reflexionen y asuman las responsabilidades que, eventualmente, pudieran derivarse de sus actos.

Repudiamos la demonización que se ha hecho de la ciudadanía, que ejercía su legítimo derecho a protestar y fue calificada como “el enemigo” por el máximo responsable policial valenciano. Rechazamos, del mismo modo, interesadas tentativas de aumentar la tensión, así como el uso de la violencia como forma de protesta. La legitimidad de los medios es inseparable de la de los fines. De otro modo, se daría ocasión a quienes, so pretexto de garantizar la seguridad, pretendieran neutralizar los derechos ciudadanos.
Asimismo, pedimos a los medios de comunicación que renuncien a cualquier tentativa de manipular los acontecimientos, puesto que el papel de aquellos en democracia no es otro que informar con objetividad y rigor.

Un sistema democrático requiere de continuo esfuerzo por lograr el equilibrio –tarea de todos- entre unos deberes y unos derechos de los que las autoridades, con las fuerzas y cuerpos de seguridad, han de ser garantes. Ante un horizonte de grave conflictividad social, los masones y masonas de las logias españolas del GOdF reafirmamos nuestro compromiso por preservar la memoria de unos inalienables derechos de ciudadanía, así como por permanecer alertas para que nuestro sistema democrático continúe salvaguardando las libertades.

2 de marzo de 2012

Comité de Venerables Maestros
de las Logias españolas del GOdF

Fuente: http://www.actualmasonica.com/2012/03/05/las-logias-espanolas-del-godf-condenan-la-represion-policial-los-estudiantes-de-valencia/

Naturaleza de la ciencia; diferencia entre la ciencia y la experiencia - Metafísica - Aristóteles



Todos los hombres tienen naturalmente el deseo de saber. El placer que nos causa las percepciones de nuestros sentidos es una prueba de esta verdad. Nos agradan por sí mismas, independientemente de su utilidad, sobre todo las de la vista. En efecto, no sólo cuando tenemos intención de obrar, sino hasta cuando ningún objeto práctico nos proponemos, preferimos, por decirlo así, el conocimiento visible a todos los demás conocimientos que nos dan los demás sentidos. Y la razón es que la vista, mejor que los otros sentidos, nos da a conocer los objetos, y nos descubre entre ellos gran número de diferencias (1).

Los animales reciben de la naturaleza la facultad de conocer por los sentidos. Pero este conocimiento en unos no produce la memoria; al paso que en otros la produce. Y así los primeros son simplemente inteligentes; y los otros son más capaces de aprender que los que no tienen la facultad de acordarse. La inteligencia, sin la capacidad de aprender, es patrimonio de los que no tienen la facultad de percibir los sonidos, por ejemplo, la abeja (2) y los demás animales que puedan hallarse en el mismo caso.

La capacidad de aprender se encuentra en todos aquellos que reúnen a la memoria el sentido del oído (3). Mientras que los demás animales viven reducidos a las impresiones sensibles (4) o a los recuerdos, y apenas se elevan a la experiencia, el género humano tiene, para conducirse, el arte y el razonamiento.

En los hombres la experiencia proviene de la memoria. En efecto, muchos recuerdos de una misma cosa constituyen una experiencia. Pero la experiencia, al parecer, se asimila casi a la ciencia y al arte.

Por la experiencia progresan la ciencia y el arte en el hombre (5). La experiencia, dice Polus (6), y con razón, ha creado el arte, la inexperiencia marcha a la ventura. El arte comienza, cuando de un gran número de nociones suministradas por la experiencia, se forma una sola concepción general que se aplica a todos los casos semejantes. Saber que tal remedio ha curado a Calias atacado de tal enfermedad, que ha producido el mismo efecto en Sócrates y en muchos otros tomados individualmente, constituye la experiencia; pero saber que tal remedio ha curado toda clase de enfermos atacados de cierta enfermedad, los flemáticos, por ejemplo, los biliosos o los calenturientos, es arte. En la práctica la experiencia no parece diferir del arte, y se observa que hasta los mismos que sólo tienen experiencia consiguen mejor su objeto que los que poseen la teoría sin la experiencia. Esto consiste en que la experiencia es el conocimiento de las cosas particulares, y el arte, por lo contrario, el de lo general (7). Ahora bien, todos los actos, todos los hechos se dan en lo particular. Porque no es al hombre al que cura el médico, sino accidentalmente, y sí a Calias o Sócrates o a cualquier otro individuo que resulte pertenecer al género humano. Luego si alguno posee la teoría sin a experiencia, y conociendo lo general ignora lo particular en el contenido, errará muchas veces en el tratamiento de la enfermedad. En efecto, lo que se trata de curar es al individuo. Sin embargo, el conocimiento y la inteligencia, según la opinión común, son más bien patrimonio del arte que de la experiencia, y los hombres de arte pasan por ser más sabios que los hombres de experiencia, porque la sabiduría está en todos los hombres en razón de su saber. El motivo de esto es que los unos conocen la causa y los otros la ignoran.

En efecto, los hombres de experiencia saben bien que tal cosa existe, pero no saben porqué existe; los hombres de arte, por lo contrario, conocen el porqué y la causa. Y así afirmamos verdaderamente que los directores de obras, cualquiera que sea el trabajo de que se trate, tienen más derecho a nuestro respeto que los simples operarios; tienen más conocimiento y son más sabios, porque saben las causas de lo que se hace; mientras que los operarios se parecen a esos seres inanimados que obran, pero sin conciencia de su acción, como el fuego, por ejemplo, que quema sin saberlo. En los seres inanimados una naturaleza particular es la que produce cada una de estas acciones; en los operarios es el hábito.

La superioridad de los jefes sobre los operarios no se debe a su habilidad práctica, sino al hecho de poseer la teoría y conocer las causas. Añádase a esto que el carácter principal de la ciencia consiste en poder ser transmitida por la enseñanza. Y así, según la opinión común, el arte, más que la experiencia, es ciencia; porque los hombres de arte pueden enseñar, y los hombres de experiencia no. Por otra parte, ninguna de las acciones sensibles constituye a nuestros ojos el verdadero saber, bien que sean el fundamento del conocimiento de las cosas particulares; pero no nos dicen el porqué de nada; por ejemplo, no nos hacen ver por qué el fuego es caliente, sino sólo que es caliente.

No sin razón el primero que inventó un arte cualquiera, por encima de las nociones vulgares de los sentidos, fue admirado por los hombres, no sólo a causa de la utilidad de sus descubrimientos, sino a causa de su ciencia, y porque era superior a los demás. Las artes se multiplicaron, aplicándose las unas a las necesidades, las otras a los placeres de la vida, pero siempre los inventores de que se trata fueron mirados como superiores a los de todas las demás, porque su ciencia no tenía la utilidad por fin.

Todas las artes de que hablamos estaban inventadas cuando se descubrieron estas ciencias que no se aplican ni a los placeres ni a las necesidades de la vida. Nacieron primero en aquellos puntos donde los hombres gozaban de reposo. Las matemáticas fueron inventadas en Egipto, porque en este país se dejaba un gran solaz a la casta de los sacerdotes.

Hemos asentado en la Moral (8) la diferencia que hay entre el arte, la ciencia y los demás conocimientos.

Todo lo que sobre este punto nos proponemos decir ahora, es que la ciencia que se llama Filosofía (9) es, según la idea que generalmente se tiene de ella, el estudio de las primeras causas y de los principios.

Por consiguiente, como acabamos de decir, el hombre de experiencia parece ser más sabio que el que sólo tiene conocimientos sensibles, cualesquiera que ellos sean: el hombre de arte lo es más que el hombre de experiencia; el operario es sobrepujado por el director del trabajo, y la especulación es superior a la práctica. Es, por tanto, evidente que la Filosofía es una ciencia que se ocupa de ciertas causas y de ciertos principios.

El compuesto de los compuestos - Compositum de compositis - III







PRACTICA DEL MERCURIO DE LOS SABIOS

No es el Mercurio del vulgo, es la materia prima de los filósofos. Es un elemento acuoso, frío, húmedo, es un agua permanente, es el espíritu del cuerpo, vapor graso, Agua bendita, Agua fuerte, Agua de los sabios, Vinagre de los filósofos, Agua mineral, Rocío de la gracia celeste; tiene muchos otros nombres más, y si bien son diferentes, designan todos a una misma y única cosa, que es el Mercurio de los filósofos, es la fuerza de la Alquimia; sólo él puede servir para hacer la tintura blanca y la roja, etcétera.
Toma, pues en nombre de Jesucristo, nuestro M... venerable, Agua de los filósofos, Hylé primitivo de los sabios; es la piedra que se te ha descubierto en este tratado, es la materia prima del cuerpo perfecto, como lo has adivinado. Pon tu materia en un hornillo, en un recipiente limpio, claro, transparente y redondo, del cual sellarás herméticamente el orificio, de suerte que nada pueda escaparse.

Tu materia será colocada sobre un lecho bien plano ligeramente caliente; allí lo dejarás un mes filosófico; mantendrás el calor siempre igual, mientras el sudor de la materia se sublime, hasta que no sude más, que no suba nada, que nada baje, que comience a pudrirse, a sofocarse, a coagularse y a fijarse, como consecuencia de la constancia del fuegoYa no se elevará más substancia aérea humeante y nuestro Mercurio quedará en el fondo, seco, despojado de su humedad, podrido, coagulado, convertido en una tierra negra, que se llama Cabeza negra del cuervo, elemento seco terroso.

Cuando hayas hecho esto, habrás llevado e cabo la verdadera sublimación de los Filósofos, durante la cual has recorrido todos los grados precitados: sublimación del Mercurio, destilación, coagulación, putrefacción, calcinación y fijación, en un solo matraz y en un solo hornillo, como se ha dicho.

En efecto, cuando nuestra piedra está en su recipiente, y ella se eleva, se dice entonces que hay sublimación o ascensión. Pero cuando en seguida cae de nuevo al fondo, se dice que hay destilación o precipitación. Más adelante, cuando después de la sublimación y la destilación, nuestra Piedra comienza a pudrirse y a coagularse, es la putrefacción y la coagulación; finalmente, cuando se calcina y fija por privación de su humedad radical acuosa, es la calcinación y fijación; todo esto se efectúa por el solo acto de calentar, en un solo hornillo y en un solo recipiente, como se ha dicho.

Esta sublimación constituye una verdadera separación de los elementos, según los filósofos: “El trabajo de nuestra piedra no consiste más que en la separación y conjunción de los elementos; porque en nuestra sublimación el elemento acuoso frío y húmedo se convierte en elemento terroso, seco y cálido. De esto se desprende que la separación de los elementos de nuestra piedra no es vulgar; sino filosófica; nuestra única sublimación muy perfecta, basta, en efecto, para separar los elementos; en nuestra piedra no hay más que la forma de dos elementos, el agua y la tierra, que contienen virtualmente a los otros dos. La Tierra encierra virtualmente al Fuego, a causa de su sequedad; el Agua contiene virtualmente el Aire a causa de su humedad. Por lo tanto, es bien evidente que si nuestra piedra no tiene en ella más que la forma de dos elementos, encierra virtualmente. a los cuatro”.

También ha dicho un filósofo: “No hay separación de los cuatro elementos en nuestra Piedra, como lo creen los imbéciles. Nuestra naturaleza encierra un arcano muy oculto del cual se ven la fuerza y la potencia, la tierra y el agua. Encierra otros dos elementos, el aire y el fuego, pero no son ni visibles, ni tangibles, no se les puede representar, nada les descubre, se ignora su poder, que no se manifiesta más que en los otros dos elementos, tierra y agua, cuando el fuego cambia los colores durante la cocción”.

He aquí que por la gracia de Dios tienes el segundo componente de la piedra filosofal, que es la Tierra negra, Cabeza de cuervo, madre, corazón y raíz de los otros colores. De esta tierra, como de un tronco, nace todo el resto. Este elemento terroso y seco, ha recibido en los libros de los filósofos numerosos nombres, todavía se le llama Latón inmundo, Residuo negro, Bronce de los filósofos, Nummus, Azufre negro, Macho, Esposo, etcétera. A pesar de esta infinita variedad de nombres, es siempre una misma y única cosa, sacada de una sola materia.

Como consecuencia de esa privación de humedad, causada por la sublimación filosófica, el volátil se ha convertido en fijo, el blando en duro, y el acuoso se ha hecho terroso, según Geber. Es la metamorfosis de la naturaleza, el cambio del agua en fuego, según la Turba. Es también el cambio de las constituciones frías y húmedas, en constituciones biliosas, secas, según los médicos. Aristóteles dice que el espíritu ha tomado un cuerpo, y Alphidius que el líquido se ha hecho viscoso. Lo oculto se ha hecho manifiesto, dice Rudianus en el Libro de las tres palabras. Ahora se comprende a los filósofos cuando dicen: “Nuestra Gran Obra no es otra cosa que una permutación de las naturalezas, una evolución de los elementos”. Es bien evidente que a causa de esta privación de humedad, secamos la piedra, lo volátil se hace fijo, el espíritu se hace corporal, el líquido se vuelve sólido, el fuego se convierte en agua, y el aire en tierra. Así hemos cambiado las verdaderas naturalezas siguiendo un cierto orden, hemos hecho girar a los cuatro elementos en círculo, hemos permutado sus Naturalezas. ¡ Que Dios sea eternamente bendito!. Amén.

Pasemos ahora, con permiso de Dios, a la segunda operación que es el blanqueo de nuestra tierra pura. Toma, pues, dos partes de tierra fija o Cabeza de cuervo; muélela finamente y con precaución en un mortero excesivamente limpio, agrégale una parte del Agua filosófica que tú sabes (es el agua que apartaste). Aplícate a unirlas, embebiendo poco a poco a la tierra seca, hasta que haya saciado su sed; muele y mezcla tan bien, que la unión del cuerpo, del alma y del agua sea perfecta e íntima: Hecho esto, meterás todo en un matraz herméticamente cerrado a fin de que nada se escape, y lo depositarás sobre su pequeño lecho liso, tibio, siempre caliente para que al sudar desembarace sus entrañas del líquido que bebió. Allí lo dejarás ocho días, hasta que la tierra blanquee en parte. Entonces tomarás la Piedra, la pulverizarás, la empaparás de nuevo con la Leche virginal, removiendo, hasta que haya apagado su sed; volverás a ponerla en el matraz sobre su pequeño lecho tibio, para que sudando se deseque, como se dijo más arriba. Repetirás cuatro veces esta operación, siguiendo el mismo orden: imbibición de la tierra por el agua hasta la perfecta unión, desecación, calcinación. De ese modo habrás cocido suficientemente la tierra de nuestra piedra muy preciosa. Siguiendo este orden: cocción, pulverización, imbibición por el agua, desecación y calcinación, has purificado suficientemente la Cabeza de Cuervo, la tierra negra y fétida, la has conducido a la blan-cura por el poder del fuego, del calor y del Agua blanqueadora. Recoge tu tierra blanca y ponla cuidadosamente a un lado, porque es un bien precioso, es la Tierra foliácea blanca, Azufre blanco, Magnesia blanca, etc.. Morienus habla de ella cuando dice... “Poned a pudrir esta tierra con su agua, para que se purifique y con la ayuda de Dios terminaréis el Magisterio”. Hermes dice también que el Azoth lava al Latón y le despoja de todas sus impurezas.

En esta última operación hemos reproducido la verdadera conjunción de los elementos, porque el agua se ha unido a la tierra y el aire al fuego. Es la unión del hombre y la mujer, del macho y de la hembra, del oro y de la plata, del Azufre seco y del Agua celeste impura. También ha habido resurrección de los cuerpos muertos. Por eso ha dicho el filósofo: “Que aquellos que no saben matar y resucitar, abandonen el arte”. Y en otro sitio:

“Aquellos que saben matar y resucitar sacarán provecho de nuestra ciencia. Aquel que sepa hacer esas dos Cosas será el Príncipe del Arte”. Otro filósofo ha dicho: “Nuestra Tierra seca no dará ningún fruto, si no es profundamente embebida por su Agua de lluvia. Nuestra tierra seca tiene una gran sed, cuando ha comenzado a beber, bebe hasta las heces”. Otro ha expresado: “Nuestra Tierra bebe el agua fecundante que aguardaba, apaga en sed, y después produce centenares de frutos”. Se encuentran muchos otros parajes semejantes en los libros de los filósofos; pero están en forma de parábola, para que los malos no puedan entenderlos. Por la gracia de Dios, tú ahora posees nuestra Tierra blanca foliácea, preparada para sufrir la fermentación que le dará el aliento. También ha dicho el filósofo: “Blanquead la tierra negra antes de agregarle el fer-mento”. Otro ha dicho: “Sembrad vuestro oro en la Tierra foliácea blanca... y ella os dará fruto centuplicado”. Gloria a Dios. Amén.

Pasemos a la tercera operación, que es la fermentación de la Tierra blanca. No es preciso animar el cuerpo muerto y resucitarle, para multiplicar su potencia al infinito y hacerlo pasar al estado de Elixir perfecto blanco, que cambia al Mercurio en Luna perfecta y verdadera. Fíjate que el fermento no puede penetrar el cuerpo muerto si no es por medio del agua que hace el casamiento y sirve de logo entre tierra blanca y el fer-mento. Por eso en toda fermentación hay que cuidar el peso de cada cosa. Por tanto, si quieres poner a fermentar la Tierra foliácea blanca para transformarla en Elixir blanco que encierre un exceso de tintura, te es preciso tomar tres partes de Tierra blanca o Cuerpo muerto foliáceo y dos partes del Aguardiente que habías reservado, y una parte y media de fermento. Prepara este fermento de modo tal que esté reducido a una cal blanca tenue y fija, si quieres hacer el elixir blanco. Si quieres hacer el elixir rojo, sírvete de cal de oro muy amarillo, preparada según el arte. No hay más fermentos que ésos. El fermento de la plata es la plata y el del oro es el oro; así pues, no busques por otro lado. La razón de ello es que esos dos cuerpos son luminosos y encierran rayos deslumbradores, que comunican a los otros cuerpos la verdadera rojez y blancura. Son de una naturaleza semejante a la del Azufre más puro de la materia, de la especie de las piedras.

De manera que deberás extraer cada especie de su especie y cada género de su género. La obra al blanco tiene por objeto blanquear, la obra al rojo enrojecer. Sobre todo no mezcles las dos Obras, si no, no harás nada de provecho.

Todos los filósofos dicen que nuestra Piedra se compone de tres cosas: el cuerpo, el espíritu y el alma. Ahora bien: la tierra blanca foliácea es el cuerpo, el fermento es el alma que le da la vida, y el agua intermediaria es el espíritu. Reúne esas tres cosas en una por el casamiento moliéndolas bien en una piedra limpia, en forma que se unan en sus más ínfimas partículas, constituyendo un caos confuso. Cuando del todo hayas hecho un solo cuerpo, lo pondrás suavemente en un recipiente especial, que colocarás sobre su lecho caliente para que la mezcla se coagule, se fije y se ponga blanca. Tomarás esta piedra blanca bendita, la molerás finamente sobre una piedra bien limpia, la mojarás con una tercera parte de su peso de agua para calmar su sed. En seguida la volverás a poner en el matraz claro y limpio sobre su pecho templado y caliente para que Comience a sudar, a devolver su agua, y finalmente dejaras que sus entrañas se desequen. Repite varias veces hasta que, por este procedimiento, hayas preparado nuestra muy excelente Piedra blanca, fija, que penetra las más pequeñas partes de los cuerpos muy rápidamente, fluyendo como el agua fija cuando se la pone sobre el fuego, convirtiendo los cuerpos imperfectos en plata verdadera, en todo comparable con la plata natural. Ten en cuenta que si repites varias veces todas esas operaciones en el mismo orden: disolver, coagular, moler y cocer, tu Medicina será tanto mejor, y su excelencia aumentará de más en más. Cuanto más trabajes tu Piedra para aumentar su virtud, tanto más rendimiento obtendrás cuando hagas la proyección sobre los cuerpos imperfectos. De suerte que, si después de una operación una parte del Elixir convierte cien partes de cualquier cuerpo en Luna, después de dos operaciones convertirá mil; después de tres, diez mil; después de cuatro, cien mil; después de cinco, un millón y después de seis operaciones millares de miles, y así sucesivamente hasta el infinito.

 Por eso los adeptos todos elogian la gran máxima de los filósofos sobre la perseverancia para repetir esta operación. Si hubiera bastado una imbibición, no hubiesen discurrido tanto sobre este tema. Que las gracias sean dadas a Dios. Amén.

Si deseas cambiar esa Piedra gloriosa, ese Rey blanco que transmuta y tiñe el Mercurio y todos los cuerpos imperfectos en verdadera Luna; si deseas, digo, convertirla en Piedra roja que transmuta y tiñe el Mercurio, la Luna y los demás metales en verdadero Sol, obra así: Toma la Piedra blanca y divídela en dos partes: la una podrás aumentarla el estado de elixir blanco con su Agua blanca, como se ha dicho antes, de modo que tendrás de ella indefinidamente. La otra la pondrás en el nuevo lecho de los filósofos, puro, limpio, transparente y esférico, colocando todo en el hornillo de digestión. Aumentarás el fuego hasta que por su fuerza y su poder la materia se haya transformado en una piedra muy roja, que los filósofos llaman Sangre. Oro púrpura, Coral rojo o Azufre rojo. Cuando veas ese color, y que el rojo sea tan brillante como el azafrán seco calcinado, entonces toma alegremente al Rey y ponle preciosamente aparte. Si deseas convertirle en tintura del muy poderoso Elixir rojo, que transmuta y tiñe el Mercurio, la Luna y cualquier otro metal imperfecto en Sol muy verdadero, pon a fermentar tres partes, con una parte y media de oro muy puro en estado de cal sutil y bien amarilla, y dos partes de Agua solidificada. Haz con ella una mezcla perfecta de acuerdo con las reglas del Arte, hasta que no distingas más sus componentes. Vuélvelo a colocar en el matraz sobre un fuego que madure, para darle la perfección. En cuanto aparezca la verdadera Piedra sanguínea roja, agregarás gradualmente Agua sólida.

Poco a poco aumentarás el fuego de digestión. Acrecentarás su perfección repitiendo la operación. Es necesario agregar cada vez Agua sólida (que tú guardaste), que conviene a su naturaleza; multiplica su potencia hasta el infinito, sin cambiar nada de su esencia. Una parte de Elixir perfecto en el primer grado, proyectada sobre cien partes de Mercurio (lavado con vinagre y sal, como debes saberlo) colocada en un crisol a fuego suave, hasta que aparezcan vapores, la transmuta de inmediato en verdadero Sol mejor que el natural. Lo mismo sucede reemplazando el Mercurio por la Luna.

Para cada grado de mayor perfección del Elixir, resulta como para el Elixir blanco, hasta que por fin tiña de Sol cantidades infinitas de Mercurio y de Luna. Ahora tú posees un precioso arcano, un tesoro infinito. Por eso dicen los filósofos: “Vuestra Piedra tiñe tres colores, es negra al principio, blanca en el medio y roja al fin”. Un filósofo ha dicho: “El calor, actuando primeramente sobre lo húmedo engendra la negrura, su acción sobre lo seco engendra la blancura y sobre ésta engendra la rojez. Porque la blanca no es más que la privación completa de negrura. El blanco, fuertemente condensado por la fuerza del fuego, engendra el rojo”. Todos vosotros, buscadores que trabajáis el Arte -ha dicho otro sabio-, cuando veáis aparecer el blanco en el recipiente, sabed que el rojo está oculto en ese blanco. Os es preciso extraerlo de él y para eso calentar fuertemente hasta la aparición del rojo”.

Ahora, demos gracias a Dios, sublime y glorioso Soberano de la Naturaleza, que ha creado esta sustancia y le ha dado una propiedad que no se halla en ningún otro cuerpo. Ella es la que, puesta sobre el fuego, entabla combate con él y le resiste valientemente. Todos los demás cuerpos huyen o son exterminados por el fuego.

Recoged mis palabras, fijaos cuántos misterios encierran, porque en este corto tratado he reunido y explicado lo que hay más secreto en la Alquimia; todo está dicho en él sencilla y claramente, no omitido nada, todo se encuentra brevemente indicado, y tomo a Dios por testigo de que en los libros de los Filósofos no se puede hallar nada mejor de lo que os he dicho. Por eso te lo suplico, no confíes este tratado a nadie, no lo dejes caer en manos impías, porque encierra los secretos de los filósofos de todos los siglos. Tal cantidad de preciosas perlas no debe ser echada a los puercos y a los indignos. Si, no obstante, eso sucediera, ruego entonces a Dios todopoderoso que tú no consigas terminar jamás esta Obra divina.

Bendito sea Dios, uno en tres personas.


Fuente: Alberto Magno

domingo, 4 de marzo de 2012

El compuesto de los compuestos - Compositum de compositis - II






DE LA PUTREFACCION

El fuego engendra la muerte y la vida. Un fuego vivo deseca el cuerpo. He aquí la razón; al llegar el fuego al contacto con un cuerpo, pone en movimiento al elemento semejante a él que en dicho cuerpo existe.

Ese elemento es el calor natural. Este excita al fuego extraído en primer lugar del cuerpo; hay conjunción y la humedad radical del cuerpo sube a su superficie mientras el fuego obra en el exterior. En cuanto desaparece la humedad radical que unía las diversas porciones del cuerpo, éste muere, se disuelve, se resuelve: todas sus partes se separan las unas de las otras. El fuego obra aquí como un instrumento cortante. Aunque por sí mismo deseca y contrae, no puede hacerlo tanto como cuando hay en el cuerpo una cierta predisposición, sobre todo si el cuerpo es compacto como lo es un elemento. Este último carece de un mixto aglutinante, que se separaría del cuerpo después de la corrupción.

Todo esto puede hacerse por el sol, porque es de una naturaleza cálida y húmeda con relación a los demás cuerpos.

DEL REGIMEN DE LA PIEDRA

Hay cuatro regímenes de la Piedra: 1º descomponer; 2º lavar; 3º reducir; 4º fijar. En el primer régimen se separan las naturalezas, porque sin división, sin purificación, no puede haber conjunción. Durante el segundo régimen, los elementos separados son lavados, purificados y llevados al estado simple. En el tercero se cambia nuestro Azufre en cantera del Sol, de la Luna y de los otros metales. En el cuarto, todos los cuerpos anteriormente extraídos de nuestra Piedra son unidos, recompuestos y fijados, para permanecer en adelante formando un conjunto.

Hay quienes cuentan cinco grados en el Magisterio: 1º resolver las sustancias en su materia prima; 2º llevar nuestra tierra, es decir, la magnesia negra, a ser aproxi-madamente de la naturaleza del Azufre y del Mercurio; 3º hacer que el Azufre se aproxime todo lo posible a la materia mineral del Sol y de la Luna; 4º componer de varias cosas un Elixir blanco; 5º quemar perfectamente el Elixir blanco, darle el color del cinabrio y partir de ahí para hacer el Elixir rojo.

En fin, los hay que cuentan cuatro grados en la Obra, otros tres, y otros tan sólo dos. Estos últimos cuentan así: 1º puesta en obra y purificación de los elementos; 2º conjunción.

Fíjate bien en lo que sigue: la materia de la Piedra de los Filósofos es de poco precio; se la encuentra todas partes, es un agua viscosa como el mercurio que se extrae de la tierra. Nuestra agua viscosa se halla en todas partes, hasta en las Letrinas, han dicho ciertos filósofos, y algunos imbéciles, tomando sus palabras al pie de la letra, la han buscado en los excrementos.

La naturaleza obra sobre esa materia quitándole algo, su principio terroso, y añadiéndole algo, el Azufre de los Filósofos, que no es el azufre del vulgo, sino un Azufre invisible, tintura del rojo. Para decir verdad, es el espíritu del vitriolo romano. Prepáralo así: toma salitre y vitriolo romano, dos libras de cada uno; muélelo finamente en el mortero. Aristóteles tiene, pues, razón cuando dice en su cuarto libro de los meteoros: “Todos los alquimistas saben que no se puede, de ningún modo, cambiar la forma de los metales si antes no se los reduce a materia prima”. Lo cual es fácil, como pronto se verá.

El Filósofo dice que no se puede ir de una extremidad a la otra sin pasar por el medio. En una extremidad de nuestra piedra filosofal se hallan dos antorchas, el oro y la plata, y en la otra extremidad el elixir perfecto o tintura. En el medio el aguardiente filosófico, naturalmente purificado, cocido y digerido.

Todas estas cosas están próximas a la perfección y son preferibles a los cuerpos de naturaleza más alejada. De igual modo que por medio del calor el hielo se resuelve en agua, por haber sido antes agua, asimismo los metales se resuelven en su materia prima que es nuestro Aguardiente. La preparación está indicada en los siguientes capítulos. Sólo él puede reducir todos los cuerpos metálicos a su materia prima.

DE LA SUBLIMACION DEL MERCURIO

En nombre del Señor, procúrate una libra de mercurio puro procedente de la mina. Por otra parte, toma vitriolo romano y sal común calcinada, machácalo en el mortero y mezcla íntimamente. Pon estas dos últimas materias en un vaso ancho de barro vidriado, al fuego suave hasta que la materia comience a fundirse y licuarse. Entonces toma tu mercurio mineral, ponlo en un recipiente de cuello largo y viértelo gota a gota sobre el vitriolo y la sal en fusión. Remueve con una espátula de madera, hasta que el Mercurio haya sido devorado por entero y que no queden ya trazas de él. Cuando haya desaparecido por completo, deseca la materia a fuego suave durante la noche. Al otro día por la mañana tomarás la materia bien desecada y la pulverizarás finamente sobre una piedra. Pondrás la materia pulverizada en el recipiente sublimatorio llamado aludel, para sublimarla según el arte.

Pondrás el capitel y untarás las junturas con masilla filosófica a fin de que el Mercurio no pueda escaparse. Colocarás el aludel sobre su hornillo y lo fijarás de modo que no pueda inclinarse y que se mantenga bien derecho; entonces encenderás un fuego muy suave durante cuatro horas para quitar la humedad del mercurio y del vitriolo; después de la evaporación de la humedad, aumenta el fuego para que la materia blanca y pura del mercurio se separe de sus impurezas, y esto durante cuatro horas; verás si esto basta introduciendo una varilla de madera en el sublimatorio por la abertura superior, haciéndola descender hasta la materia, y sentirás si la materia blanca del mercurio está superpuesta a la mezcla. Si esto sucede, quita la varilla, cierra la abertura del capitel con masilla para que el mercurio no pueda escaparse, y aumenta el fuego de modo que la materia blanca del mercurio se eleve sobre las heces, hasta el aludel; esto durante cuatro horas. Calienta por fin con leña para obtener llamas, es preciso que el fondo del recipiente y el residuo se pongan rojos; continúa así mientras quede algo de sustancia blanca del mercurio adherida a las heces. La fuerza y la violencia del fuego concluirán por separarla. Quita entonces el fuego y deja enfriar el hornillo y la materia durante la noche.

Al otro día retira el recipiente del hornillo, quita la masilla con precaución para no ensuciar el Mercurio, abre el aparato; si encuentras una materia blanca, sublimada, pura, compacta y pesada, has tenido éxito.

Pero si tu sublimado fuese esponjoso, ligero y poroso, recógelo y comienza otra vez la sublimación sobre el residuo, agregando de nuevo sal común pulverizada; opera en el mismo recipiente sobre su hornillo, del mismo modo, con el mismo grado de fuego que antes. Abre entonces el recipiente, ve si el sublimado es blanco, compacto y denso, recógelo y ponlo a un lado cuidadosamente para servirte de él cuando lo necesites a fin de terminar la Obra. Mas si no se presentara todavía tal como debe ser, te será preciso sublimarlo una tercera vez hasta que lo obtengas puro, compacto, blanco y pesado.

Fíjate que por esta operación has despojado al Mercurio de dos impurezas. Ante todo, le has quitado toda su humedad superflua; en segundo lugar, lo desembarazaste de sus partes terrosas impuras, que quedaron en las heces; así lo has sublimado en una sustancia clara y semifija.
Ponlo aparte como se te ha recomendado.

DE LA PREPARACION DE LAS AGUAS, DE LAS QUE SACARAS EL AGUARDIENTE AGUA PRIMERA

Toma dos libras de vitriolo romano, dos libras de salitre y una libra de alumbre calcinado. Machácalo bien, mezcla perfectamente, ponlo en un alambique de vidrio, destila el agua de acuerdo con las reglas ordinarias, cerrando bien las junturas por temor de que se escapen los espíritus. Comienza con un fuego suave, después calienta más fuertemente; calienta en seguida con madera hasta que el aparato se ponga blanco, de suerte que destilen todos los espíritus. Cesa entonces el fuego, deja que se enfríe el hornillo; aparta cuidadosamente esta agua, porque es el disolvente de la Luna; consérvala para la Obra, ella disuelve la plata y la separa del oro, calcina el Mercurio y las flores de Marte; comunica a la piel del hombre una coloración morena que se va con dificultad. Es el agua prima de los filósofos, es perfecta en el primer grado. Prepararás tres litros de esta agua.

AGUA SEGUNDA, PREPARADA POR LA SAL AMONIACO

En nombre del Señor, toma una libra de agua prima y disuelve cuatro lotes de sal amoníaco pura e incolora; hecha la disolución, el agua ha cambiado de color, ad-quiriendo otras propiedades. El agua prima era verdosa, disolvía la Luna, no tenía acción sobre el Sol; pero en cuanto se le agrega la sal amoniaco toma un color amarillo, disuelve el oro, el Mercurio, el Azufre sublimado y comunica una fuerte coloración amarilla a la piel del hombre. Conserva preciosamente esta agua, porque a continuación nos servirá.

AGUA TERCERA, PREPARADA POR MEDIO DEL MERCURIO SUBLIMADO

Toma una libra de agua segunda y once lotes de Mercurio sublimado (por el vitriolo romano y la sal) bien preparado y bien puro. Verterás poco a poco el Mercurio en el agua segunda. Después sellarás el orificio del matraz, por temor de que se escape el espíritu del Mercurio. Colocarás el matraz sobre cenizas templadas, y el agua comenzará en seguida a obrar sobre el Mercurio, disolviéndolo e incorporándoselo.

Dejarás el matraz sobre las cenizas calientes, no deberá quedar un exceso de agua, y será preciso que el Mercurio sublimado se disuelva por completo. El agua obra por inhibición sobre el Mercurio hasta que lo disuelve.

Si el agua no ha podido disolver todo el Mercurio, tomarás el que haya quedado en el fondo del recipiente, lo desecarás a fuego lento, pulverizarás y lo disolverás en una nueva cantidad de agua segunda. Harás de nuevo esta operación hasta que todo el Mercurio sublimado se haya disuelto en el agua. Reunirás en una sola todas esas soluciones en un frasco bien limpio de vidrio, del cual taparás perfectamente la boca con cera.

Ponlo cuidadosamente aparte. Porque ésa es nuestra agua tercera, filosófica, espesa, perfecta en el tercer grado. Es la madre del Aguardiente que reduce todos los cuerpos a su materia prima.

AGUA CUARTA QUE REDUCE LOS CUERPOS CALCINADOS A SU MATERIA PRIMA

Coge agua tercera mercúrica, perfecta en el tercer grado, límpida y ponla a putrificar en el vientre del caballo en un matraz limpio, de cuello largo, bien cerrado, durante catorce días.

Deja fermentar; las impurezas caen al fondo y el agua pasa del amarillo al rojo. En este momento retirarás el matraz y lo pondrás sobre cenizas a un fuego muy suave, adaptándole un capitel de alambique con su recipiente. Comienza lentamente la destilación. Lo que pasa gota a gota es nuestro Aguardiente muy límpido, puro y pesado. Leche virginal. Vinagre muy agrio.

Continúa suavemente el fuego hasta que todo el aguardiente haya destilado tranquilamente; cesa entonces el fuego, deja que el hornillo se enfríe y conserva con cuidado tu agua destilada. Ese es nuestro Aguardiente, Vinagre de los filósofos, Leche virginal que reduce los cuerpos a su materia prima. Se le ha dado una infinidad de nombres.

He aquí las propiedades de esta agua: una gota depositada sobre una lámina de cobre caliente, la penetra en seguida y deja en ella una mancha blanca. Echada sobre carbones, emite humo; en el aire se congela y parece hielo. Cuando se destila esta agua, las gotas no pasan siguiendo todas el mismo camino, sino que unas pasan por un lado y otras por otro. No actúa sobre los metales como el agua fuerte, corrosiva, que los disuelve, sino que reduce a Mercurio todos los cuerpos que baña, como más adelante lo verás.

Después de la putrefacción, la destilación y la clarificación, es pura y más perfecta, despojada de todo principio sulfuroso ígneo y corrosivo. No es un agua que corroe, no disuelve los cuerpos, los reduce a Mercurio. Debe esta propiedad al Mercurio primitivamente disuelto y purificado en el tercer grado de la perfección. No contiene ya heces ni impurezas terrosas. La última destilación las ha separado, las impurezas negras quedaron en el fondo del alambique. El color de esta agua es azul, límpida y rosada; ponla aparte. Porque reduce todos los cuerpos calcinados y podridos, a su materia prima radical o mercurial.

Cuando quieras reducir con esta agua los cuerpos calcinados, prepara así dichos cuerpos.
Toma un marco del cuerpo que tú quieras, Sol o Luna; límalo suavemente. Pulveriza bien esta limadura sobre una piedra con sal común preparada. Separa la sal disolviéndola en agua caliente; la cal pulverizada caerá al fondo del líquido; decanta. Seca la cal, mójala tres veces con aceite tártaro, dejando cada vez que la cal absorba todo el aceite; pon en seguida la cal en un pequeño matraz; viértele encima aceite de tártaro, de modo que el líquido tenga un espesor de dos dedos, cierra entonces el matraz, ponlo a putrificar en el vientre del caballo durante ocho días; después toma el matraz, decanta el aceite y deseca la cal. Hecho esto, pon la cal en un peso igual al de nuestro Aguardiente; cierra el matraz y deja digerir a un fuego muy suave hasta que toda la cal se haya convertido en Mercurio. Decanta entonces el agua con precaución, recoge el Mercurio corporal, ponlo en una vasija de vidrio; purifícalo con agua y sal común, deseca según las reglas, colócalo en un lienzo fino y exprímelo en gotitas. Si pasa todo, está bien. Si queda alguna porción del cuerpo amalgamado, a causa de que la disolución no ha sido completa, pon ese residuo con una nueva cantidad de agua bendita. Piensa que la destilación del agua debe hacerse al baño de María; para el aire y el fuego, se destilará sobre cenizas calientes. El agua debe ser extraída de la sustancia húmeda y no de otra parte; el aire y el fuego deben ser sacados de la sustancia seca y no de otra.

PROPIEDADES DE ESTE MERCURIO

Es menos móvil, corre menos de prisa que el otro Mercurio; deja trazas de su cuerpo fijo en el fuego; una gota puesta sobre una lámina calentada al rojo, deja un residuo.

MULTIPLICACIÓN DEL MERCURIO FILOSOFICO

Cuando tengas tu Mercurio filosófico, toma de él dos partes y una parte de la limadura mencionada más arriba; haz una amalgama moliéndolo todo junto hasta una unión perfecta. Pon esta amalgama en un matraz, cierra bien el orificio y colócalo sobre las cenizas a un fuego moderado. Todo se convertirá en Mercurio. Así podrás aumentarlo hasta el infinito, porque como la cantidad volátil sobrepasa siempre a la cantidad de fijo, lo aumenta indefinidamente, comunicándole su propia Naturaleza y siempre habrá bastante.

Ahora tú sabes preparar el Aguardiente, conoces sus grados y propiedades, conoces la putrefacción de los cuerpos metálicos, su reducción a la materia prima, y la multiplicación de la materia hasta el infinito. Te he explicado claramente lo que todos los filósofos han ocultado con cuidado.


Fuente: Alberto Magno

El compuesto de los compuestos - Compositum de compositis - I





No ocultaré una ciencia que me ha sido revelada por la gracia de Dios; no la guardaré celosamente para mi solo, por temor de atraer su maldición. ¿Cuál es la utilidad de una ciencia conservada en secreto, de un tesoro escondido?. La ciencia que he aprendido sin ficciones, os la transmito sin pena. La envidia trastorna todo, un hombre envidioso no puede ser justo ante Dios. Toda ciencia y toda sabiduría provienen de Dios; decir que procede del Espíritu Santo, es sencillamente un modo de expresarse. Nadie puede decir: Nuestro Señor Jesucristo sin indicar implícitamente : hijo de Dios Padre, por operación del Espíritu Santo. De igual manera esta ciencia de verdad no puede ser separada de Aquel que me la ha comunicado.

No he sido enviado para todos, sino tan sólo para quienes admiran al Señor en sus obras y a los que Dios ha juzgado dignos. Que quien tenga oídos pava oír esta comunicación divina, recoja los secretos que me fueron transmitidos por la gracia de Dios y que no los revele jamás a quienes son indignos de ellos.

La Naturaleza debe servir de base y de modelo a la ciencia, por eso el Arte trabaja de acuerdo con la Naturaleza en todo lo que puede. Por tanto es menester que el artista observe la Naturaleza y opere como ella opera.

DE LA FORMACION DE LOS METALES EN GENERAL POR EL AZUFRE Y EL MERCURIO

Se ha observado que la naturaleza de los metales, tal como la conocemos, es de ser engendrada de una manera general por el Azufre y el Mercurio. Tan sólo la diferencia de cocción y de digestión, produce la variedad en la especie metálica. Por mí mismo he observado que en un solo y único recipiente, es decir, en un mismo filón, la Naturaleza había producido varios metales y plata, diseminados por acá y por allá. En efecto, hemos demostrado claramente en nuestro Tratado de los minerales, que la generación de los metales es circular, con facilidad se pasa del uno al otro siguiendo un circulo; los metales vecinos tienen propiedades semejantes; por eso la plata se transforma más fácilmente en oro que cualquier otro metal.

No hay más, en efecto, que cambiar en la plata, sino el color y el peso, lo cual es fácil. Porque una sustancia de por si compacta, aumenta fácilmente de peso. Y como contiene un azufre blanco amarillento, también su color será fácil de transformar.

Lo mismo sucede con los demás metales. El Azufre es, por decirlo así, su padre, y el Mercurio, su madre.
Aun es más verdadero si se dice que en la conjunción el Azufre representa el esperma del padre y que el Mercurio figura un menstruo coagulado, para formar la sustancia del embrión. El Azufre solo no puede engendrar, como sucede con el padre solo.

Así como el macho engendra de su propia sustancia mezclada con la sangre menstrual, así también el Azufre engendra con el Mercurio, pero solo no produce nada. Por medio de esta comparación, queremos dar a entender que el Alquimista deberá, ante todo, quitar al metal la especificidad que le ha dado la Naturaleza, y después, que proceda como procedió la Naturaleza con el Mercurio y el Azufre preparados y purificados, siguiendo siempre el ejemplo de la Naturaleza.

DEL AZUFRE

El Azufre contiene tres principios húmedos.
El primero de esos principios es, sobre todo, aéreo e ígneo; se le encuentra en las partes externas del Azufre a causa de la misma gran volatilidad de sus elementos, que fácilmente se evaporan y consumen los cuerpos con los cuales se ponen en contacto.

El segundo principio es flemático, llamado también acuoso; se halla colocado inmediatamente debajo del precedente. El tercero es radical, fijo, adherente a las partes internas. Únicamente éste es general, y no se le puede separar de las otras sin destruir todo el edificio. El primer principio no resiste al fuego; siendo combustible, se consume en el fuego y calcina la sustancia del metal con el cual se calienta. Por tanto, no solo es inútil, sino que resulta hasta nocivo para el objeto que nos proponemos. El segundo principio no hace más que mojar los cuerpos, no engendra, tampoco puede servirnos. El tercero es radical, penetra todas las partículas de la materia que le debe sus propiedades esenciales. Hay que desembarazar al Azufre de los dos primeros principios a fin de que la sutilidad del tercero pueda servirnos para hacer un compuesto perfecto.

El fuego no es más que el vapor del Azufre; el vapor de Azufre bien purificado y sublimado blanquea y hace más compacto. Por eso los Alquimistas hábiles tienen la costumbre de quitar al Azufre sus dos principios superfluos por medio de lavajes ácidos, tales como el vinagre de los limones, la leche agria, la leche de cabras o la orina de los niños. Lo purifican por levigación, digestión o sublimación. Finalmente, es preciso rectificarlo por resolución, de modo que no se tenga más que una sustancia pura que contenga la fuerza activa, perfectible y próxima al metal. Henos ahí en posesión de una parte de nuestra obra.

DE LA NATURALEZA DEL MERCURIO

El Mercurio encierra dos sustancias superfluas: la tierra y el agua. La sustancia terrosa tiene alguna pro-piedad del Azufre, el fuego la enrojece. La sustancia acuosa tiene una humedad superflua.

Con facilidad se desembaraza al Mercurio de sus impurezas acuosas y terrosas por sublimaciones y lavajes muy ácidos. La Naturaleza lo separa en el estado seco del Azufre y lo despoja de su tierra, por el calor del sol y de las estrellas.

Así obtiene ella un Mercurio puro, completamente libre de su sustancia terrosa, no conteniendo ya partes extrañas. Entonces lo une a un Azufre puro y produce al fin, en el seno de la tierra, metales puros y perfectos.

Si los dos principios son impuros, los metales son imperfectos. Por eso en las minas se hallan metales diferentes, lo que procede de la purificación y digestión variables de sus principios.

DEL ARSÉNICO

El Arsénico es de la misma naturaleza que el Azufre, ambos tienen de rojo y de blanco. Pero en el arsénico hay más humedad, y al fuego se sublima menos rápidamente que el Azufre.

Es sabido cuán velozmente se sublima el Azufre y cómo consume a todos los cuerpos, excepto el oro. El Arsénico puede unir su principio seco al del Azufre, se atemperan entre si , y una vez unidos se les separa con dificultad ; su tintura es suavizada por esa unión.

“El Arsénico -dice Geber- contiene mucho mercurio y, por tanto, puede ser preparado como él”. Sabed que el espíritu oculto en el azufre, el arsénico y el aceite animal es llamado por los filósofos Elixir blanco. Es único, miscible con la sustancia ígnea, de la cual extraemos el Elixir rojo; se une a los metales fundidos. Como lo hemos experimentado, los purifica, no sólo a causa de las propiedades precitadas, sino también porque existe una proporción común entre sus elementos.

Los metales difieren entre sí según la pureza o la impureza de la materia prima, es decir, del Azufre y del Mercurio, y también según el grado del fuego que les ha engendrado.

Según el filósofo, el elixir se llama también Medicina, porque se asimila el cuerpo de los metales al cuerpo de los animales. También decimos nosotros que hay un espíritu oculto en el Azufre, el arsénico y el aceite extraído de las sustancias animales. Ese es el espíritu que buscamos, con ayuda del cual teñiremos como perfectos todos los cuerpos imperfectos. Este espíritu es llamado Agua y Mercurio por los filósofos. “El Mercurio -dice Geber- es una medicina compuesta de seco y húmedo, de húmedo y seco”. Tú comprendes la sucesión de estas operaciones: extraes la tierra del fuego, el aire de la tierra, el agua del aire, puesto que el agua puede resistir al fuego. Hay que fijarse en estas enseñanzas, son arcanos universales.

Ninguno de los principios que entran en la Obra tiene potencia por sí mismo; porque están encadenados en los metales, no pueden perfeccionar, ya no son fijos. Carecen de dos sustancias: la una, miscible con los metales en fusión; la otra, fija que pueda coagular y fijar. Por eso Rhazés dijo: “hay cuatro sustancias que cambian con el tiempo; cada una de ellas está compuesta por los cuatro elementos y toma el nombre del elemento dominante. Su esencia maravillosa se ha fijado en un cuerpo y con este último puede alimentarse a los demás cuerpos. Esta esencia se halla compuesta de agua y aire, combinados de tal suerte que el calor los licua. Ese es un secreto maravilloso. Los minerales empleados en Alquimia, para servirnos, deben tener una acción sobre los cuerpos fundidos. Las piedras que utilizamos son cuatro: dos tiñen de blanco y las otras dos de rojo. Aunque el blanco, el rojo, el Azufre, el Arsénico y Saturno, no tienen más que un mismo cuerpo. Mas en aquel único cuerpo, ¡ cuántas cosas ocurren! Y en el primer momento carece de acción sobre los metales perfectos.”

En los cuerpos imperfectos, hay un agua ácida, amarga, agria, necesaria en nuestro arte. Porque disuelve y mortifica a los cuerpos y después los revivifica y reconstituye. Dice Rhazés en su carta tercera:

“Aquellos que buscan nuestra Entelequia, preguntan de dónde proviene la amargura acuosa elemental. Les responderemos: de la impureza de los metales. Porque el agua contenida en el oro y la plata, es dulce, no disuelve, por el contrario, coagula y fortifica, porque no contiene ni acidez ni impureza como los cuerpos imperfectos.”

Por eso dijo Geber: “Se calcina y se disuelve el oro y la plata sin utilidad, porque nuestro vinagre se saca de cuatro cuerpos imperfectos; ese espíritu mortificante y disolvente es lo que mezcla las tinturas de todos los cuerpos que empleamos en la obra. No necesitamos más que esta agua, poco nos importan los demás espíritus.”

Geber tiene razón; no podemos hacer nada con una tintura a la que el fuego altera; todo lo contrario, es menester que el fuego le dé la excelencia y la fuerza para que ella pueda hallarse con los metales fundidos. Es preciso que fortifique, que fije, que a pesar de la fusión permanezca íntimamente unida al metal.

Agregaré que de los cuatro cuerpos imperfectos se puede extraer todo. En cuanto al modo de preparar el Azufre, el Arsénico y el Mercurio, indicado más arriba, podemos darlo aquí.

En efecto, cuando en esta preparación calentamos el espíritu del azufre y del arsénico con aguas ácidas o aceite, para extraer de él la esencia ígnea, el aceite, la untuosidad, les extraemos lo superfluo que en ellos existe; nos queda la fuerza ígnea y el aceite, las únicas cosas que nos son útiles; pero están mezcladas con el agua ácida que nos servía para purificar, no hay medio de separarlas de ella; pero por lo menos nos hemos desembarazado de lo inútil. Es necesario, por tanto, hallar otro medio para extraer de esos cuerpos el agua, el aceite y el espíritu más sutil del azufre, que es la verdadera tintura muy activa que tratamos de obtener. De suerte que trabajaremos esos cuerpos separando por descomposición o también por destilación, sus partes componentes naturales, y así llegaremos a las partes simples. Algunos, ignorando la composición del Magisterio, quieren trabajar sólo sobre el Mercurio, pretendiendo sostener que tiene un cuerpo, un alma y un espíritu y que es la materia prima del oro y de la plata. Es preciso contestarles que es cierto que algunos filósofos afirman que la obra se hace de tres cosas, el espíritu, el alma y el cuerpo, sacadas de una sola. Mas por otra parte, no se puede encontrar en una cosa lo que no existe en ella. Por cuanto el Mercurio no contiene la tintura roja, por lo tanto no puede él solo bastar para formar el cuerpo del Sol; con sólo el Mercurio nos sería imposible llevar la Obra a buen fin. La Luna por sí sola no puede bastar, y no obstante este cuerpo es, por decir así, la base de la obra.

De cualquier modo que sea trabajado y transformado el Mercurio, jamás podrá constituir el cuerpo. También dicen: “Se encuentra en el Mercurio un azufre rojo de manera que encierra la tintura roja”.
¡ Error!. El Azufre es el padre de los metales, no se encuentra nunca en el Mercurio, que es hembra.

Una materia pasiva no puede fecundarse a sí misma. El Mercurio contiene, sí, un Azufre, pero como ya lo hemos dicho, es un azufre terrestre. Fijémonos finalmente en que el Azufre no puede soportar la fusión; entonces el Elixir no puede extraerse de una sola cosa.


Fuente: Alberto Magno